Charla entre Mo Yan y Roberto Burgos Cantor

En el bloque final del evento sobre literatura china que se realizó el miércoles en la Universidad de los Andes, Mo Yan conversó con el escritor Roberto Burgos Cantor.

Gustavo Torrijos - El Espectador

Toda la jornada se tradujo en un esfuerzo constante por no dejar caer al vacío el sentido, lo compartido, a través de un agarrarse a las palabras que sobreviven al arduo proceso de traducción simultánea de lenguas tan lejanas como lo son en español y el mandarín. Este fue el diálogo que sobrevivió a esos tropiezos permeados por una hospitalidad producto de la admiración, y otra hospitalidad y formalismo, propios de la cultura china.

Roberto Burgos: La tierra, la vida, están muy presentes en su obra. En la literatura latinoamericana también está presente la naturaleza, y se hace presente el amor a la tierra…

Mo Yan: ¿Por qué escribir sobre esos temas? Yo creo que eso no lo decide un escritor. Desde que nací estoy entre plantas, naturaleza, comida. Por ello estoy inundado de ello.

R.B.: Otra cosa emparenta la literatura latinoamericana con su obra: el rompimiento entre una literatura como recuento de personajes ilustres y el rescate de personajes comunes. ¿Cómo es ese rescate literario?

M. Y.: La literatura siempre ha creado personajes buenos, heroicos. Pero lo que más puede tocar el corazón de los lectores son los personajes bajos, humildes. Recuerdo haber leído una obra de Gabriel García Márquez sobre un general que recuerda a Simón Bolívar, quien mientras se bañaba en la bañera se echaba pedos. Bolívar debe ser un gran héroe para ustedes, pero esa descripción de García Márquez lo hace parecerse a nosotros. “A través del ojo del sirviente no hay héroes”, dice un refrán chino. Es como cuando una mujer muy bonita no se siente tan bonita ante los ojos de su esposo. Para cualquier escritor, sin importar si es latinoamericano o chino, se puede hablar de cualquier persona, de todas las personas. Con la pluma los escritores podemos descubrir las noblezas de personajes corrientes, incluso cuando los personajes son demonios. Para mí, por eso es que todas las novelas son traducibles, en todas se descubre la belleza de la humanidad.

R.B.: Hay una escena traviesa en “Cambios”, su autobiografía, que es cuando Mo Yan, el personaje, debe tratar de dormir en una bodega llena de ratas. Descubre que hay estatuas de Mao en la bodega, y las usa como guardianes de sus sueños. ¿Creó problemas esa escena, o hizo reír a sus lectores?

M.Y.: Eso me pasó, y no estoy exagerando. Fue entre 1987 y 1988, vivía en la bodega de la tropa donde trabajaba, que estaba llena de elementos deportivos. Había muchas estatuas de Mao, de 1 metro de alto cada una. Yo tenía sólo una maleta, que en realidad era una caja de cartón donde estaba mi chaqueta para el frío. El ratón lo usó como si fuera su casa. Esa bodega tenía en la entrada, a cada lado, seise estatuas de Mao. La gente decía: “¡Qué mala vida! ¡Tiene a Mao como su guardia!”. Pero si quieren ponerle ironía háganlo, porque la estatua de Mao era algo sagrado, y tan intocable… Después de la revolución, ¿qué hacíamos con todas esas estatuas? No son obras de arte, para conservar, sino un símbolo de mando. Entonces estaban ahí, y no sé cuál haya sido el destino de esas estatuas.

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Mo Yan: Es una lástima no haber podido leer la obra del maestro Burgos. Espero que más escritores sean traducidos al chino mandarín, porque yo sólo puedo hablar de Gabriel García Márquez y ya me da pena. Seguro que si él estuviera acá, ahora, entre el público, diría que hay un montón de nuevos escritores colombianos interesantes. Que habláramos de ellos.

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Roberto Burgos: “No hay nada imposible”, dice Mo Yan al final del capítulo seis de “Cambios”. Ojalá, entonces, nos podamos volver a ver.

Preguntas del público:

Pienso, sobre todo, en su autobiografía, “Cambios”: ¿Existe el destino? ¿Qué representa?

Si crees en el destino, lo hay. Si no crees, no lo hay.

¿Cómo es la relación entre el alcohol y la escritura?

Muy cercana. Los poetas chinos tuvieron que estar borrachos para escribir las obras que escribieron. Cuando regresé a mi pueblo, después de un tiempo, todos me invitaban a beber, usando esa poesía como excusa, para convencerme. Siempre terminaba borracho. El alcohol sí tiene alguna relación con las artes, pero definitivamente no se puede trabajar estando muy borracho.