Entrevista

Cheíto Guerra: La diferencia entre hacer guerra y hacer cultura

Esta es una entrevista desde El Solar de Cheo, como con gracia costeña grabó los muros de su casa, entre Silvania y Fusagasugá, Cundinamarca, con el maestro José del Carmen Cheíto Guerra, uno de los últimos baluartes del porro en Colombia.

Una de las ya legendarias carátulas de la música de fin de año, con algunas canciones de Cheíto Guerra y Los fabulosos. Cortesía

Fue realizada en dos tramos: inicialmente, el 10/sept/2008; suspendida luego por un viaje suyo al exterior y terminada el 14/jul/2009. Hoy, recuperada para los lectores de El Espectador en todo el mundo, con la intención adicional de rendirle tributo a quien ha entregado sus casi 95 años a la enseñanza/aprendizaje de la música, así como al cultivo de la tierra en su propia parcela. 

En ella, habla de la música como motivo de recuerdo, primeras lecciones, arreglos musicales o dictados, sus padres, el no estudiar por trabajar, pinitos como escritor de boleros, luego improvisador de porros y guarachas, autor de más de 200 composiciones, virtuoso de los saxos soprano, alto y tenor y del clarinete, arreglista de charangas y pachangas. Su paso por Sayco (sociedad que ha dado “mal trato a los compositores” y que hoy cobra utilidades a todo el que escuche música en negocios, buses, busetas y taxis), como vocal, fiscal y tesorero; sus giras por EEUU, Alemania, Francia, Venezuela y, hace unos años, por Centroamérica, Ecuador y Perú; su trabajo en grupos folclóricos como los de Delia Zapata y Sonia Osorio, luego con Pacho Galán, Lucho Bermúdez, la Banda Nacional, la Orquesta Rumba Habana; sus grabaciones con Julián y su Combo, para la RCA Victor y otras que se frustraron.

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Su labor como arreglista de Totó La Momposina, director de su propia orquesta, Cheíto Guerra y los Cumbieros del Caribe, su paso por la radio y la TV, el desplazamiento de los músicos “viejos” por los “jóvenes, hijos de papi”. La grabación en vivo del CD Memorias de Nuestro Porro, junto al Cuarteto de Saxofones de Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, de Bogotá, en 2004. De su más reciente presentación, con Los veteranos del Caribe, en el Teatro Colón, en 2006, no quiso hablar, como tampoco (“me siento un poco cansado”, dijo) de las grabaciones en las que figura como acompañante de grandes artistas, como Celia Cruz (1925-2003). Por último, no podría dejar de citarse su condición de desplazado, voluntario en apariencia, desde los años 1950, que lo autoriza para hablar del problema de la violencia, problema que él resume en forma sabia haciendo un balance entre guerra y cultura. Lo mismo que está autorizado para hablar del problema de la tierra y en este momento de los que luchan en todo el país por la restitución, pero él prefiere evitarlo. Quizás porque ya van más de 800 líderes sociales asesinados, entre ellos muchos defensores de DDHH y de la lucha por recuperar los terrenos perdidos por el abuso de esos “terceros de buena fe”, que tanto defiende un ex presidente y hoy senador, con más de 287 demandas en su contra y que reposan en la Corte Suprema de Justicia por todo tipo de delitos, incluso de lesa humanidad.

Con dicha entrevista, se demuestra que sí hay héroes en Colombia, pero que no son los que publicitan ciertos medios ni el Ejército de Colombia: “Fe en la causa – Comportamiento ético superior”, si se tienen en cuenta los recientes escándalos dentro de la institución, que ya le han costado a la cabeza a más de cuatro generales (1). Se habla de un hombre próximo a cumplir los 95 años, que hasta hace siete aún cultivaba la tierra y que, pese a su “pereza larga”, sigue haciendo música, enseñándola y mostrando con sus actos la diferencia entre lo que significa hacer guerra y hacer cultura. Respecto a Cheíto, como le gusta ser llamado, sin el “Maestro” que salvo para esta entrevista aceptó, puede decirse que, en efecto, “Los héroes en Colombia sí existen” y agregar con humor: “Sí, pero no son los de la cuña institucional”, metidos en la selva, sea la del Guaviare o la de la Amazonía… ¿Quién lo va a creer, dado cómo está el Parque Nacional Chiribiquete, v. gr., con 2.000 Has destruidas por incendios para nada espontáneos de 2017 a hoy, o la Amazonía que ya cuenta, además, con el “esfuerzo” de Bolsonazi para acabarla a como dé lugar y cuyo fin “acelera” desde 2018? (2) Hoy los héroes no son los que hacen la guerra, sino los que la padecen y, más allá, los que la evitan. De ahí, cómo no, la diferencia entre hacer guerra y hacer cultura: incluso, el amor, ese quinto elemento tan desprestigiado, en medio de un mundo de plutócratas, dictadores de extrema derecha, banqueros sin piedad, subpresidentes con poco seso, etc., todos amantes de la soberbia, la codicia, la violencia y la muerte y ajenos al humor, al sexo, en fin, a la vida. La carátula de revista Semana sorprende hasta al más estúpido: “Un año de aprendizaje” (3) ¿Acaso de ahí no se desprende que fue puesto allí para suplantar al verdadero presidente, uno en líos inminentes con la Corte Suprema, como se dijo, y con la JEP, a la que quiere abolir y por eso Patricia Linares le ha pedido evitar campañas de “desinformación” en su contra? (4) Nada raro, pues, que sus abogados Granados/Lombana digan que Varito: “Solo le teme a Dios” y la gente, no tonta,pregunte: “Entonces, ¿por qué tiene 300 escoltas?” El 8/oct/19, en la CSJ.

