Colombia se hace oír en África con música antillana

El programa de la Cancillería busca extender lazos culturales y cambiar la imagen empañada por el conflicto.

La visita a Sudáfrica esta semana de dos grupos de música calipso de las islas caribeñas de Colombia es la última misión emprendida por el país latinoamericano para redoblar su presencia en el continente africano./ EFE

 A ritmo de alegre música antillana, Colombia se hace oír en África con sonidos que pretenden cambiar su imagen empañada por el conflicto y reivindicar la influencia negra de casi todas sus manifestaciones culturales.

La visita a Sudáfrica esta semana de dos grupos de música calipso de las islas caribeñas de Colombia es la última misión emprendida por el país para redoblar su presencia en el continente africano.

"A través de la cultura es más fácil acercarse a la gente. Y África es muy importante para nosotros, porque nuestra música viene de aquí", explica a Efe Esteban Bernal, encargado de los intercambios culturales que organiza la Cancillería colombiana.

La conversación con Bernal, que cita el sudeste asiático y África como dos de las nuevas prioridades de la política exterior de Colombia, la interrumpen los once jóvenes de las islas antillanas de San Andrés y Providencia con sus instrumentos.
Aprovechan el pasillo del hotel de Pretoria en el que se hospedan para preparar otro de los talleres que han celebrado desde el pasado día 19, y hasta este sábado, junto a músicos locales, y hacen bailar a una camarera local, que demuestra tener el mismo ritmo.

Tienen entre 9 y 17 años y hablan entre ellos en "creole", lengua de los descendientes de los esclavos negros del Caribe, aunque dominan también el español y el inglés, idioma que les legaron los amos de sus antepasados y en el que muchos llevan sus apellidos.

Les esperan en la sección musical de la Universidad de Pretoria, donde, como han hecho en otros centros de la capital sudafricana y de Johannesburgo, tocarán junto a los alumnos y compartirán con ellos su tradición artística.
"Son sesiones muy enriquecedoras para todos, que nos permiten aprender mutuamente de los instrumentos, de los ritmos y de las raíces", señala a Efe Kathryn Newball, directora del Morgan's Head Tipical Youth Group de Providencia, que, junto a Caribbean Children de San Andrés, participa en este viaje.

La mayor conexión con los jóvenes músicos africanos la han encontrado en los ritmos de los tambores, cuya importancia en la música de los antillanos tiene un origen claramente africano.

Las melodías afrocaribeñas, que vienen del centro y del norte de Europa, como los señores para los que tocaban sus ancestros, son más extrañas para los jóvenes sudafricanos con los que se reúnen para tocar y hablar de música.
En este tipo de líneas melódicas destaca la mandolina, un instrumento italiano como el que toca Tanisha Fernández en el Morgan's Head Tipical Youth Group, y uno de los que más sorprenden a los sudafricanos.

"La marimba (xilófono africano) es el instrumento que más me ha gustado de ellos", cuenta a Efe Fernández, de 16 años, que explica el desarrollo de los talleres: comienzan con el tambor para acercar a los diferentes grupos y acaban con improvisaciones conjuntas.
La quijada, un instrumento de percusión que, como su nombre indica, consiste en las dos mandíbulas de un caballo o un burro, es otra de las mayores fuentes de curiosidad para los sudafricanos.

"Mis estudiantes han estado estudiando su música en libros y vídeos y ahora la han experimentado en vivo. Y como demostraban sus caras, les ha emocionado", comenta a Efe Julius Kyakuwa, profesor de música de la Universidad de Pretoria.
Los antillanos de Colombia son una minoría dentro de la minoría de origen africano en su país, que con diez millones de personas representa la mayor concentración de población negra de Sudamérica por detrás de Brasil.

El viaje a Sudáfrica, el primero que hacen la mayoría de los chicos fuera de Colombia, les ha permitido descubrir un país del que lo desconocían casi todo, como por ejemplo que tiene población blanca, con la que han compartido algunas de las sesiones musicales.

Con iniciativas como ésta, Colombia quiere cambiar una imagen en el mundo lastrada por el narcotráfico y el terrorismo, que se le haga justicia y que se la haga también a su población negra, tradicionalmente apartada de los centros del poder y de los circuitos culturales oficiales.

Este programa, que ha beneficiado este año a más de 300 menores colombianos, busca asimismo alejar a los jóvenes de los grupos armados y el tráfico de droga, dos amenazas a las que, pese a los progresos logrados, siguen siendo muy vulnerables.
El Gobierno de Bogotá ha patrocinado giras en diversos países del mundo de grupos jóvenes de estilos colombianos como el joropo, la chirimía, el vallenato o el currulao, uno de los géneros más marcadamente africanos que se encuentra en Colombia y que fue llevado recientemente a Ghana dentro de este programa.

Además, la banda colombiana de electrocumbia Bomba Estéreo hizo el pasado mayo una gira por el sur de África, en la que impartió talleres sobre las raíces africanas en la música popular de su país.

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