Colón, polémico y renovado

La intervención del emblemático teatro dará la pauta para otros proyectos de esta naturaleza en el país.

El foyer, una de las salas intervenidas en la primera fase de restauración del Teatro Colón.  / Fotos: Andrés Torres - El Espectador
El foyer, una de las salas intervenidas en la primera fase de restauración del Teatro Colón. / Fotos: Andrés Torres - El Espectador

Desde el comienzo, la restauración del Teatro Colón, en Bogotá, ha estado rodeada de controversias. El mayor desacuerdo entre los detractores del proyecto y el Ministerio de Cultura, principal impulsor de los trabajos, se resume en la necesidad de conservar un teatro italiano, con sus características propias, que lo convierten en una pieza patrimonial importante, o en la de ampliar el centro cultural para que responda a las necesidades de un teatro moderno.

Las obras arrancaron en febrero de 2008, aunque la planeación del proyecto se remonta a 2005, cuando esta cartera abrió una serie de estudios para evaluar las condiciones de la edificación, inaugurada el 26 de octubre de 1895, de acuerdo con los diseños del arquitecto italiano Pietro Cantini.

Las primeras evaluaciones, realizadas por el arquitecto restaurador Rafael Rincón Calixto, arrojaron el siguiente diagnóstico: la estructura, como era de esperarse, no cumplía con las normas de sismorresistencia, además de presentar “graves problemas en sus instalaciones técnicas, como el sistema contra incendios, las redes eléctricas y sanitarias y el deterioro de sus acabados, entre los que figuraban sus pinturas murales, yeserías y demás ornamentos. Asimismo, los aspectos técnicos y mecánicos de la caja escénica estaban completamente desactualizados”, según consta en un documento firmado por Juan Luis Isaza, director de patrimonio del Ministerio.

La determinación fue intervenir a fondo el teatro en un proceso de tres etapas. La primera abarcaría la restauración de las instalaciones hasta el límite con el escenario, pues la caja escénica, los camerinos, el foso de orquesta y demás elementos que lo componen serían sujetos a intervención en una segunda fase. Más adelante se diseñó una tercera fase, en la que se ampliaría considerablemente el área del teatro con instalaciones como salones de ensayo, salas alternas y oficinas para la Orquesta Sinfónica Nacional, entre otras. La primera etapa del proyecto, que arrancó en 2008, concluyó en julio del año pasado.

En su momento, varias decisiones del Ministerio fueron criticadas por diferentes sectores afines a la conservación patrimonial. La primera de ellas fue la remoción y el reemplazo de la silletería de platea, una acción cuya necesidad defiende Silvia Ospina, directora del teatro, debido a consideraciones de comodidad para el público y seguridad en caso de incendio (pues eran, primordialmente, de madera). Las sillas de los palcos, originales de la edificación, al igual que las de platea, se restauraron y siguen haciendo parte del teatro.

Otra de las acciones que generaron polémica fue el retiro de la araña que colgaba del techo. En su reemplazo se instaló una lámpara que, según Ospina, es el elemento original del teatro (la araña se introdujo en 1948 y estaba halando el plafón del techo, lo que comprometía la estructura, de acuerdo con la directora). La primera fase también incluyó la restauración de diferentes elementos de los acabados de la edificación, así como la instalación de un ascensor para permitir el acceso a personas discapacitadas, entre varios otros aspectos.

La segunda etapa del proyecto comprende aspectos como la modificación de la caja escénica, que permitirá puestas en escena de mayor tamaño, acordes con un teatro moderno que busca ofrecer producciones más complejas al público, según Luis Guillermo Pedraza, asesor de arquitectura teatral del Colón. Esta segunda fase también incluye la modernización de los camerinos, la estructura de tramoya y el sistema de iluminación y sonido.

Los cambios en la caja escénica han sido criticados, pues se eliminaría una serie de columnas y arcos que, según personas como Guillermo Fischer (ver siguiente artículo), son elementos patrimoniales que deben ser conservados.

La tercera fase es, tal vez, la parte más ambiciosa del proyecto, pues pretende expandir el área física del teatro para convertirlo, no sólo en un escenario para presentación de espectáculos, sino en un centro de formación cultural. La expansión del Colón también buscar otorgarle a la Orquesta Sinfónica Nacional una casa permanente con áreas como salas de ensayo, oficinas, estudio de grabación y centro de memoria.

En un principio, la expansión del Colón se proyectó sobre toda la manzana en la que se encuentra, que comprende 15 predios. El gran obstáculo en su momento, como lo reportó este diario en agosto de este año, fue que la mayoría de estas construcciones (12 de las 15) no podían ser demolidas por tener estatus de bienes de conservación arquitectónicos tipo A y B.

Esta opción fue descartada y el proyecto se centró en seis predios: la Casa Liévano (el único que no puede ser demolido por consideraciones patrimoniales y en donde se ubica desde 2003 la sede administrativa de la Sinfónica), el lote de atrás del teatro (que ha funcionado como parqueadero) y el centro comercial Capitol (que incluye tres locales comerciales, además del Teatro Delia). Tanto la Casa Liévano, como el parqueadero y el Delia son propiedad del Ministerio; los locales comerciales fueron comprados a sus dueños según el precio arrojado por un avalúo del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, de acuerdo con Mariana Patiño, arquitecta a cargo de la expansión del teatro. Patiño asegura que el plan original de incluir las demás casas de la manzana no se realizará ahora, pero que, en su opinión, debería pensarse en un futuro, con miras a darle al Colón el carácter de un teatro vivo y moderno, soporte de la producción cultural, lo que se busca con la remodelación y la expansión, según la visión del Ministerio.

El concurso para escoger los diseños arquitectónicos de la ampliación del Colón se abrirá máximo en un mes, cuenta Patiño, con una ronda de esquema básico en la cual se escogerán cinco semifinalistas que pasarán a una etapa de anteproyecto (abril de 2013). De allí se seleccionará al finalista, a mediados de 2013, y se espera que para finales del próximo año se tenga listo el diseño arquitectónico. La obra sería adjudicada a mediados de 2014.

Además de las áreas ya mencionadas, la expansión del Colón permitirá convertir al Teatro Delia en una sala alterna (con capacidad para 500 sillas). También se creará un teatro estudio, según la directora Ospina.

De acuerdo con el Ministerio, la expansión del Colón ha sido discutida en al menos seis reuniones con el Distrito, que “está encantado con el proyecto”. El Espectador ha conocid, sin embargo, que la posición al interior de la administración distrital sigue dividida respecto al proyecto y su impacto en el entorno urbano de La Candelaria, uno de los sectores más importantes en cuanto a conservación patrimonial en la ciudad.

El proyecto del Teatro Colón ha despertado grandes pasiones, tanto en el sector público, como en el privado. ¿Por qué es tan importante este proyecto de restauración? Porque, como lo admite Patiño, lo que se haga con este edificio emblemático va a definir la pauta de lo que puede hacerse en términos de modernización de espacios que, según algunas voces, deben conservarse como edificaciones patrimoniales.

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