Celebración gitana

Esta semana se conmemoró el Día del Pueblo Gitano. La actriz Fanny Ardant se ha convertido en una defensora de la más discriminada de las minorías europeas.

Fotograma de “Quimeras ausentes”. /Cortesía

Cuando Fanny Ardant subió al estrado del Consejo de Europa, el 21 de junio de 2010, todos recordaban a la actriz. La que había interpretado cincuenta papeles, la musa y última compañera de Godard. Por si quedaban dudas, ella insistió: “No vengo a hacer política y, la verdad, no me gustan las leyes”.

Pero luego hizo política. Primero reprochando a los diputados que se habían ausentado para ir a ver uno de los partidos de la Copa Mundo de Sudáfrica y luego exponiendo un memorial de agravios en nombre de la población romaní.

La actriz no se refirió a situaciones como la condición de esclavos en que los gitanos vivieron en Rumania hasta el siglo XIX, la prohibición de casarse entre ellos a las que los obligaron en España para purificarles la descendencia o la exterminación a la que los sometieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Ardant habló de la Europa actual, en la que los romanís, legalmente ciudadanos europeos pero discriminados en su derecho a establecerse, circular y trabajar, se enfrentan a los desalojos de las fuerzas de policía y en ocasiones a verdaderos grupos de autodefensa que toman la ley en sus manos.

“No es porque no vivan dentro de nuestros estrechos códigos que no tienen derecho a acceder a la salud, la vivienda y la educación”, señaló en esa ocasión la actriz francesa que durante su discurso repitió la palabra “Dosta!”, que en romaní quiere decir ‘basta’.

Un día contra el odio

Dosta! es también el nombre del programa conjunto del Consejo de Europa y la Comisión Europea que busca frenar las discriminaciones contra la población romaní en todos los países del continente. Los primeros países en vincularse, en 2007, fueron Albania, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Serbia y Macedonia. Moldavia y Ucrania se unieron al año siguiente. Rumania, Croacia, Italia y Eslovenia en 2008.

Si bien es en estos países, junto con España y la República Checa, donde tradicionalmente se han sedentarizado los gitanos europeos (en Rumania, por ejemplo, representan 5% de la población) los conflictos en los Balcanes, la desigualdad en cuanto a nivel de vida y salarios entre los países europeos y las facilidades de circulación que representaron la creación de la Unión Europea y posteriormente del Espacio Schengen han llevado a una importante migración romaní hacia los países más desarrollados del continente.

Actualmente los gitanos europeos conforman una “minoría” de doce millones de miembros. La cifra podría ser mayor pues en países como Francia están prohibidas las estadísticas basadas en criterios étnicos y en países como Hungría y Rumania los gitanos que no viven en comunidades romanís prefieren no declararse como tales para evitar ser discriminados.

Fue el congreso de la Unión Internacional Romaní, reunido en Londres en abril de 1971, el que eligió declarar el 8 de abril como Día Internacional de los Pueblos Romanís. La fecha contaba ya con el reconocimiento de líderes espirituales como el papa Juan Pablo II y el dalái lama, cuando en 2006 la a abogada holandesa Maud de Boer-Buquicchio impulsó desde su cargo como secretaria general del Consejo de Europa el reconocimiento de un día dedicado a la lucha contra la discriminación de los pueblos gitanos.

Los dos años siguientes estuvieron marcados por un aumento de las agresiones callejeras contra gitanos en Europa del Este: seis gitanos fueron casi linchados por un grupo de cabezas rapadas en Sofía, la capital búlgara. En 2009, en República Checa, se registraron varios ataques contra los gitanos. El arma fueron cocteles molotov.

En el mismo año en la totalidad de los países de Europa se unieron a la campaña Dosta! Francia e Italia debieron enfrentar procesos en los tribunales europeos por la discriminación sistemática de sus poblaciones gitanas.

Según la oficina del actual secretario general del Consejo de Europa, Thorbjørn Jagland, la situación está lejos de mejorarse y hoy en día existen procesos por discriminación contra la mayoría de los 47 estados que hacen parte de la organización internacional.

Amar la libertad

Designada como madrina de Dosta!, Fanny Ardant ha participado desde 2010 en decenas de eventos, dando a conocer la causa de los gitanos de Europa. Si en algunos casos lo ha hecho siguiendo invitaciones oficiales, como en las ceremonias de entrega de los premios que llevan el nombre de la campaña y recompensan a las municipalidades que han desarrollado proyectos exitosos contra la discriminación, en la mayoría se ha tratado de una iniciativa personal. No es raro ver a la artista manifestarse junto a los gitanos en los dos días anuales que se les dedican, el Roma Pride en octubre y la conmemoración del 8 de abril, y más aún luego de las expulsiones de campamentos que se han realizado con igual intensidad en los gobiernos del derechista Nicolás Sarkozy y el socialista François Hollande.

“Es muy difícil explicar por qué amas a alguien, y los romanís son un pueblo que amo así. Por instinto. Tal vez porque amo la libertad y amo las diferencias”, explica la actriz antes de la proyección de Quimeras ausentes, el cortometraje en el que empezó a trabajar en 2010 y que es su segundo trabajo como directora. La historia, que Ardant protagoniza junto a Francesco Montanari y Paolo Tirestino, se refiere a una joven gitana a quien un director de escuela, molesto por tener que cumplir la obligación de admitirla en su institución, decide prohibirle el acceso al restaurante escolar. Una realidad que denuncian varias asociaciones que trabajan con los gitanos en Francia y Alemania. Si ciudades como París y Marsella son el destino buscado por los gitanos ciudadanos de Rumania y Bulgaria, los provenientes de Serbia y Kosovo suelen terminar en asentamientos de Múnich o Berlín.

“Escogí la escuela como metáfora, porque debería ser el más abierto de los espacios y para los romanís no lo es”, explica la actriz y directora.

La celebración y lo que no hay que celebrar

La proyección del cortometraje de Ardant junto a las cintas Jolie Dyana de Boris Mitic y Margerita de Alessandro Grande en la Casa de Europa de París y en el canal Eurochannel, visible en Colombia, inaugura la conmemoración del día de los pueblos romanís de Europa, que se extenderá hasta el fin de semana en las principales capitales europeas. El ambiente festivo contrasta con los recientes hechos en la ciudad de Vrbnica, en República Checa, donde durante el fin de semana grupos de varios centenares de gitanos se manifestaron para denunciar una batida policial contra un campamento que dejó decenas de heridos, entre ellos varios niños y adultos mayores.

El balance de la diputada francesa Christine Revault es: “Los niños romanís van menos al colegio y en algunos estados reciben la misma educación que los niños discapacitados. Los adultos siguen siendo discriminados cuando buscan trabajo y no tienen el mismo acceso a la salud que el resto de europeos. La estrategia europea de inclusión adoptada en 2011 sigue siendo suficientemente aplicada en los estados miembros”.

Para Ardant, los ocho años de campaña le han permitido sobre todo despertar consciencia sobre la existencia y los derechos de los romanís: “Creo que hemos avanzado en eso y que los mismos romanís han tomado consciencia de sus derechos y pueden asumir su organización y su defensa”, dice la actriz. “En cuanto a las autoridades, es más difícil hacer un balance. Mientras hay iniciativas extraordinarias que muestran lo lejos que se puede llegar, como ese alcalde que hace unos meses se negó a autorizar la sepultura de un bebé en el cementerio de su ciudad, sólo porque sus padres eran gitanos. Yo creo que se avanza, pero todo está por hacer”.

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