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LCMS: Maestro Cheíto, usted nace el 17/feb/1925 en Arjona, Bolívar. ¿Qué recuerda de dicha población, en cuanto a sus vínculos iniciales con la música?

CHG: Ah, caramba. Bueno, con la música hay mucho para recordar. Mi padre me dio las primeras lecciones musicales porque él tenía en su haber un saxo soprano. Tendría yo diez años. Me dio las primeras clases hasta donde él sabía: redondas, negras, blancas. Después me llevó a un maestro que enseñaba en el pueblo, gran músico, Ernesto Dorado. Ahí estuve, dos años porque tenía algún avance. Cuando salí del aprendizaje con el maestro, no calculaba qué calidad de saber tenía; de esto, me fui dando cuenta porque después me vincularon a la Orquesta de Arjona, y entonces ya me eligieron para hacer arreglos. Hago arreglos desde los 12 años. ¿En qué consistían? En escribir música: se llama dictado musical. Escribía los boleros famosos. Me decía el cantante: “Mira, yo quiero que pongamos en la orquesta tal bolero”. Yo los escribía musicalmente y repartía para los pocos instrumentos de la misma: clarinete, trombón y trompeta. Fui con el saxo soprano precisamente porque había estudiado: de caridad, porque eso no lo hacen todos los músicos, incluso recién salidos de cualquier escuela. Otra cosa es que ya sin saber, sabías que tenía armonía, ya sabías de armonía musical.

LCMS: Volviendo a esos pasos iniciales, quisiera que contara quiénes fueron sus padres, en qué medio social y cultural creció, y cuáles fueron sus estudios, incluidos los de música. 

CHG: Mi padre fue Pedro Antonio Guerra Simanca. Él era constructor y dedicado también al campo, a cultivar, tanto que también me utilizaba. Eso en parte retrasó mis estudios en la escuela. Tenía que dejar de asistir porque me llevaba como ayudante o cocinero con sus trabajadores: tenía tres o cuatro cuando cultivaba; en albañilería, en las conversas, también me llevaba a colaborar. Mis estudios no pasaron de la primaria: hice hasta quinto, cuando eso existía. Después fui a un colegio superior para el bachillerato, pero no hice sino dos años porque ya estaba en la música, me habían vinculado a la orquesta de Arjona. Entonces, viajábamos mucho; esa orquesta iba mucho a Sincerín. Había un ingenio azucarero, con gente de todas partes: Cartagena, Bobantes. En esa época, la orquesta iba a hacer sus presentaciones allá, pero fijas, semanales, cosa que me sirvió mucho, porque ya desde entonces improvisaba en los porros. Yo tenía una capacidad, y la tengo, de improvisar en los diferentes géneros: cuando se llamaban guarachas, improvisaba al estilo de una trompeta en ese género; en los porros pues porque todavía los siento, ¿no? Claro, improviso en porro porque es mi música. [Y porque una de las características del porro es la improvisación. En eso se parece al jazz.]

CHG: Sí. Había una cosa que se llamaba musicalmente El sapito, un acompañamiento cortico, ¿no?, en los porros y sobre esa base uno se fijaba a improvisar. El sapo es un número, pero se le decía género al sapito, a un acompañamiento breve. [Hay un porro de Pacho Galán (1906-1988), que se llama El sapo, también conocido como Sapo viejo.] (5)  Sí, sí…, eso lo grabó Rodríguez, no me acuerdo cómo se llama el famoso cantante que tuvo Pacho. 

LCMS: Bien. Usted es catalogado como un virtuoso intérprete de los saxos soprano, alto y tenor, además del clarinete. Pero, entiendo que también es arreglista y compositor. ¿Cuántas composiciones ha escrito? ¿Unas doscientas? ¿Por qué no se reconoce el trabajo de los arreglistas, tanto económicamente como en los créditos de publicación, siendo que un arreglo es una composición creada para la tonalidad del cantante o para el estilo de una banda?

CHG: Composiciones mías, sí son alrededor de doscientas. En cuanto al trabajo de los arreglistas, solo puedo desear que algún día sean reconocidos como se debe. [Curiosamente, esto lo respalda el pianista, arreglista y compositor colombiano Edy Martínez: en la II Parte de la charla con Manuel Antonio Rodríguez, de visita a la casa de Rubén Toledo.] (6)

LCMS: ¿Cuáles destaca de ellas y en qué género?

CHG: Hay una cosa, quizás culpa mía: estoy prácticamente inédito. Porque tal vez fui un poco rebelde. Cuando estuve en Sayco, la Sociedad de Autores y Compositores, entré de vocal, hice vocalía muchas veces. Después fui fiscal dos veces, 1976 y 77, total es que salí siendo tesorero de ella en 1980. Dos años como tal. En esa época estuvo Evelia Porto de Mejía de presidenta, [también] con Jorge Villamil. Ya después me retiré del todo de Sayco, porque tenía viajes constantes. Viajaba a Europa pues yo trabajaba con organizaciones folclóricas como las de Delia Zapata y Sonia Osorio. Entonces me tocó también hacer giras constantes. Después estuve en la orquesta de Lucho Bermúdez. Todos ustedes saben que la característica de su orquesta siempre fue viajar, por contactos internacionales. 

