En sus libros y cuentos infantiles expresa sus grandes amores

Celso Román, entre animales, medio ambiente y literatura

Mañana, el escritor participará en un homenaje a los clásicos de la literatura infantil en la Feria del Libro de Bogotá. Su presencia incluye firma de autógrafos, conversatorios y conferencias acerca de sus pasiones.

En la Feria del Libro, Celso Román habla de su vida como escritor y las historias que crea. / Cristian Garavito

Todos los días se levanta a las tres de la mañana a escribir, porque, como él dice, de noche es “un alma perdida de la literatura y de día un honorable trabajador de educación ambiental”. Su vida la divide entre la escritura, los talleres ambientales y los constantes viajes a zonas rurales. En Bogotá prefiere trabajar desde su casa, un lugar lleno de plantas, pequeñas esculturas de animales y un sinfín de libros.

Este escritor de 69 años estudió medicina veterinaria, pero su alma siempre fue de artista. Cuando era pequeño, junto a sus siete hermanos, disfrutaba de los viajes al campo y creaba historias fantásticas de piratas, vikingos y náufragos en el río cercano a la finca de su padre. Su crianza ocasional en el campo le permitió una cercanía con los animales y las plantas, pero gracias a sus padres se instruyó en literatura desde muy temprana edad.

En paralelo a la veterinaria, Román desarrolló sus habilidades artísticas en la escultura y la literatura. En sus libros es evidente el conocimiento de biología, ecosistemas y sustentabilidad. A pesar de que escribe para niños, no esconde su interés en la educación ambiental y su posición frente a las problemáticas del mundo. Gracias a la experiencia de su infancia, Román crea mundos fantásticos, llenos de juegos, lecciones y mucha imaginación, porque “cuando se abre un libro es como si se abriera la puerta que invita a entrar a un mundo de fantasía, a un universo donde cualquier cosa puede pasar”.

Celso Román es un hombre enamorado de la literatura. Su inspiración comenzó con los cuentos, los mitos y las leyendas tradicionales que le contaba su tía, historias que aterrorizaban a los pequeños niños pero los llenaban de energía. La tía le enseñó a Román algo que nunca olvidará: la fórmula para derrotar el miedo. “Un vasito limpio con agua limpia se pone frente a una fuente de luz —puede ser la luz del sol, de la luna, de una estrella, de un recuerdo bonito— y dice estas palabras: ‘Esta es el agua del amor que quita el miedo’”.

Además de las historias tradicionales, Román se vio fuertemente influenciado por Miguel de Cervantes Saavedra y Don Quijote de La Mancha. De hecho, el año pasado publicó el libro Expedición La Mancha, en el que cuenta la historia de Cervantes y de esta región y rescata sus capítulos favoritos del clásico de la literatura española. Gabriel García Márquez también dejó un legado importante en la obra de Román; tanto que él afirma que le fue muy difícil encontrar un estilo propio fuera del realismo mágico de Gabo. Y, por supuesto, la obra de Cortázar lo instruyó. Al leerlo, Román dijo: “Sí se pueden inventar cosas inverosímiles sin importar que sean lo más raro del mundo”.

En Los amigos del hombre, uno de los libros más importantes de Román, propuso “un universo de fantasía donde están el dolor, la tragedia, el abandono y el miedo”. Más allá del premio Enka de Literatura Infantil, esta obra es la que le ha dado uno de los mejores reconocimientos. Una niña en Armenia le contó que su padre había sufrido un infarto y entró en depresión, la niña le dio el libro y al terminarlo, el hombre se levantó, dejó a un lado las cobijas y dijo: “Hay que seguir viviendo”. Para Román, “si un libro le devuelve a una persona la ilusión de vivir, ese es el mejor premio”.

En la edición número 30 de la Feria del Libro de Bogotá, Celso Román habló de animales y fantasía junto al francés Christian Jolibois, autor de la saga de los P’tites poules (Gallinitas y pollitos). También hizo el lanzamiento de Gusanito investigador y la reedición de la saga de las lunas: Jaguar de luz y águila de fuego, El imperio de las cinco lunas y El retorno de las lunas. En esta última está el personaje con el que Román más se identifica: el viejito que escribe los manuscritos. Además, al escribir El imperio de las cinco lunas, tuvo un encuentro con William Shakespeare en un sueño. El clásico dramaturgo le dio una lección: “Los personajes y las historias están dentro del escritor”.

 

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