Hoy se inicia la Feria del Libro de Bogotá

Coetzee: callar y luego irse

Mañana se presentará el nobel sudafricano en el marco de la Filbo. En un tiempo en el que la mayoría de escritores se esfuerzan para que su obra circule, John Maxwell Coetzee prefiere callar. Lo que tiene para decir, según él, ya está dicho en sus libros.

El 1º de julio de 1999, John Maxwell Coetzee publicó Desgracia. Ese título fue una traducción no del todo exacta del original Disgrace, que es más parecido a deshonra, vergüenza o, como sugirió Mario Vargas Llosa, “caer en desgracia”. Ese libro es eso: una radiografía del apartheid, una novela que también cuestionó el transcurrir de los hechos que terminaron con ese sistema de segregación, una muestra de que el proceso “para mejorar” también tuvo sus contradicciones: tal vez más en lo individual que en lo social, un tratado sobre la naturaleza conflictiva de una especie que se ha dedicado a masacrarse y masacrar todo a su alrededor.

En Sudáfrica, algunos dijeron que Disgrace era racista. Sin embargo, ese texto es una batalla valiente que dio el autor cuestionándose incluso a sí mismo frente a una realidad compleja. J.M. Coetzee se apartó de la patriotería y de afirmaciones políticamente correctas y logró incomodar a los lectores con circunstancias ficticias que, en el fondo, no se salían de la realidad. Por ejemplo, cuando se atrevió a plantear que a la hija del protagonista la violan sus vecinos negros. El sudafricano se mantuvo lejos de los bandos, pero cerca de la política, la diversidad y la profundidad de sus personajes, en los que generó un diálogo entre opuestos: no es un tratado acerca de la paz —aunque hay algo de esto—, ni una apología de la guerra. Es un documento humano.

Coetzee no habló mucho de ese libro, ni de ninguno de los que ha publicado. Coetzee no suele hablar. De él se saben cosas generales: novelista, lingüista, ensayista, filólogo y matemático. Personaje particular dentro de la literatura, su tesis como doctor en lingüística computacional consistió en un análisis computarizado de la obra de Beckett. Dice Javier Marías, en una biografía que le dedica en su blog, que poco se sabe de su vida personal además de que es vegetariano y abstemio. Se conoce la detallada y precisa biografía en español que aparece de él en Wikipedia: es un escritor “nacido en Sudáfrica de expresión inglesa y nacionalizado australiano, país donde reside actualmente”. ¿Qué pensaría él de esa frase, de esa acusación, “de expresión inglesa”? (La Wikipedia en inglés no comete el mismo error). También se sabe que viajó durante años por todo el mundo, pero que hoy reside en Adelaide (Australia).

En 2003 ganó el premio Nobel de Literatura, y no hubo casi ninguna refutación al respecto. Mario Vargas Llosa, que lo ganaría años después, lo admira y dice de él: “Es uno de los mejores novelistas vivos y no digo el mejor porque, para hacer afirmación semejante, habría que haberlos leído a todos. Pero, entre los que conozco, muy pocos tienen su maestría y sutileza contando historias”.

Escribe Coetzee en Infancia, cuando el niño decide ser católico: “Es difícil plantear el tema en casa porque su familia ‘no es’ nada. Naturalmente son sudafricanos, pero incluso ser sudafricano es un poco vergonzoso y por tanto no se habla de ello, puesto que no todo el que vive en Sudáfrica es sudafricano, o al menos no un sudafricano decente”.

No le gustan las entrevistas. No le gusta hablar de sí mismo, cree que lo que tiene para decir ya está expresado en su obra. Por eso, cuando va a ferias del libro o encuentros literarios no habla. Su rostro pálido no se ve perturbado por ningún auditorio lleno: saca un papel o un libro y lee. Lee en inglés. Ha escrito 12 novelas, cuatro autobiografías noveladas, ocho libros de crítica y un libro que incluye su intercambio de cartas con Paul Auster. Sus textos circulan por todo el mundo, sobre todo luego del Nobel, que le permitió ser traducido a muchas lenguas. Así que, si no quiere, Coetzee no habla. Y generalmente no quiere. En el festival literario de la ciudad de Paraty, durante una cena en la que participaban grandes figuras de la literatura mundial tan importantes como él o más, llegó, se presentó y dijo: “Perdón, yo no voy a hablar. Pero me encantará escucharlos, me hará muy feliz”. Y no volvió a abrir la boca en toda la noche.