El motivo de quedarme inédito en la música fue porque cuando estaba en Sayco era uno de los que siempre sugería: porque las disqueras siempre han tratado mal a los compositores. Por eso se aprovecharon composiciones como las de Villamil, porque sus canciones son muy buenas. Pero, ya él tenía el medio y el conocimiento para hacerse valer y hacerse pagar sus regalías. Entonces, yo sugería mucho, aparte de que todo compositor colombiano debería pertenecer a Sayco, esa era mi sugerencia principal, que hiciéramos reuniones con las disqueras para poner en concreto un valor a las regalías, un porcentaje, si se llaman así pues que fueran conscientes al menos con los buenos compositores: los que sabían y conocían de eso, como el Dr. Villamil, le liquidaban bien. Pero la mayoría de compositores, por hacerse grabar, daban la música y casi nunca les pagaban regalías o los engañaban. Si un tema medio pegaba, cuando eso eran 20 mil, 30 mil números vendidos, les decían que se habían vendido mil, dos o cinco mil, máximo. No los liquidaban y no era una, eran todas las disqueras. 

Entonces, en ese sentido, me abstuve de grabar mi música pensando que Sayco haría caso de la sugerencia que le hacía de reunirnos en mesa redonda para charlar todos, porque el material de grabación lo teníamos nosotros. Digo, teníamos, porque entonces fui fiscal y tesorero, era parte importante de las directivas y entonces me abstuve un poquito, creyendo que podía haber un mejoramiento en el valor de la regalía, no sé en este momento cuál es el importe. Pero sí me quedé un poquito trunco de grabaciones, he tenido muy pocas por ese medio. Grabé una vez con un grupo que se llamaba Julián y su Combo. Cuando era la época de las charangas y de las pachangas. Yo trabajaba para el sello Vergara, era el arreglista. [Estamos hablando, maestro Cheíto, de mediados de los años 60.] 

CHG: Por ahí, sí, del 60 al 65. Entonces hacía arreglos de charanga y pachanga. Cuando eso se grabó, pero ya no con Tico Vergara, un número mío, porque fuimos a grabar a la disquera RCA Victor: Hagan rueda [Cheíto canta: “Hagan rueda”]. Ese número fue con el combo de Julián. Iba a grabar con el sello Vergara, a hacer un LP. Iba a grabar conmigo el cantante cubano [Tomás] Chiqui Tamayo. [Canta, aquí, Mala mujer, junto al grupo Los Guapos] (7) 

LCMS: Lo conocí en casa del poeta Fernando Linero. Muy buen cantante de boleros. 

CHG: Todavía mantiene su voz. [Murió en Cali el 11/feb/2011, a los 79 años] (8) No sé por qué pasamos a una diferencia. Fue el mismo Chiqui Tamayo porque era un poquito rebelde, salió de pistoletas con el técnico y me dañó a mí, porque cortaron la grabación. Ya teníamos cinco números grabados, no hubo cómo sacarlos al aire. Lo mismo pasó con Phillips, yo arreglaba música para estos cantantes famosos. Trabajé en La hora Phillips, con la orquesta de Manuel J. Bernal. Sí, entonces aparte de al ganador de época de cada año le grababan a los más cercanos. No sé en qué año concursó también Totó la Momposina. A ella le iban a hacer un LP, siendo yo el arreglista. Cuando ya tenía seis o siete arreglos, me dijeron: “Maestro Guerra, ya no va la grabación. No sé qué pasó con Totó. No hay problema (yo me disgusté, papapá…), le vamos a pagar sus arreglos”. Me los pagaron. Pero, aparte de la Phillips, estaba gestionando, cuando eso estaba el director barranquillero Escolar y entonces, por rabia, también corté y se truncó la grabación que iba a llevar música mía. Son los detalles que me truncaron el impulso o el deseo de grabar. Porque también entre ellos estaba el tener una orquesta a mi nombre. Siempre quise una; la tuve, pero no como la deseé, Cheíto Guerra y los Cumbieros del Caribe. Tuve mi abril, algunos contratos, en Manizales y así. Y por los viajes, preciso, porque me interesaba mucho conocer países como Alemania, Francia, Italia. 

LCMS: Maestro Cheíto, usted ha pertenecido a las orquestas de Manuel J. Bernal; a La Tropibomba, de Alberto Navarro, a la de Lucho Bermúdez, a la de Pacho Galán, con la que obtuvo su primer Congo de Oro, en 1974, pues el primero en la categoría de orquestas se entregó en 1969, ¿cierto?

CHG: Fue el primer Congo de Oro para la orquesta de Pacho. Ya existían los Congos, sí, pero en ese año fue que lo obtuvo. Luego, con La Tropibomba obtuvimos otro. Pues lástima que después murió Alberto Navarro y murió el que era director y socio de la orquesta. Porque La Tropibomba era una especie de sociedad, la creó Navarro. Entonces murió el director. Total, nos ganamos el Congo de Oro, fuimos a Bogotá y no hubo difusión de la orquesta.

LCMS: Quiero que me haga una breve descripción de su paso por estas orquestas. ¿Qué es lo más significativo que recuerda de ellas? De la de Manuel J. Bernal, por ejemplo.

