Cortázar en las tablas

Y qué carajo si la casita era un sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva, liquidación forzosa, se remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía. Carta Abierta a la Patria. (Julio Cortázar)

Como en un juego divertido, desordenado y rompiendo esquemas, al igual que “Rayuela”, se encuentran nueve personajes jugando a descubrir entre ventanas chuecas, telas recogidas, maletas sin prendas ni zapatos, bombines, cuadros de Magritte y cartas sin leer; en definitiva, un universo que sólo quienes se han perdido en la literatura de Cortázar conocen.

Sus poemas, cuentos y novelas son el engranaje de esta puesta en escena que, más que un homenaje a un gran maestro de la literatura universal, es una buena excusa para inventar un mundo mágico en las tablas. Es como si las artes hubieran decidido aliarse y, de repente, teatro y literatura emprendieran una fechoría para deslumbrar y encantar al público. Esto es Mancuspias y otros juegos: una hora y media de magia al cuadro.

Cortázar perteneció al llamado boom latinoamericano y su legado guarda la esencia del surrealismo o realismo mágico que, en Mancuspias y otros juegos, toma vida cuando uno de sus personajes representa uno de los cuadros más conocidos del pintor surrealista René Magritte, El hijo del hombre, una de las inspiraciones más grandes del escritor argentino. Con esos referentes, la obra se convierte en un imaginario lleno de símbolos que nos transportan al mundo de este Cronopio, con sus juegos, sus poemas absurdos y su preocupación por darles vida a los objetos que forman parte de la cotidianidad del hombre.

Jorge Prada, director de Mancuspias y otros juegos y del Teatro Quimera, decidió que era importante transportar las letras, los personajes ficticios y los objetos de Cortázar al mundo del teatro. Luego del recorrido en obras como La tempestad de Shakespeare y De faustos, entre otras, Mancuspias era una prueba no sólo para salir de la zona de confort, sino también para narrar de otra forma, debido a la discontinuidad y la esencia de jugar con los tiempos, propia de Cortázar, lo cual implicaba construir una especie de rayuela en las tablas.

Rayuela, una de las novelas más importantes de la literatura universal, se entrelaza a medida que transcurre la obra con la poética, cuentos y cartas del autor. Cuando parece que todo va acabar, uno de sus cuentos más hermosos toma vida y es imposible no conmoverse con La Casa tomada, que sale de las hojas de los libros de Cortázar y está ahí frente a los espectadores, quienes siempre imaginamos esta casa, como una bruja sin piedad y malévola: podemos verla desalojando y sacando a dos ancianos tristes y desolados.

Para los amantes del surrealismo, de Magritte, de los cuentos y poemas de Cortázar, del mundo de “Rayuela”, de la bohemia parisina en las noches, del teatro o para aquellos que deseen desprenderse de la cotidianidad y el cansancio de la rutina, el plan perfecto es sumergirse hora y media en el mundo de Mancuspias y otros juegos, porque el arte es ese fenómeno que nos permite huir e inventar nuevas realidades al mejor estilo, en este caso, de Cortázar. 

 

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