Comprar arte: una mezcla de estatus y gozo

La curadora y experta en arte moderno y contemporáneo vino a explorar el mercado en esta semana de ferias. Afirma que el arte colombiano es prometedor y que comienza a moverse en el circuito internacional.

Mary Kate O’Hare en las instalaciones del Hotel Marriott en Bogotá. Desde hace poco más de un año trabaja en el servicio de asesoría artística del banco, fundado en 1979. / Luis Ángel - El Espectador

¿Por qué viene a Artbo?

Son muchas las razones, pero parte de ellas tienen que ver con el hecho de que nuestro servicio quiere ofrecerles a nuestros clientes una perspectiva más amplia de lo que está pasando con el arte contemporáneo extranjero. Estamos tratando de abrir el horizonte, centrándonos en arte moderno y contemporáneo mundial y arte antiguo y tradicional oriental.

¿Tiene clientes que estén interesados en arte colombiano?

El servicio todavía no conoce muy bien la movida del arte en Colombia. Mi trabajo es presentarles a mis clientes estos artistas, porque no les sobra tiempo. De eso me encargo yo, de llevarles la información sobre lo que les interesa, de ocupar mi tiempo en eso, en la investigación. Hay gran apertura, están dispuestos a ver cosas nuevas, creo más bien que es un problema de educación, de estar enterado.

¿Cómo aconseja a sus clientes sobre las obras que podrían comprar?

Es un trabajo de equipo. Tenemos una clientela establecida con la que hemos trabajado más o menos por una década. Les enviamos fotos e información, y a medida que reforzamos la relación con ellos y los conocemos más, van confiando en nuestra mirada y en nuestro criterio. A nuestros clientes nuevos les aconsejamos dedicar al menos el primer año a la educación. Eso significa que los remitimos a museos, a galerías, a ferias de arte —en las que se ve de todo— para que se enfoquen en algo, para mostrarles el trabajo de algunos artistas. Además, elaboramos planes para coleccionar. Eso es lo que aprendes cuando trabajas en un museo. Las colecciones son una cosa orgánica: a veces agregas algo, a veces le das un giro para que crezca o se fortalezca. Se trata de algo así como moldear, para que la colección tenga una coherencia, que también se piensa a partir del mercado.

¿Siguen las tendencias del mercado?

No. Buscamos obras que tengan valor a largo plazo, no sólo en términos económicos: obras significativas cuyo costo no se le puede quitar, sustraer. Si es el mejor ejemplo de lo que representa, la calidad resulta irrefutable. Sin embargo, si rastreamos los mercados es porque estamos enfocados no sólo en comprar para nuestros clientes, sino también en vender arte.

Algunos piensan que comprar arte es una actividad inútil. ¿En qué se diferencia invertir en arte e invertir en otros bienes?

El arte es de hecho un objeto tan tangible como un inmueble. Por otro lado, coleccionar es una manera de diversificar sus activos. Es algo que puede traer consigo mucha felicidad. Tienes el beneficio añadido del disfrute. Pero, además, para algunos coleccionistas es un asunto de prestigio. Claramente ves eso también cuando vas a las subastas en Nueva York y ves a estos señores compitiendo por piezas de arte. Así que también es una cuestión de estatus. Parte del valor que ven en las obras reside en dicha estética, en el desafío por adquirir una u otra obra. La conclusión es que esas obras les dicen algo a nuestros clientes, les hablan, y ellos quieren vivir con ellas, ponerlas en sus paredes. Mi trabajo es ayudarlos a encontrar esas piezas que los conmueven y el equilibrio entre lo estético y la parte de la inversión.

¿Existe una tendencia en el mercado actual del arte en Estados Unidos?

Hay múltiples tendencias porque hay múltiples mercados. Ahora Nueva York está en una época fascinante, hay grandes tratos. El mercado impresionista, de pinturas que nadie ha visto por años, es un mercado muy público. Ese es un tipo de mercado. Es interesante ver a las tres casas de subastas que trabajan con arte de América Latina y tienen base en Estados Unidos: Christie’s, Sotheby’s y Phillips, porque se interesan en trabajos del arte contemporáneo, pero, de nuevo, son mercados impactados por toda suerte de fuerzas. Queremos estar involucrados en los otros mercados desde el lado privado. Algunos artistas colombianos forman parte de ese mercado desconocido, pero valioso.

Además de Nueva York y Londres, el mercado del arte también se ha abierto a Catar, Arabia Saudita y China. ¿Qué piensa de esa apertura?

Hay demasiado dinero allí. Es fascinante ver el cambio en Oriente Medio. También en China hay numerosos museos privados para coleccionistas de este tipo. Parte de este mercado tiene influencia en el arte contemporáneo en Nueva York. Por eso tenemos un consejero en Hong Kong, porque el mercado en China y Asia es importante. Por su parte, Colombia está pasando por una trayectoria similar a la de Brasil hace diez años: algo está pasando con el arte colombiano, con sus artistas.