CHG: Bueno, fue muy significativo porque en ese entonces la orquesta estaba especialmente para acompañamiento de artistas como Celia Cruz y de grandes cantantes internacionales. Entonces, eso da mucha satisfacción: conocer personajes, a esas grandes cantantes, y la trascendencia que tuve dentro del concurso pues ya me conocían como arreglista y yo escribía mucha música y a compositores; escribía la música para registro y toda esa cosa. 

En La Tropibomba me dio mucha alegría, satisfacción, viajamos a Venezuela. Conocí Caracas, San Cristóbal. Estuvimos dos o tres veces en San Cristóbal, dos veces en Caracas con ella. En Caracas tuve el gusto de conocer, porque nos fue a visitar, el maestro, ya fallecido, Aldemaro Romero. Una gran cosa. A él le gustó mucho la orquesta, estaba bien montada, teníamos repertorio altísimo. El director era Hernando Artuz, muy buen músico. Y entonces sí, esas son las grandes cosas que le dan a uno. Viajábamos mucho: Miami, NY, Washington. Lo que te digo de haber estado con Pacho Galán. Estuve dos veces con él: primero, en 1950, estuve en la Banda Nacional. La otra cosa es que de la Banda Nacional surgió una orquesta que se llamó Rumba Habana. Entonces, ellos iban adonde yo tocaba. 

Después, en un sitio por la noche me escuchaban que improvisaba… y me hicieron retirar de la Banda Nacional. Claro, ofreciendo más dinero y todo. Pues lo vi como interesante. Me retiré de la Banda y estuve entonces con Rumba Habana [que no es la homónima ecuatoriana, de Guillermo Grijalva (sic), u Orquesta de Oro]. Se hacía un programa en Barranquilla, en lo que se llamaba El Jardín Águila, pero se hacían programas de radio. No me acuerdo para qué radio era. Después me llamaron para formar una orquesta grande, a la inauguración del edificio de Emisoras Unidas. Entonces me pasé a esa orquesta que también fue grande y era la competencia con orquesta jazz band. Teníamos el mismo estilo: música tropical, americana y todo. De ahí me llevaron para la orquesta Emisora Fuentes, en Cartagena. Ya antes había estado allí en una banda, porque te cuento que cuando me fui, ya que me había retirado de la Orquesta Arjona, murió mi mamá, que sé yo, estaba como tocado, entonces me fui para allá.

LCMS: Entre otras cosas, no me había hablado de ella y se me hizo raro. Al comienzo Usted me habló de su papá, pero no de su mamá…

CHG: Ah, mi mamá se llamó Natalia Zúñiga Hernández, sí, cómo no. Ella murió en el año 40. Esa fue una de las cosas que me hizo retirar de la Orquesta Arjona y por lo que me fui para Cartagena. [Usted era un muchacho, tenía 15 años en ese momento.]

CHG: Ah, eso, tenía apenas 15. Total, me retiré en el 42, 43. Ya empecé y me fui para Cartagena. Allá mi papá me puso negocio en la plaza de mercado y todavía estando allí, me dieron la técnica del saxofón. Había un gran músico que tuvo orquesta, el director de la Nuevo Horizonte, dicen que es el autor del tema Tristeza del alma, famoso número que lo tocaba mucho en serenatas, en mi pueblo. Vivía un poco más allá de donde estaba yo en La Heroica, Brisa, frente a la muralla, y él pasaba y miraba. Técnicamente, clase ya de saxofón, porque del soprano pasé a tocar el alto, ¿no? Entonces, siempre es mejor con un buen maestro.

LCMS: Claro. Y hablando de directores, Usted, aparte de intérprete en las orquestas ya citadas, se inició como director de la Orquesta Calamarí, ¿cierto? [“Calamarí, sí.”] ¿Qué cabe recordar y destacar aquí de su paso como director?

CHG: Pues estando en estas grandes orquestas que tuve acá, me llamaban para formar, para contratos: que un baile, por ejemplo, un matrimonio con orquestas diferentes. Estas eran a veces con jóvenes, hablo de hace 20, 30 años. Cuando incluso el vicio estaba incursionando fuertemente entre los músicos débiles. Digo débiles porque desde que soy músico, desde los 15, incluso a los 20, conocí la marihuana. Unos cantantes comenzaban a envolver cigarrillos y yo veía una paja, una cosa seca y les pregunté, ¿eso qué es? “Es marihuana, ¿quiere probar?” No. A estas alturas, en 60 años no he probado marihuana ni cocaína. Era una de las cosas que venía recomendándoles a mis compañeros, sobre todo a los jóvenes músicos. No quise que mis hijos fueran músicos, primero que fueran estudiantes de algo, profesionales y que les podía enseñar música pues, fuera de que no tuvieran muchas condiciones, porque la música es de condiciones, quizás eso me hizo ser músico sin saberlo bien.

