Chesterton: el atributo de Constaín

Juan Esteban Constaín habla sobre los premios, su participación en el concurso y la salud editorial en el país.

Juan Esteban Constaín durante la ceremonia de premiación. Atrás, Héctor Abad, promotor del galardón. / Luis Benavides

Juan Esteban Constaín (1979) es el ganador de la primera edición del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, organizado por la Universidad Eafit y respaldado por Caracol Televisión y Productos Familia. Con su libro El hombre que no fue jueves fue merecedor durante el Hay Festival en Medellín de $40 millones y una escultura del maestro Hugo Zapata.

De 112 libros postulados, publicados por 47 editoriales diferentes, el jurado, que estuvo conformado por Enrique Krauze, Piedad Bonnett, Alexis de Greiff, Darío Jaramillo Agudelo, Mario Jursich Durán y Nicanor Restrepo Santamaría, determinó la obra del payanés como la mejor de Colombia en 2014.

Esto es lo que piensa el escritor de haber obtenido este reconocimiento.

Ha reiterado que publicar un libro es un acto de fe para las editoriales. ¿Por qué?

Porque en un mundo en el que los libros —sobre todo los libros de papel— reciben todos los días partidas de defunción tan entusiastas y precipitadas, hacerlos con rigor me parece eso: un acto de fe. Casi un milagro.

¿Lo es también para los escritores en un país de pocos lectores como el nuestro?

Claro que sí, aunque la vocación literaria, escribir, es irrefrenable. Un destino que se cumple haya editores o no.

Fueron 112 obras de 47 editoriales las que se postularon al Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana. ¿Cuál considera usted que es el mayor atributo de ‘El hombre que no fue jueves’ para haber sido merecedor del estímulo?

Creo que el hecho de ser la celebración de un escritor tan grande, tan noble, tan conmovedor y tan brillante como G.K. Chesterton.

Inclusive fue la editorial Random House la que postuló su libro, por lo que para usted fue una sorpresa verse entre la lista de este concurso. ¿Lo sorprendió igualmente ser el ganador?

Sí, porque había libros muy buenos entre los finalistas.

¿Qué cree que tienen en común las 11 obras finalistas de este premio? Al menos de las que tenga conocimiento.

La vocación: la necesidad de contar una historia. Y en este caso, historias muy distintas con voces y estilos muy distintos.

Los jurados de la edición de este premio son de una gran categoría. ¿Qué le comporta que hayan sido tales los que determinaron su obra como la mejor entre las postuladas?

Para mí es un motivo de honor más, y no cualquiera, que un jurado así haya escogido mi libro para este premio. Eso me honra y me conmueve.

Aunque es de alguna manera precoz la pregunta, por su reciente logro, ¿qué retos cree que se avecinan?

Seguir escribiendo. Ahora me dedico sólo a escribir: ese es mi único oficio, así que tengo que ejercerlo todos los días para seguir aprendiendo, para tratar de descubrir sus misterios y su arte.

¿Qué tanto considera usted que este tipo de premios estimulan la creación literaria en el país?

Mucho: todo reconocimiento es siempre un estímulo.

¿No le parece que es igualmente una provocación para que las editoriales publiquen más y a más escritores?

Claro: en Colombia hay editoriales excelentes —y de todo tipo: grandes, pequeñas, independientes, etcétera— que persisten en el empeño heroico de publicar más y más escritores. Un premio así, como este, que también es para las editoriales y no sólo para el autor, es el mejor estímulo.

Por último, tengo curiosidad: ¿qué tal competir con un amigo (Ricardo Silva) en términos literarios?

Muy triste, porque él es uno de mis mejores amigos y además un gran escritor, quizás el mejor de mi generación. Así que este premio también es para su Libro de la envidia (una joya), que se los merece todos.

 

 

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