Algunos críticos dicen que hay una burbuja económica en el mercado del arte.

Depende de qué mercado hablemos. Este mes Londres fue muy exitoso con las subastas y también Nueva York parece que será igual. No sé si habrá o no una burbuja, sólo sé que sigue creciendo. Es impulsada no sólo por un grupo de personas, sino por muchos grupos con diferentes inversiones, en diferentes lugares y en diferentes situaciones que quieren invertir en un gran activo. Tiene tanta salud porque es impulsado de manera constante. Es algo salvaje. No muestra signos de estallarse en los próximos años, a menos que suceda algo horrible y muy fuerte. Pero lo que ves es que el mercado crece y se vuelve más receptivo mientras la demanda crece. Por ejemplo, con las obras de Warhol: sus trabajos de los 60 han atraído la atención porque existe una reevaluación de esas obras. De ese modo el mercado se abre a más países, a más artistas.

¿Ha tenido líos con la autenticidad de alguna obra de arte?

Es un gran problema. Siempre lo ha sido. Somos muy cuidadosos. Y creo que hace parte del valor que les damos al ayudar a los coleccionistas: comprar algo que no sea una falsificación. Hacemos la debida diligencia cuando hacemos la investigación para una compra. Debido a todos los asuntos legales con la autenticidad, el reto ahora es hablar con los expertos —por ejemplo con aquellos que saben de Rothko, que tiene grandes catálogos— para estar seguros. Pasa usualmente con algunos artistas cuya obra no es muy conocida. Allí es donde ayuda tener un consejero. Entonces hay que buscar registros de exhibición, registro de proveniencia, trabajos sobre las obras, mercado, conservación.

Los artistas colombianos apenas están entrando en las grandes subastas…

Sí, hay algunos “jugadores” bien establecidos, como Botero. Hay unos muy importantes como Doris Salcedo, que están en el mercado privado. Muchos de estos artistas simplemente no tienen público en el mercado de las subastas. Ese es el lado más comercial del arte. También ves artistas que no existen allí y ves a los coleccionistas manipular el mercado para que su trabajo ingrese. Sucede con jóvenes artistas colombianos y estadounidenses. Su trabajo da una vuelta y crece. Yo prefiero eludir la línea de la tendencia exitosa en el mercado y quedarme con la calidad del trabajo, con el concepto.

¿Qué piensa acerca de Doris Salcedo?

Encuentro su trabajo, por supuesto, muy político e increíblemente poético. Uno de sus trabajos recientes era realmente intrigante: tenía un mensaje de inmaterialidad, a pesar de su materialidad. Era efímero y bello, y te llevaba a un lugar muy profundo. Allí ves a una artista de gran calidad y ves que es posible crear un objeto de gran interés visual y comunicar un gran nivel de poesía, desespero y experiencia humana acerca del dolor y la pérdida.

¿Ha escuchado algo sobre Óscar Murillo?

Sí, definitivamente (ríe). Él es uno de esos artistas jóvenes que han brillado con las galerías, que han obtenido mucha atención por su éxito en el mercado. No lo conozco. Estoy interesada en saber qué pasará con su trabajo, es muy joven, tiene sólo 28 años. No sé si su éxito siempre está bajo su control. Es un interesante caso de estudio. No estoy segura de que su trabajo se mantenga en esos precios.

Allí se puede ver que tal vez la calidad del trabajo no corresponde con su valor comercial.

Sí, no necesariamente corresponde. Probablemente muchas veces no tiene que ver con el artista, sino con los coleccionistas, los distribuidores, las otras capas del juego. Tengo curiosidad de cómo se desarrollan los artistas que son adoptados por estas personas involucradas en ese juego y cómo es su rol allí. Por eso trato de no estar tan enfocada en las tendencias. Quien compra es, por ejemplo, uno de los signos más importantes a largo plazo, también cuál es la contribución de este artista y cómo será recordado en la historia. No significa que todo trabajo sea grandioso. Aconsejar es el balance entre el dulce punto del refinamiento, la calidad y el mercado.

El año pasado una obra de Francis Bacon fue subastada en cerca de US$142 millones. Hace diez o quince años no sucedía eso con el trabajo de Bacon. ¿Cómo podría explicarse ese crecimiento?

Hay muchos aspectos diferentes que impactan ese mercado: la escasez de obras de ese artista y una tendencia que se desarrolla por medio de la competición. Un trabajo de arte es realmente digno de comprarse cuando existe una competencia para comprarlo, Dios sabe por qué es así, y su precio aumenta y aumenta. El mercado es muy fuerte. En Londres es inmenso. También en esa pintura (el tríptico de Lucian Freud) hay una gran historia detrás, que es dramática y relaciona a dos de los grandes pintores británicos de la posguerra. Eso le da un valor adicional. ¿Cuántos de estos trípticos estarán disponibles en colecciones privadas? La gente, entonces, se lanza a comprarlo.

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2014-10-25T21:00:50-05:00

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Sara Malagón Llano / Juan David Torres Duarte

Cultura

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