Buen músico, digo, porque a estas alturas he tenido de compañeros a grandes músicos. Entonces, a mis hijos no les quise enseñar la música, primero para evitar el vicio; segundo, que fueran estudiantes y profesionales y, tercero, que no tenían las condiciones para la música. Si hubiera tenido un hijo cantante, con buena voz, tal vez tuviera muchos discos grabados. Esa es una de las dificultades que tengo para mostrar mi música: no tengo voz. Cuando trato de cantar, me salgo y me da tos. Entonces, un tono alto, que llegue a una nota, no lo logro y tengo que cantar muy grave, para mostrarle la música a un cantante. De todos modos, tengo mucha música: alrededor de 200 composiciones de todo. Porque naturalmente siendo costeño y gustándome ese género, tengo de todo: boleros, bosanovas, pasodobles, porros, ¿no? Ah, porque el otro asunto es que quería grabar con una orquesta mía, estilo Lucho Bermúdez, Pacho Galán. Una orquesta grande en la que fuera el director, que pudiera manejarla. Tuve una orquesta grande en Bogotá, pero no tuvo gran acogida, sino difusión. Porque yo tengo mi atril, equipo de sonido y tuve mis clientes. Ahora me llamó una clienta vieja. He tocado para sus hijos en dos matrimonios. “Mire que se casa el último hijo mío para enero”, me llamó. Tengo que volver a formar el grupo orquestal y a ver si puedo tocarles a dos o tres clientes más, en diciembre y enero. En esas estoy, vamos a ver qué pasa.

LCMS: Maestro Cheíto, ¿considera que es buena, regular o mala, la situación de los músicos no comerciales en Colombia?

CHG: Bueno, la situación para unos es regular. Yo, no puedo decir nada porque me cuidé del trago y los vicios y aproveché lo que me gané y lo que hoy tengo. Claro, comparando con otros músicos, hay compañeros que no tienen dónde vivir. Diría que la situación es regular; para la mayoría, quizás, pésima, pero por culpa de ellos, porque con la música se ganó plata. Hoy, desafortunadamente, es peor para los profesionales, porque ya hay muchos medios electrónicos. Muchas fiestas que se hacían en apartamentos, con grupos, aunque fueran pequeños, ya no se hacen. Ya no utilizan sino un radio, un equipo electrónico y hay toda la música grabada, para todos los gustos. Entonces, eso les quitó mucho trabajo a los músicos. Aparte de eso, hijos que uno llamaba “hijos de papi”, hijos de gente poderosa, empezaron a incursionar en la música. Entonces, un padre que veía que el hijo tenía condiciones para la música y que quería, le compraba una batería, que vale un billete (un pobre músico no puede hacerlo), le compraba el bajo, la mayoría le compra la guitarra eléctrica. Y se formaron grupos de música rock, de música no sé qué. [Y ríe]

Esos grupos empezaron a incursionar en la televisión, que era paga. Yo trabajé mucho en TV y los músicos, muchos años atrás, iban gratis. Claro que es un medio de publicidad muy bueno, pero no como para ir gratis: como se formaron los grupos, nos iban desplazando. Con grupos como el del maestro Bernal, aparte de la radio, también hicimos mucha TV, en el programa Los maestros en televisión. Iban todos los grandes directores, formaban una big-band para televisión, cierta firma. Entonces, lo de los grupos de jóvenes, fue causando el desplazamiento. Si los colegas no eran bien formados ni daba a la economía ni al ahorro, pues quedaban en la inopia [ríe]. 

LCMS: Maestro Cheíto, una cosa que me inquieta mucho. A propósito de su disco, lanzado el 28/feb/2004, en la BLÁA, Memorias de nuestro porro, con el Cuarteto de Saxofones de Bogotá, liderado por Luis E. Aguilar, CD grabado en vivo, ¿esperó algún día que eso llegase a ocurrir o cree que tal cosa se da como resultado de ese viaje iniciático que es la vida, que es la música, en la cual Usted, como dije al comienzo es uno de los baluartes del porro?

CHG: Pasa que Luis Aguilar me conocía mucho antes por mi paso por la orquesta. Hasta por un favor que yo no recordaba estando en una gira a NY. Me encarga un clarinete (nos conocíamos a medias, ¿no?) y le traje un clarinete. Desde entonces me conoció Luis Aguilar y, ya en el 2004, él empezó a firmar, porque hoy incursiona en dos o tres universidades: está en la Nacional, en la Católica y estuvo o está aún en Los Andes. Ahí estudiaba un nieto mío, matemáticas puras, doctorado, de ahí salió. Ahora está en Japón. Completó el doctorado en Dinamarca y está haciendo su trabajo cerca de Tokio. Entonces se conocieron allí en Los Andes; él le dijo: “Soy el nieto del maestro José”. “Ah, dile que venga, que quiero conversar con él”. Estaba precisamente en el plan de formar un grupo a base de saxofones. Fue cuando me habló del cuarteto, echándome flores: “Como usted es un improvisador, entonces yo quiero que se agregue a mi conjunto, solo para que haya improvisaciones”. Ese fue el comienzo. Ya haciendo sus programas, fuimos a la Luis-Ángel Arango, él creía que podía grabar y así lo hicimos, en vivo, llevó sus técnicos, sus cosas y mira la calidad de disco que salió. Y salió ese y después hicimos otra grabación, no sé en qué lugar. Pero, es que de eso depende: cuando uno es profesional, seguro de lo que hace, no hay problema. Porque hice muchas grabaciones con otros compañeros músicos y eso era repita aquí, repita allá. Y en cambio mira la calidad de esto en vivo. De una salían las cosas. 

LCMS: Le voy a citar los porros que grabó allí, pero Usted me va a hablar, por favor, de sus solos. Los recuerdo mucho, pero quiero que me hable particularmente de esos solos: por ejemplo, el de El año viejo, de Crescencio Salcedo. 

