Corto Maltés, la leyenda de un cómic

Aunque los fanáticos de la saga se oponen, este año la historieta continuará con dos guionistas españoles que buscan revivir al personaje creado por Hugo Pratt.

Estatua de Corto Maltés en la población de Angulema, Francia, inaugurada en 2009. / Flickr: Patrick Janicek

Rasputín: Finalmente, ¿aquel tesoro lo hemos visto o no?

Corto: Hemos querido verlo aunque no estuviera... pero... el tesoro está ahí seguramente. Escondido por demonios traviesos y refundido en los laberintos de nuestras preguntas y respuestas.

‘La casa dorada de Samarcanda’, Corto Maltés, Hugo Pratt.

Más allá de la sospecha que produce la noticia de que un artista diferente a Hugo Pratt continuará con la labor de escribir y dibujar esta historia, la pregunta sobre el próximo destino de sus aventuras nos ofrece la oportunidad de jugar con la fantasía, con el imaginario del marinero soñador.

Visto por primera vez en La balada del mar salado (1967), Corto cuenta con lectores de todas las generaciones a su disposición. En cuarenta y siete años estos lectores han creado un corpus temático de poemas, canciones, cuentos, crónicas, ensayos, novelas, adaptaciones para el teatro, películas y tesis de grado sobre la saga del marinero loco (o referidas a la obra de Hugo Pratt). Convengamos en que darle a otro autor la responsabilidad de continuar esta saga sea, al menos, un exigente reto creativo. Hablamos de un personaje que presenta una génesis histórica, estética y filosófica que lo hace único en su género, un cómic que permite acercarnos a numerosos imaginarios y episodios del siglo XX. Las historias de Corto reflejan una conciencia histórica no lineal, de la cual es inevitable que surjan preguntas sobre el presente y el porvenir. Es natural que la noticia de la próxima publicación en colaboración entre Rizzoli Lizard en Italia, Casterman en Francia y Holanda y Norma Editorial en España reciba la resistencia de los lectores nostálgicos y ortodoxos.

En el siglo XX las historietas superaron los niveles estéticos del entretenimiento juvenil, influenciaron la cultura y en ciertos casos supusieron un tema de estudio en las universidades. Uno de los responsables de esta evolución es Hugo Pratt. Para dar un ejemplo del nivel narrativo de esta fábula dibujada, revisemos unos cuantos datos de la biografía de Maltés, quien nace el 10 de julio de 1887 en La Valeta (Malta), hijo de una gitana de Sevilla (una de las modelos preferidas por el pintor Jean-Auguste Ingres) y de un marinero inglés. Su infancia transcurre entre Gibraltar y Córdoba, donde el joven es enviado a la escuela del rabino Ezra Toledano y se inicia en la cábala y el Zohar. Cuando una vidente descubre que Corto carece de línea de la fortuna, el joven toma una cuchilla de afeitar de su padre y se dibuja una a su albedrío en la palma de la mano.

A los siete años lo vemos en el barco Osborne, bajo el mando del escritor Joseph Conrad. Sus datos biográficos y las huellas de sus viajes son referidos por los personajes en las aventuras. La fama que precede a Maltés es grande y oscura, y el marinero encuentra siempre a alguien que conoce su vida y quiere descubrir el secreto de su destino (sobre todo las brujas, los chamanes..., a los cuales responde con ironía). Con trece años participa en la guerra de los Bóxers y en 1904 viaja a la Argentina, donde conoce el tango. Ese mismo año lo encontramos en la guerra ruso-japonesa, donde se hace amigo del escritor Jack London y encuentra al personaje que será su compañero y la idealización de su relación con la alteridad: un joven desertor del ejército ruso, el despiadado Rasputín.

En 1905 los amigos dan una vuelta por Chile y Argentina. En la Patagonia conocen a los bandidos norteamericanos Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place. Un año más tarde, en Ancona, Corto se hace amigo del portero de un hotel: un joven ruso revolucionario llamado Dzugasvili, el futuro Stalin.

Así es la vida de Corto: un día encuentra a James Joyce en Trieste, otro charla con un joven conductor de ambulancia llamado Ernest Hemingway, o viaja a Suiza con el profesor Steiner para conocer a Herman Hesse. Estas presencias no sólo son la evidencia de un pensamiento iconoclasta; todas las referencias a la historia y al arte forman parte de un entramado universo estético. Los parlamentos del pirata soñador que usa armas de fuego, busca tesoros, participa en las guerras y ayuda a los rebeldes de países como Irlanda o el Orinoco (mientras recita versos de Rilke y de Rimbaud) lo hacen plausible.

