FÚTBOL PARADÓJICO

Fútbol en Fiesta del Libro de Medellín (I)

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El baldío se puebla de gritos. Un eterno rodar estremece las piernas. Asombrados los ojos roban la pelota. Vicente Zito Lema.

A propósito del tema de la versión número 14 de la Fiesta del Libro y la Cultura en Medellín, las diásporas, la vida me regaló la posibilidad de conversar con Francisco Maturana y con Luis Fernando Suárez, dos seres humanos que por sus épicas gestas y decisiones éticas no necesitan presentación, pues con sus gestos y acciones serán recordados, siempre, como protagonistas de una historia que ellos mismos siguen contando.

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La metáfora que anuncia el evento es muy estética: “Fronteras de cal. El fútbol como una profesión de migrantes”. Fronteras de cal porque habitaron los límites de una infancia en la que las canchas eran demarcadas con tarros llenos de cal, con huequitos, para delinear la cancha: fronteras para los jugadores, para los árbitros, para los técnicos y para los espectadores. ¿Migrantes? Unos son desplazados y arrancados de sus terruños; esos, los ninguneados, son desterrados por agentes que no tienen rostro, pero, como el viento, están, siempre están.

Desde el Mundial de 1930, en Uruguay, ya se avizoraba que el fútbol era una profesión de migrantes: todos llegaron en barcos, sin tiempo para entrenar. Viajes y más viajes. De hecho, Inglaterra e Italia declinaron la invitación porque “ese país está muy lejos”. Se ha dicho, además, que los técnicos tienen la maleta lista detrás de la puerta porque ese es su sino. Pacho y Luis han habitado tierras ajenas y extrañas porque se han encontrado con culturas, lenguajes, creencias, ritos y comidas que implican más extrañamiento, más respeto y adaptación para ampliar el panorama de sus propias existencias. Arabia, Tokio, Japón, México, Honduras, Ecuador y más y más países; de cada uno de ellos traen sus olores y valores que irrigan con sus palabras a quienes se han dejado formar. Maturana sostiene que hoy es más fácil salir a Europa; él fue el primer colombiano en hacerlo, para dirigir o jugar, y con toda la familia. Cuando él se atrevió, afirma, únicamente tenía ilusiones. Luis Fernando, por su parte, dijo en este evento que el fútbol es más bonito en los libros que en la realidad y alude, por ejemplo, a los textos de El negro Fontanarrosa. Escucharlos me dio la alegría de saber que les duele el fútbol, pero más aun la condición de quienes hacen parte de este fenómeno universal.

Nos contaron anécdotas sobre la “juntura” de las primeras letras, los primeros amigos, los maestros que los iniciaron en las canchas en las que la cal era un lujo para demarcar. Oí musicalmente que el fútbol forma el carácter y que es mejor el que se cuenta; que hay un factor determinante en tierras lejanas para que haya una adaptación más allá del idioma: la amistad. Ambos creen que su amistad es un regalo del fútbol y que siguen juntos por el mundo en tanto este juego prodiga sentimientos humanos que se eternizan gracias a que existe literatura.

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