CHG: Sí, El año viejo. Cada porro tiene un formato en el fraseo, su gusto, su fraseo. Yo me he distinguido por tener esa cualidad; en un porro, por medio del fraseo, empiezo improvisando. Si otro porro es más salero o menos, le aplico en la improvisación otro fraseo, es decir, tengo el gusto para poner la improvisación acorde al formato, a la composición de las frases musicales de cada melodía.

LCMS: Los siguientes son El brazalete, de Pacho Galán; San Carlos, de Eliseo García; y Arturo García, de Lucho Bermúdez: ahí participa Usted con un solo.

CHG: Sí, en Arturo García. Resulta que a la señora de Aguilar también le dio por aprender el clarinete, sabía algo; entonces me dijo que le escribiera formatos de improvisación. De ese porro hice una cantidad de formatos: escribírselo a otro es un problema porque eso va en uno, uno va construyendo. No se puede decir la improvisación. Es construcción por frases de acuerdo con la melodía y la armonía. Hace muchos años hubo un gran músico, Gabriel Uribe. Grabó un pasillo de Oriol Rangel y el pasillo se llamó Ríete, Gabriel, famosísimo por su calidad de músico: él tocaba la flauta. Es el padre de Blanquita Uribe [Una experta en interpretar a Beethoven] (9). Tengo otra cualidad que creo no la tiene nadie: partir el clarinete y descubrir alguna forma, pasando aquí o allí, de hacer cumbia y de darle el sonido. Un sonido semejando la flauta de millo con un poquito de gorjeo: contraigo la garganta y le saco un sonido a medio clarinete, que lo parto para hacer solos de cumbia.

LCMS: También tiene que ver con el papel que cumple el clarinete por la gaita. Es muy bello eso. En el porro pelayero, en el sabanero, se utiliza el clarinete como reemplazo de la gaita y eso se va a trasladar a los porros de salón, los de Lucho Bermúdez. A manera de gaita.

CHG: Está en la persona que dé esa forma de fraseo porque es como todo el porro: uno y otro son diferentes para hacerle frases de improvisación. Entonces, eso fue lo que hizo famoso a Lucho: tocar el clarinete y su música haciendo solos. Oyes los solos y cada uno tiene que ser diferente. Tú lo oyes en La gaita de las flores (10). Ayer escuchaba el porro Pelatico pelao. [En otras palabras, cada porro tiene su propio ritmo, su propia cadencia, su propia métrica, mientras cada solo, por tratarse de una improvisación, es siempre diferente.] Sí, tiene su conformación, estructura melódica. Pero ya viene la habilidad del improvisador. El estilo de Lucho ha sido difícil. Estuve en su orquesta y fui el primer saxo alto. Cuando él no estaba o no quería tocar, yo hacía los solos y tenía que hacerlos a su estilo, por más que quisiera aportar. ¿Por qué? Porque ya era una música hecha para… Entonces, Carmen de Bolívar (11) no tiene improvisación, pero en La gaita de las flores, había que improvisar el solo como él lo hacía. Y ahí grabaron otros músicos. [Pero, es una capacidad muy grande la suya, maestro, porque uno no se puede poner en el pellejo de otro y menos con un instrumento.] Porque va en el sentimiento. Ya uno con los porros de la Costa, la música que a uno le gusta, tiene esa cualidad: no todo músico es improvisador, por más que sea…

LCMS: Hay una cosa que quiero recordar ahora y es que lo he visto trabajar la tierra. Entonces, me recuerda algo: un día lo vi escupir en ella y no lo digo en sentido peyorativo. No. Sino que me recordó un relato de Manuel Rivas, escritor gallego, nacido en La Coruña, en 1957, y entonces escribió este cuento que se titula Las flores de los muertos. Se lo leo porque tiene que ver con la reflexión que Usted me suscitó: “En un rincón de la era, junto a las coles del huerto, la abuela tiene un jardincillo con seto de hortensias, en el que cuida dalias, pensamientos, pasionarias y crisantemos, flores para sus muertos. Cuando la abuela se levanta, tira a un lado un puñado de hierbas malas y descansa las manos en los riñones, apoyándolas en los nudillos. Las mujeres de Aita nunca escupen cuando trabajan la tierra. Los hombres, sí. Escupen en sus manos y en la tierra.”

CHG: No, pero yo no escupo en las manos. Yo tengo un problema en la garganta. Se me forma una flema [ríe]. Tengo que expulsar siempre esa flema, entonces tal vez ya tenga esa mala costumbre y busco dónde escupir. Claro que no voy a hacerlo donde hay un cultivo: me busco espacios por allá. Pero, sí, es cierto que a cada rato expulso esa flema de la garganta. 

LCMS: Para mí no es una cosa negativa. Usted no ha escupido sobre la tierra. Su saliva es, sencillamente, agua que cae, o sea, la comunión del agua con la tierra: esa es mi impresión y por eso le leí el relato de Manuel Rivas.

CHG: Muy bueno y para mí un alivio saber cómo notaste ese detalle. Eso ya es un consuelo para mí. Ahora sí puedo hacerlo… [y ríe].

LCMS: No puedo evitar una anotación adicional: su apellido Guerra sería la antítesis de sí mismo, porque veo en Usted un hombre pacífico, como pocos, a “uno de los hombres más pacifistas que hubo en este planeta”, como podría decirse de Julio Cortázar. ¿Qué opina de ese conflicto que hay en Colombia y cuál es su visión desde la óptica de un ser tan tranquilo?