El único amor que conocemos de Coetzee es el que siente por los animales. Esa es una de las razones que lo traen a esta edición de la Feria del Libro de Bogotá. Mañana, el escritor participará en el conversatorio “Celebración de los animales”, donde hablará de su novela La vida de los animales. En ella, el sudafricano compara el Holocausto con la explotación animal. “La sangre que sale a borbotones del cuello de un cerdo degollado es pegajosa. Apestosa. Atrae a las moscas. Ninguna autoridad permitiría un río de esa sangre en medio de su ciudad”, aseguró Elizabeth Costello, protagonista del libro. “Los últimos momentos de esos animales en esta tierra no deberían estar envueltos en su propio miedo y dolor. ¿Querrías que tus últimos momentos de vida fueran así?”, imaginó que un defensor de los animales le preguntaba a un trabajador de un matadero. “Nosotros no somos animales”, apuntó como respuesta absolutoria.

A Coetzee también le gusta hablar de otra cosa: de libros. Recientemente, el escritor publicó con la editorial argentina El Hilo de Ariadna la versión en español de su biblioteca personal, una selección e introducción de doce clásicos de la literatura universal que lo han acompañado a lo largo de su vida.

¿Por qué se siente tan emocionado con este aspecto?

De hecho, mi biblioteca personal está ahora completa: el duodécimo y último volumen será lanzado en mayo de este año. Once de los volúmenes son de obras de ficción que han sido importantes para mí como escritor. El volumen restante es una enorme antología de poesía mundial (600 páginas). Mi biblioteca es una modesta compañera de la mucho más extensa biblioteca personal de Jorge Luis Borges, y se inspira en él, aunque sus gustos literarios y los míos son muy diferentes. Creí apropiado que mi biblioteca se publique en Buenos Aires, esa ciudad sobre la que sigue circulando el espíritu de Borges.

Los lectores siempre se sienten relacionados o cercanos a ciertos libros. Incluso esas obras hacen parte de su naturaleza. ¿Qué dice su biblioteca personal acerca de usted?

Estoy de acuerdo. Libros que hemos leído de cerca, sobre todo cuando estamos jóvenes, se convierten en parte de nosotros. Nos forman. Muy a menudo la forma en que nos han formado no es visible siquiera para nosotros mismos. Algunos son autoanálisis, algunos nos ayudan a la introspección, que es necesaria para poder, por así decirlo, escuchar el libro hablando acerca de nosotros. ¿Qué dice mi biblioteca sobre mí? No hay espacio suficiente para responder. Por lo tanto, permítame simplemente decir: por un lado, un gusto por la expresión que es simple, lúcida y breve, por el otro un gusto por lo elocuente, lo expansivo, lo musical.

¿Qué libro relee a lo largo de los años? ¿Le interesa encontrar nuevos autores o prefiere apegarse a los libro que ama?

Siempre estoy en la búsqueda de nuevos escritores interesantes, aunque soy consciente de que las modas escritas entre los jóvenes están lejos de los parámetros en los que a mí me criaron. Hay clásicos a los que vuelvo cada vez con mayor gratitud por su riqueza. Pienso particularmente en la Ilíada y Don Quijote.

Para Coetzee el silencio es una forma de amar al otro. No dice nada porque ya escribió todo lo que tenían que saber de él. Es de esos hombres que se mantienen en la puerta esperando el momento de irse, porque tiene una obstinación por marcharse.

En una entrevista dijo que estaba “al final de su carrera personal como escritor”. ¿Cómo sabe cuándo parar?

Esa es una pregunta interesante e importante. Hay muy pocos artistas de los que se puede decir que su último trabajo fue el mejor. Considerando que hay un buen número de artistas sobre los que uno desea que no terminaran de escribir nunca. No es mi caso. ¿Cómo se sabe cuándo parar? Tal vez es mejor, aquí, confiar en los consejos de amigos de confianza. Supongo que pronto.

 

últimas noticias

El temor y los demás (Parte II)

El temor y los demás (I)

Nacionalismo y Notting Hill (De Chesterton)