Colombiano lleva la batuta de la sinfónica de Fráncfort

A sus 35 años, Andrés Orozco Estrada, nacido en Medellín, ha sido aclamado en las salas de conciertos más famosas de Europa, Gran Bretaña y Estados Unidos.

u batuta ha dirigido unas 17 orquestas sinfónicas y filarmónicas del mundo. Ahora acaba de ser nombrado director titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort.

La “maravilla de Viena” (Die Presse), “fulminante sustituto” (Wiener Zeitung), “maestro genial de la comunicación” (Standard) y “sustituto con valor de oro” (Kurier), son algunos de los calificativos con los que la prensa europea se ha referido al trabajo de Andrés Orozco Estrada que se centra en el romanticismo y el clasicismo vienés.

El talentoso músico, como lo califica la crítica en Alemania, inició su formación profesional como violinista y a los 15 años tomó sus primeras clases de dirección. Cuatro años más tarde viajó a Viena para iniciar sus estudios como director de orquesta y a sus 26 años logró volcar la atención del mundo de la música cuando dirigió magistralmente la orquesta Tonkünstler de Austria, de la que seis años más tarde sería nombrado director titular hasta hoy. Al mismo tiempo fue nombrado director titular de la Sinfónica de Eukardi (España), que continúa bajo su dirección.

Desde entonces se desató una ola de compromisos con reconocidas orquestas internacionales, como la Filarmónica de Viena, la Filarmónica de Múnich, la Leipzig Gewandhaus y las Sinfónicas de Viena, Bamberg, Berlín, Radio de Suecia y Radio de Fráncfort.

Ahora, la emblemática Antigua Ópera de Fráncfort, donde toca la hr-Sinfonieorchester, será escenario de su debut como director titular en agosto de 2014. A miles de kilómetros lo espera la Orquesta de Houston (Texas), de la cual fue nombrado también recientemente director musical por cinco años a partir del próximo año.

El Espectador logró ubicarlo en su residencia en Viena, donde está radicado junto con su esposa austriaca y su pequeña bebé.

¿Cuándo determina que lo que quiere ser en la vida es director de orquesta?

Siendo muy pequeño, como a los 6 o 7 años, jugaba a dirigir; fueron los primeros impulsos. Y unos siete u ocho años más tarde, un poco entre juego, empecé a dirigir en el colegio donde estudiaba en Medellín, el Instituto Musical Diego Echavarría. Ahí empecé a darme cuenta de que se trataba de algo que, no sólo disfrutaba sino que podía hacer, que tenía capacidades, talento, como se quiera llamar. Me quedó muy claro ya qué era lo que quería hacer en la vida. Fue una situación como del destino, porque en la familia no hay nadie que tenga una formación musical y menos en música clásica.

¿Cómo fueron sus inicios en Viena? ¿Recuerda alguna anécdota en particular?

La principal fue llegar a una ciudad como esa, con una tradición, un desarrollo y una historia cultural tan maravillosos, y, como se dice, a la cuna de la música clásica. Fue como un shock, aunque obviamente sólo positivo. Darme cuenta de tantas cosas maravillosas de la música clásica que conocía solamente por video. Me acuerdo de la primera vez que fui a la ópera en el Musik Verein y casi me corrían las lágrimas cuando escuché por primera vez, en vivo, a la Filarmónica de Viena y la de Berlín; fueron momentos muy bonitos.

¿Algunas vez dudó de que llegaría tan lejos y a una edad tan temprana?

Eso depende de uno mismo, de cómo se afronten las situaciones. Por supuesto, hubo momentos difíciles, como cuando llegué a Viena, pues tenía muy poco dinero, sólo las necesidades básicas cubiertas, y recuerdo que en los veranos no podía tomarme una gaseosa o un helado porque eso descuadraba todas mis finanzas; pero para mí eso no era una tragedia. Yo estaba cumpliendo un sueño y ya eso me llenaba de felicidad. Entonces nunca tuve la sensación de que no iba a funcionar.

¿Qué significa para usted este nuevo nombramiento en Fráncfort?

Fráncfort hace parte de los procesos que me he trazado. Es una orquesta con altísimo nivel y reconocimiento, no sólo en Alemania sino en Europa y el mundo, y dirigirla representa una alegría inmensa y al mismo tiempo un gran compromiso y un gran reto de continuar la tarea del maestro Paavo Järvi, quien ha hecho un gran trabajo en sus siete años de titularidad. Lo de Fráncfort resultó tan rápido que la anécdota es interesante: yo dirigí la orquesta en 2009, en un programa de jóvenes directores, y me fue bien pero no había ninguna otra intención respecto a trabajo. Casi cuatro años más tarde vinieron a ver un concierto en Viena, porque necesitaban un nuevo titular; inclusive ya tenían un par de candidatos, uno de ellos prácticamente listo. Sin embargo, me vieron y me invitaron a hacer un concierto a finales de diciembre pasado, fuera de abono porque la idea surgió en último momento. Así que ensayé sólo dos días con la orquesta, se dio el concierto y al día siguiente la orquesta hizo sus votaciones; ese mismo día ya me estaban llamando. Entonces fue como una combinación de suerte, destino e interés, porque gracias al trabajo arduo se me da esa oportunidad y estuve allí, dando lo mejor.

¿Qué le espera a la Orquesta de Fráncfort bajo la dirección de un latinoamericano?

Dos cosas: una, el repertorio, que iremos descubriendo poco a poco, a la vez que incluyendo más repertorio latinoamericano o norteamericano. Y en general y más trascendental, la manera de vivir, entender e interpretar la música con mucha energía, ganas, alegría, aunque las obras no sean alegres, y creo que esa va a ser la característica más notoria teniendo en cuenta que su actual maestro viene del otro lado del mundo, de Estonia. Me interesa motivarlos y contagiarlos mutuamente de energía, y el resultado de eso es sacar música con mucha más alma, más extrovertida con muchísima intensidad, casi corporal. Espero que la gente disfrute de ese momento del concierto.

¿Qué reto le implica dirigir una orquesta americana y una europea al mismo tiempo?

Al final son dos estilos muy diferentes. La música es la misma, las obras son iguales y yo como director soy el mismo y me interesa lo mismo: sacar las historias que están escondidas dentro de las notas y sus contextos históricos y musicales, pero son dos maneras diferentes de abordarlo. En América, por ejemplo, las orquestas ensayan menos pero llegan técnicamente muy bien preparadas para sus producciones, y en las orquestas alemanas se toman un poco más de tiempo para trabajar cada detalle, pero llegan a grandes resultados. Y las mentalidades: la americana es más brillante, inclusive en su manera de tocar los metales, y la alemana piensa menos en la brillantez hacia afuera y más en el contenido. Lo bonito es que yo pueda sacar lo mejor de cada una y de alguna manera compartirlo y traspasarlo a la otra. Que cada una de las dos sea la mejor dentro de sus características sin perder su identidad.

¿Cuándo podrá disfrutar Colombia de su talento?

Voy a estar la primera semana del mes de julio en Bogotá y Medellín, presentando un concierto con la Sinfónica Nacional. En este caso presentamos un programa al que han llamado Ecos sinfónicos y que consiste en invitar a artistas colombianos que están fuera del país haciendo cosas importantes. No son muchas las oportunidades de estar en Bogotá, pero cuando voy entrego toda mi energía y experiencia.