CHG: Pues no estoy de acuerdo con que exista la violencia, la guerra, ¿no? Porque realmente soy un hombre de paz, soy tranquilo. Entonces, si algún día en Colombia tuviésemos esa tranquilidad necesaria para las generaciones que vienen, sería muy bueno. A propósito, por ahí tengo una letra que hice en cualquier lugar. No recuerdo su título. En ella hablo de lo que es la guerra, lo que debería ser la paz. Hice eso porque no estoy de acuerdo. Tanta gente que incursiona en la cuestión de la guerrilla, hombres haciéndole el juego a las FARC. [Pero igual le hacen el juego a los paramilitares y de eso no se habla o muy poco.]

CHG: Bueno, pero eso está en la cuestión de la violencia. Claro que se debería hablar de ello. Pero, he notado que muchos paramilitares están presos y otros expulsados de Colombia.

LCMS: El problema ahí es que resulta gravísimo lo que pasó, por ejemplo, con la extradición de los jefes paramilitares. Eso es, precisamente, una agresión más y violenta, porque incluye casos de lesa humanidad, justo en contra de sus víctimas. Entonces, ¿cómo es posible que Uribe haya decidido sacar a esos paramilitares, de manera arbitraria, para los EEUU, liberándolos con ello, a él, de los cargos que pudieran hacerle aquellos; y a otros, de los que pueda hacerles la CPI, lo mismo que al ahora ex presidente? Lo peor, eso no tiene que ver con el daño que hicieron: van a pagar por narcotráfico, algo completamente distinto a los que les competiría, si fueran juzgados en territorio colombiano: eso sí, siempre y cuando la Justicia aquí funcionara como es debido, no como hasta hoy actúa: siendo inferior a la mafia.

CHG: No es lo mismo estar extraditado, que responder acá. Porque entiendo que estando acá deberían responder. No entiendo mucho la ley de Justicia y Paz. Es una lástima grande.

LCMS: Sí, sobre todo con tanta víctima, porque si vamos a ver ha habido más de 2.500 masacres desde cuando se inició la violencia paramilitar en los años 80, hasta 2008, y en esas masacres hubo más de 15 mil muertos y ocho millones de víctimas, entonces, imagínese maestro… (12) Volviendo a la música, ¿Usted ha recibido algún premio en efectivo? Se lo pregunto porque, por ejemplo, el autor de El gallo tuerto, el maestro José Barros, recibió 5.000 dólares en México por haber escrito esa pieza (13). Y hace poco le dieron el premio a Toda una vida, en MinCultura, al Cantor del Sinú, Pablito Flórez. ¿Usted qué opina de esos premios, en dinero, y no cree que sería merecedor de uno similar?

CHG: Bueno, eso quieren algunas entidades y algunos compañeros míos: que los premios sean en dinero. Porque no sé cuántos homenajes llevo. Pero, en dinero ninguno. Entonces, hay entidades y compañeros, tal como Luis Eduardo que estuvo hablando en el Ministerio de Cultura, no por mí sino por muchos músicos, que merecen homenajes. Todo elemento que en la historia de arte ha hecho cultura, debiera recibirlos, en dinero. Yo no hasta hoy. No sé si algún día se fijarán. Y ahora con esta ayuda tuya, porque ya es un homenaje, que llegará quizás de nuevo a oídos de MinCultura o de cualquier otra entidad: en 2001, Aracely Morales, me dio la Medalla al Mérito Cultural, junto a Julio Arnedo [padre del saxofonista Antonio Arnedo] y Efraín Herrera [14]. Pero sí me gustaría. No por mí, sino por cualquier otro compañero que, sin saberlo, haya hecho ese aporte a la cultura, pacífica y grande, del país. Porque, qué mejor que la música para que uno salga del país, representando a la música y a los bailes. En el caso de mis hijos, tuve dos que estuvieron hasta en Rusia. El que murió, Jairo, y Natalia. Todas esa son representaciones culturales, porque presentar lo nuestro, tocando o bailando, es grande: es parte de la cultura. Mejor que ser un tirador de las FARC [o de los paracos, ¿cierto, maestro?]: la diferencia entre hacer guerra y hacer cultura. 

LCMS: Maestro Cheíto, finalmente, ¿cómo le gustaría ser recordado, como uno de Los Veteranos del Caribe, dinosaurio, jeje, de la música colombiana o, sencillamente, como el hombre que labra la tierra en El Solar de Cheo?

CHG: Lo de la tierra es un hobby, se puede decir. Claro que soy hijo de labrador de la tierra. Y me gusta porque lo llevo en mí, porque de joven me gustó mucho. Tengo ya el conocimiento para sembrar una mata de yuca, de ñame, como lo hago acá. Y cultivar es lindo también porque quiere decir que en parte soy un renglón, la música, pero hay otro, que es el campesino: el que aporta para la alimentación de nuestro país, el que sabe cultivar la tierra. Medio sé cultivar, porque no me dediqué a eso. Me fui por la música. Así, hasta ahora me recuerdan más por la música, que por el cultivo de la tierra. Quiero que se me recuerde por la música, porque soy intérprete de ella; y, si tengo suerte, me gustaría grabar siquiera parte de la producción que tengo. Hoy día se necesita todo eso. Todavía me siento con fuerzas, pero estoy quedado. Vamos a ver si pronto me dispongo a sacar mi música; puedo hacerlo, porque tengo elementos. ¿No te digo que tengo equipo de sonido, que no es sino cantar y poner a alguien que se aprenda mi producción y formar el grupo?

