¡Qué chimba...!

¡Chico, enchúfate en tu chat, ponte tus chapines y chatea en Chapinero, pero no choques con los cachacos,

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Ni te embuches los baches, que a troche y moche ha deshecho Petrucho con sus chachos. Muy chapeto llegó en chancletas Ching-Chuang, el Chino, tras una chanfa en Chile, y luego en Chocontá, donde lo chiflaron, cuando, ¡chanfle!, un chapa se enchufó, de su chequera, un cheque por ochocientos ochenta y ocho mil ochavos. Y, ¿para qué chicanear con la chichonera que se chifló en chanclas frente a la chancillería de la China? Todos chillaban al Chino que, chiflado y choneto, chicaneaba con sus chinitas, ya que todas sus chanfainas eran chinas, pero ninguna chimba, la chimba era otra. Una chica del Chocó, que estuvo en la chichonera, llamada Chantal, era sólo una chichara ante las chinos. A la final, les salió chimba, pues no tenía ni chequera ni un chentavo para chicanear en Chipaque, con la cucharita se me perdió. Pero después de chalequearla, nos enteramos de que la china no era china, sólo una chiquinquireña de chincuenta años, la chacha del chircal, el de los chiribicos. El chino de la China sólo era un chivato, se hizo el chibcha y me salió chiveado. Y, a cambio de tanto cuento chino, le di sólo un choclo, y lo despaché con nueva chompa, y para que no chillara, como choneto, ni chapuceara más en sus olorosas chuchas, como un cucho chuchumeco, lo chuleé con mi chulavita, en los chulos de Chinauta, y lo mandé a chasquear chanchullo con los chanchos de la cochera. En chagualos tomé el chai, el Chino chillaba, y los chiquillos chantaban: ¡Chilletas panderetas, calzoncillos de bayetas! Y, apareció un chimbilico venido de Chinácota.

El Chino es chinchoso, y oloroso a chinche. Mejor que consiga su chanfa en el chircal, donde echan chirrinche en las chacras, como si fuera una chanza pachuna, un chaparrón en la charca del chicoree. A la final no era más que un chisgarabís, un fantoche en derroche, un cuchufleto chistoso, con la chispa chuzando los chupatintas para que chorreen su chorro. Es una chisga topar los chumbes chibchas, chafándose del chupamedias, que con churrias de chifa, aullaba churumbelas entre los chusques. ¡Qué chanza! El chupa acechó en su coche, y como un chupahuevos empachado por chantarse ochenta chontaduros, se achantó sin chin-chin. Y quedo chin nada. Y, un chupaflor chiroso por una china enmochilada con otro chino (son tantos, y tan tontos): ¡Chupe, chino, chupe...!, se achantó sin chanclas. Si me das tu chupo y me chingas un churo, sin mucho bochinche, te hago mi china, y te dejo mi chuspa en la chimenea para que me chirvas un chiva sin cachos. Y no creas que soy cachón, ni me dejo chalequear por una cochina como Chu, ni en chiste, che. Y, ahora, no me achaques el chiquero, o no te daré changua de Chía, ni chanfainas en Chocontá, ni chupitos de Chipaque, y para que no haya mas bochinche, ¡pucha!, de chiripa, di con un chiste: un chico chuza el chanchullo de un chancho, y se choca, en la chanfaina del cochino, con un churo de su chica y, sin chanzas, chista: ¡Mira, qué chimba! ¡Qué chimba!