Colombia, a punta de cuentos

La editorial Rey Naranjo presenta la antología “Puñalada trapera”, que reúne a veintidós narradores colombianos nacidos entre los años 70 y 80.

Pilar Quintana, una de las autoras incluidas en la selección de cuento de Rey Naranjo. Cortesía Caracoltv

Con selección de Juan Fernando Hincapié e ilustraciones de Marcela Quiroz, la editorial independiente Rey Naranjo publicó la antología “Puñalada trapera”, conformada por los narradores que han incursionado en los últimos años en el panorama literario colombiano.   

Para John Naranjo, editor, la antología nace para romper ciertos paradigmas del mercado editorial: “Es un ataque a traición a la idea preconcebida de que el cuento no vende y que es un género sólo para escritores.  De ahí también el concepto “Puñalada trapera”, título del libro”.

Por su parte Hincapié, el antólogo, destacó que durante la lectura y diseño de la antología, leyó aproximadamente ciento cincuenta cuentos y que la mayor dificultad fue encontrar escritoras mujeres.

Dentro de la historia de la literatura colombiana reciente se han publicado otras antologías: “Cuentos caníbales: Antología de nuevos narradores colombianos”, editorial Alfaguara (2002), “Cuentos y relatos de la literatura colombiana”, Fondo de Cultura Económica (2005) y “Cuentos de la Calle”, editorial Normal (2007). 

Con temáticas que se alejan de la violencia, los cuentos de “Puñalada trapera” tocan temas cotidianos, conflictos humanos y algunos, elementos fantásticos.  De la lista de autores se destacan Margarita García Robayo, Andrés Felipe Solano, Juan Cárdenas, Luis Noriega, y Daniel Ferreira.

Entre los cuentos seleccionados están “Fausto”, de Patricia Ángel, que relata la historia de una pareja joven, hija de inmigrantes colombianos en Miami y su lucha por conseguir una vida honrada a través del trabajo y no caer bajo la sombra del narcotráfico;  “La rumba, son, palo muerdo”, de Pilar Quintana, quien construye la historia de un hombre extranjero postrado en una silla de ruedas cuyo mundo gira alrededor de una canción de Ismael Miranda, el mar y su idílica Rosa, y “Un negocito propio”, de César Mackenzie, quien retrata la vida de una pobre mujer en la hostil Bogotá que sobrevive vendiendo café y otras menudencias, hasta que un día se encuentra a un bebé recién nacido y cosas sobrenaturales que ella atribuye a un milagro concedido por el Divino Niño empiezan a ocurrir. 

 

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