Creo que ha sido pereza larga, pero creo que sí me van a recordar, porque algo tengo en cuanto a producción y a comportamiento musical. [Rescato lo de la tierra, porque me sorprende que lo siga haciendo a esta edad y en medio de la debacle del campo por el TLC con EEUU]. Sí, porque es un gusto, lo sé hacer y es lo nuestro. Como es un predio mío pues qué mejor que yo y además está uno activo: eso es parte también de seguir comiendo años, como se dice. Entonces, mientras pueda hacerlo, porque me siento con fuerzas, ahí estaré. Tengo mis herramientas, machete, azadón, martillo, de todo. Entonces, vamos a ver.                                   

LCMS: El maestro Cheíto Guerra, se despide, no sin antes decir con humildad: “Muchas gracias, muchas gracias”, cuando soy el que le agradezco su tiempo y su música y su tiempo en la música, pues sale para Bogotá, a dictar clase a un alumno que tiene hace un par de años.

Coda: Con ayuda de la música de la literatura

Ojalá a esta altura no le vayan a dar a Cheíto la Cruz de Boyacá, dado su desprestigio como homenaje y su fama como forma de “mermelada”: sería menos peor, no menos malo, que le dieran la Medalla al Mérito, la que en un comienzo iba para Egan Bernal y que él rechazó de plano porque los políticos jamás le ayudaron a forjar su palmarés ciclístico. Ojalá, eso sí, que fuera acompañada por unos 200 millones de pesos, cifra que no es nada, si se la compara con los casi 95 años que Cheíto Guerra le ha dado al arte de la música y una buena parte de ellos al cultivo de la tierra. Aunque, claro, a estas alturas del paseo, no salga de su alcoba en Bogotá pues, además, fuera de que hace unos años se quedó sin alumnos, no está en plenitud física: desde 2012 pierde la vista y hoy está prácticamente ciego. Por fortuna, aún lo asiste la gracia de otro arte, la literatura, en concreto la del austriaco Joseph Roth, quien en su novela La cripta de los capuchinos entrega un consuelo a todos los viejos, con las sombras de bondad y frescura que la muerte les envía por anticipado: “¡Qué bondadosa es la naturaleza! Las carencias que regala la edad son una gracia. Nos regala el olvido, la sordera y la debilidad de los ojos a medida que envejecemos, y, luego, poco antes de la muerte, un poco de confusión también. Las sombras que la muerte manda por adelantado, son frescas y bienhechoras.” (15)

 

A mi hijo Santiago, en recuerdo de sus 30 años.

A mi hermano Jaime, quien de la sombra ha hecho luz.

A Cheíto Guerra, guardián de la tierra, la música, la cultura.

  

Notas:

(1) https://www.semana.com/nacion/articulo/la-historia-de-la-salida-de-los-generales-del-ejercito-por-escandalo/624446

(2) https://www.nytimes.com/es/2019/07/29/deforestacion-amazonas-bolsonaro/

(3) https://www.semana.com/nacion/articulo/ano-de-aprendizaje-para-ivan-duque-en-la-presidencia-los-primeros-365-dias/626512

(4) https://www.elpais.com.co/proceso-de-paz/jep-pide-a-uribe-evitar-campanas-de-desinformacion-en-su-contra.html

(5) https://www.youtube.com/watch?v=d1UwhAGP3J4 

(6) https://www.youtube.com/watch?v=icoOS-cpXpE

https://www.youtube.com/watch?v=ZmvBu3qHfkw

(7)https://www.youtube.com/watch?v=lSdNQzz1EiY 

(8) http://www.radiosantafe.com/2011/02/12/fallece-en-cali-el-cantante-tomas-el-chiqui-tamayo/

(9) En 1977, presentó en Bogotá y Medellín, el ciclo completo de 32 sonatas para piano de Beethoven, proeza sin antecedentes en el panorama musical nacional; lo repitió en Colombia en 1986 y en EEUU en 1997. También, en dos ocasiones, el ciclo de los cinco conciertos para piano de Beethoven, con la Filarmónica y con la Sinfónica. 

(10) https://www.youtube.com/watch?v=Do1VGwakzK4

(11) https://www.youtube.com/watch?v=Rb9fBrPxxYE

(12) https://www.elcolombiano.com/colombia/paz-y-derechos-humanos/4-593-victimas-y-746-masacres-en-los-ultimos-treinta-anos-en-antioquia-HH2944292

(13) https://www.youtube.com/watch?v=1hUgfUAydwg  

(14) http://www.mincultura.gov.co/prensa/noticias/Paginas/2006-04-24_6611.aspx

(15) Roth, Joseph. La cripta de los capuchinos. Sirmio – La Caja Negra, Barcelona, 1991, 150 pp.: 127.

 

* (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, desde 2012, y columnista, desde 2018. Corresponsal de revista Matérika, Costa Rica. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Invitado por UFES, Vitória, Brasil, al I Congreso Int. Literatura y Revolución – Los espectros de Marx y el realismo estético (6-7/dic/2018). Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en Rebelión. E-mail: [email protected]

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Luis Carlos Muñoz Sarmiento*

Cultura

Cheíto Guerra: La diferencia entre hacer guerra y hacer cultura

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