El domicilio legal de Corto es Antigua, en las Antillas, pero tiene otra casa en Hong Kong. El vivir siempre en búsqueda de algo, como si quisiera escapar de otra cosa, destaca su personalidad romántica y anárquica. Sus aventuras amorosas son fugaces, pero regresan en los recuerdos. Entre las chicas que están enamoradas de él, Pandora Groovesnore (personaje de La balada del mar salado) ocupa un lugar privilegiado en sus pensamientos, aunque él no la busque cuando sabe que están en la misma ciudad. A las estatuas de la isla de Pascua, en la última aventura pintada por Pratt, Corto les preguntará: “¿Miráis las estrellas? ¡También yo miro las estrellas!... Quizás también ‘ella’ mira las estrellas”. Ella, Pandora, desposa a otro hombre y se transforma en un amor imposible para el marinero. Pero no estamos seguros de ello, y es ahí el lugar donde se cruzan el sueño y la imaginación: existe una carta de Pandora en la que afirma que un hombre viejo llamado Corto Maltés vive en su casa y sus hijos lo llaman tío; pero al mismo tiempo sabemos que sus huellas se pierden en la Guerra Civil española, donde parece que ha desaparecido...

Su relación con la política no es menos interesante. Como pirata antepone sus intereses en los negocios, pero casi siempre termina por comprometerse con el reclamo de causas justas o desesperadas, aunque esto lo obligue a estar en contra de la ley o no gane nada al final de la empresa. Sobre Utopía de Tomás Moro, Corto dirá que no ha logrado terminarla.

El Maltés es uno que da limosna a los franciscanos, envía dinero a las sociedades secretas o destina su parte del botín a la casa del Greco en España. Como se encuentra inmerso en guerras de todos los continentes, es testigo de hechos históricos, como la muerte del Barón Rojo, el sangriento aviador alemán. Tal que gentilhombre de fortuna, es conocido por los militares y policías de los países a donde llega, responde a sus preguntas con ironías y desprecio, pero no es raro que haga amistad con sus torpes inquisidores en medio de una copa y un cigarrillo.

Corto usa un anillo dorado en la oreja izquierda, símbolo de anarquía.

En esta novela gráfica la historia es tratada sin temor pero con respeto, siendo particular la presencia de temas místicos y espirituales. El uso de símbolos religiosos y esotéricos, sean de las religiones monoteístas, de sectas o de creencias paganas, son abordados con cuidado y conocimiento. En el libro Las etiópicas (con prefacio de Umberto Eco), el marinero conoce a Cush, un guerrero dankali al cual se acerca cuando le confiesa que él no es un infiel sino un Ben Kain, un rebelde hijo de Caín que lucha por la madre. Junto a Cush conoce al chamán Samael y asisten a un extraño matrimonio en que el ángel caído, hijo del diablo y de la muerte, une a los novios bajo el nombre del profeta Enoch. En Fábula de Venecia cae del techo, por casualidad, en una reunión de la masonería; al preguntarle si es masón (un “artesano libre”), Corto responde que se contentaría con ser un libre marinero. En la caracterización del Maltés salen a relucir los conocimientos esotéricos de Hugo Pratt, cuyo antihéroe es un rebelde que quiere construir su destino en búsqueda de la verdad escondida en los misterios del mundo.

El 8 de octubre de 2015, en la feria de Fráncfort, será presentada la nueva aventura de Corto. Para continuar este viaje fueron elegidos Rubén Pellejero y Juan Díaz Canales, dos autores españoles con experiencia y reconocimiento en el mundo del cómic, quienes han heredado un reto con el marinero de Pratt, así como con una industria que promete un tiraje de 150.000 ejemplares. Patrizia Zanotti, amiga del maestro, colorista de sus obras y responsable de los derechos de sus personajes, afirma que el artista quería que su marinero lo sobreviviera en manos de otro autor. Parece que ella ha encontrado un agujero en la biografía del marinero, entre los años 1910 y 1915, que sería el lapso en el cual se desarrollaría la historia número 31. No obstante, otros medios avanzan en la hipótesis de que la trama recomenzará en el lugar en que se detuvo, esto es en el libro Mu (la última publicación dibujada por Pratt en 1992), que se desarrolla en 1925 en Suramérica, donde Corto y Rasputín buscan el continente perdido de la Atlántida.

Cualquiera que sea su próximo destino, los lectores tenemos la posibilidad de imaginar las huellas impredecibles de los sueños del marinero. Pero también de rezar para que el siglo XXI no logre domesticar la ironía y la lírica de Corto Maltés hasta hacer de él un simple producto al servicio de la industria cultural. 

Temas relacionados

 

últimas noticias