Cien años de moda en la mirada de “Cromos”

Con el centenario de la primera revista de Colombia, recordamos a las tres primeras periodistas que escribieron sobre moda, en un recorrido que se inició en 1916.

Señorita Rolly con vestido de baile, en tela de seda color rosa viejo, adornado con flores. / Fotos: Archivo “Cromos”

En los últimos diez años Colombia ha venido posicionándose como uno de los países latinoamericanos con más oferta y futuro en las pasarelas. Diseñadores como Johanna Ortiz lograron robarse las miradas de publicaciones como Vogue en 2015 y se están destacando a nivel internacional. El mundo de la moda ya no mira por encima a nuestro país.

Y al tiempo que el trabajo de los modistos colombianos toma fuerza, el periodismo de moda local también. Con los portales de internet son infinitas las posibilidades de documentarlo. Pero mucho antes de la era informática, en 1916, Cromos dio inicio a un capítulo que marcaría la historia del periodismo colombiano dedicado al universo de la moda.

Con el nombre de Francette estuvo firmada la primera columna de moda en la sección Elegancias. Radicada en París, la periodista comentaba con solemnidad fotografías tomadas en la capital francesa. A su nota la acompañaban imágenes de mujeres vestidas con trajes lujosos que delineaban su cuerpo evocando una S: pechos grandes y proyectados hacia adelante, cintura diminuta y trasero pronunciado caracterizaban cada modelo. El corsé era el protagonista entre los atavíos femeninos en una sociedad fracturada por la Primera Guerra Mundial.

Gracias a Francette, las colombianas se acercaron a la moda. Describía los abrigos de noche como “objeto de gran refinamiento, de elegancia: casi todos son completamente blancos, de piel, de terciopelo. Van adornados de inmensos capuchones bordeados de plumas de cisne”.

Elegancias se convirtió en una de las secciones más populares de la publicación y presentaba cada detalle de los vestuarios de la Belle Époque para que las colombianas de familias pudientes replicaran aquella moda suntuosa y refinada.

Siempre enalteciendo la belleza a través del vestuario, a principios de 1919 Elegancias pasó a manos de Jaqueline, justo cuando la revolución femenina sacudía a una sociedad que reducía el cuerpo de la mujer a elemento decorativo. Como su antecesora, Jaqueline reportó desde París. Escribió sobre sus visitas a casas de alta costura de la talla de Redfern y los posibles hallazgos de moda en aquellos mágicos lugares. “Los pantalones son estrechos y rectos, o ligeramente cerrados abajo. Nada de frunces ni de pliegues en la parte superior. Los vestidos que reemplazan la enagua y el cubrecorsé que antes eran fabricados en lencería hoy los veo en muselina, velos, crespones y tafetán”, se leía en una de sus columnas de febrero.

Pero Jaqueline duró poco. Meses después, Madame Valmore se hizo cargo de Elegancias. Nacida en París, describió en tono exagerado conjuntos firmados por diseñadores que se atrevieron a volcar las miradas en una silueta recta y sin pretensiones.

“Hoy vuelve a ocultarse con gesto encantador y pudoroso entre los pliegues sueltos y libios de las sedas que se ensanchan sobre los brazos, el busto y la cadera. Los escotes se cierran, las faldas se alargan, los bordados se apagan y los encajes se imponen hoy como nuevas dogmas a las veleidosas reinas de la elegancia”, escribió en diciembre de 1919.

Para noviembre de 1926, Madame Valmore seguía siendo la firma de Elegancias. Y mientras las lectoras recurrían a ella para resolver dudas de vestuario, Cromos publicaba por primera vez, luego de varias ediciones ilustradas, una portada de moda que utilizó fotografía. La protagonista fue la señorita Mabel Uribe Portocarrero, bajo el lente de Sehimmer.

Tres columnistas de moda reportando desde París, el corazón de la moda, una portada que usó fotografía y otra tapa dedicada a la moda e ilustrada por Ricardo Rendón en 1921, fueron los primeros pasos para convertir a Cromos en la revista en la que el lector encontraba, además de literatura, perfiles de próceres y caricaturas, una parte del estilo de la mujer europea.

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