Casi no me sale la voz: Valeriano Lanchas

El cantante lírico asegura que estaba plagado de recuerdos en el momento en que cantaba el réquiem de Mozart.

Luis Ángel

 La mañana de este martes fue solemnizada con las notas clásicas del réquiem en D menor de Mozart, una pieza inconclusa musicalizada por el compositor alemán y utilizada en los momentos solemnes para despedir a quienes ya murieron. La pieza es un ruego a Dios para que no permita que el alma de quien ya se fue para el otro mundo sea quemada en las llamas del infierno, contrario a la literalidad de esta hermosa pieza clásica, Gabo, en honor a quién se hizo la ceremonia, era ateo.

Día de ira aquel día en que los siglos serán reducidos a cenizas, como profetizó David con la Sibila. Cuánto terror habrá en el futuro cuando venga el Juez a exigirnos cuentas, rigurosamente”, dice la canción en una estridencia magna de violines, violas, chelos, coros de barítonos, bajos y tenores.

Hoy, en el escenario y como voz principal bajo la cúpula de la catedral estaba el músico lírico más famoso de Colombia, Valeriano Lanchas, quien no solo conoció al escritor sino que confiesa que casi no pudo cantar por el sentimiento que lo embargaba por la muerte del literato.

“Esta es la primera vez que canto con menos concentración de lo normal, aunque siento que todo salió bien. Hoy tenía en la cabeza muchos recuerdos de Gabo a quien tuve el privilegio de conocer en vida y con esta música acompañando nuestro dolor, estoy muy conmovido ha sido muy distinto a todas las veces”, dijo Lanchas.

Según cuenta en el 2005 se encontraba en una gira por Barcelona, España, cuando la agente literaria Carmen Balcells, la misma que dijo que tras la muerte de Gabo un jueves santo se creaba la religión del Gabismo, los invitó a cenar junto a dos colombianos más.

“Cuál sería nuestra sorpresa cuando junto con el maestro Acevedo entramos a la casa y nos encontramos a García Márquez y a su esposa. Esa tarde estuvimos en un almuerzo toda la tarde solos los cinco, hablando de música y de libros”, dijo el cantante.

En esa velada Lanchas le regaló al nobel “te olvidé” y como agradecimiento Gabo rehízo la dedicatoria original del libro: “para Jomi García Ascot y María Luisa Elío, le puso una coma, y puso para Valeriano Lanchas, el que sí canta, con un abrazo de amigote Gabo”.

El intérprete comenta que al Nobel le encantaba la ópera, “a mí me sobrecogía tener la admiración de alguien como García Márquez, porque se supone que es uno el que lo tiene que admirar a él. Era súperamente generoso una persona que tenía el don de saber escuchar a los demás un don que pocos tienen”.

Y recuerda que cuando se conocieron en Barcelona estaban presentando “Elixir de amor, de Donizetti, le encantaba ‘una furtiva lágrima’ la famosa aria de tenor, por supuesto que ese día la interpreté para él”.

Según dijo la última vez que lo vio fue en Cartagena, cuando también interpretaba el Réquiem de Motzart, “él estaba en el público y me dio un gran abrazo tras escena. Imagínese lo que es cantar esto de nuevo para él”.