Gilles Lipovetsky

“Creo en la cultura para cambiar las cosas”

El hiperconsumo, el hiperindividualismo y el hipercapitalismo son algunos de los temas que explica Gilles Lipovetsky en su libro “La cultura- mundo. Respuesta a una sociedad desorientada”.

Gilles Lipovetsky fue invitado a Medellín por la Universidad Pontificia Bolivariana. / Cortesía.

Prender la televisión, ver la última serie, esperar con ansias el estreno de una película, comprar el último celular, ver la marca antes que la prenda de vestir. En contraste con negarse a estar a la moda, vestirse “económico”, comer “económico”, viajar en vez de comprar una casa, no tener hijos o tener muchos, y esto hoy sí, esto mañana no. El abanico de posibilidades para habitar la tierra se ha puesto sobre la mesa, y todas conviven dentro de la cultura-mundo. El hiperindividualismo y el hiperconsumismo son sus protagonistas.

Acercarse al libro La cultura- mundo. Respuesta a una sociedad desorientada, del sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky, es ver un reflejo del contraste y del relativismo y el capitalismo en el mundo actual, que ha desarrollado aspectos positivos y negativos, y donde, aunque no parezca, la cultura se ha convertido en el centro de todo lo que hacemos.

“Cuando se oye la palabra ‘cultura’ hay revólveres cerca. Pero los riesgos teóricos que comporta la empresa no son razón para olvidarse de ella. Esta ya no puede considerarse una superestructura de signos, perfume y ornato del mundo real: se ha convertido en mundo, en cultura-mundo”.

“Yo creo en la cultura para cambiar el orden de las cosas (…). Solamente la cultura puede bajar la presión, el apetito del consumo, yo pienso que si a ustedes les gusta tocar en una orquesta, hacer teatro, si ustedes escriben un libro, casi de golpe la pasión consumista no se destruye, pero hace que la producción baje y la consecuencia de esto es la escuela, es la educación, que es central, no las medida económicas”.

Según este pensador, esta sería una nueva etapa para la cultura en la humanidad, antecedida, en primer momento, por una época muy larga en la que era imposible distinguir de la esfera cultural autónoma lo político, lo religioso, lo mágico y las relaciones familiares. Más tarde surgió la modernidad, que coincidió con las democracias, lo que dio paso a sistemas autónomos con individuos que transformaban e inventaban por sí mismos, y esto a su vez contribuyó a una secularización de la cultura.

Es por ello que después de una ruptura de la concepción artística con estilos definidos, de la discontinuidad de las normas de vida cotidiana, las relaciones interpersonales y familiares, y la llegada del neoliberalismo económico, Lipovetsky expresa: “Nunca más volveremos a tener un mundo de certidumbre y equilibrios de antes. La era del código unificado del sentido se ha perdido para siempre”.

Satanizar el capitalismo no es la salida

Según expresó este pensador, y como lo afirma en su libro sobre la cultura-mundo, son reales las problemáticas que trae consigo el capitalismo, lo híper y el individualismo extremo, pero destaca que la salida no es la negación ni el rechazo definitivo a este sistema.

“Pienso que la buena vía es hacer críticas dentro del capitalismo, pero no alimentar el sueño, porque es engañar a la gente. Todo del mercado es una barbarie, pero la ausencia del mercado es la dictadura de un partido, entonces se necesitan los dos para que se pueda limitar”.

La cultura-mundo conduce a una uniformación global y a una fragmentación cultural, que genera en los individuos una libertad desorientada, donde se siente inseguridad, inestabilidad, a diferencia de otras épocas, en las que estas búsquedas personales eran catalizadas en un contexto dominado por dioses y por una estructura completa. Es por ello que el consumo se ha convertido en la máxima respuesta, se ha convertido en ese polo a tierra que busca saciar la pregunta sin respuesta.

“La cultura moderna no es sólo la cultura tradicional, en ella la gente vive de estructuras heredadas del pasado y vive bien con esto, pero a nosotros eso nos aburre, porque nosotros en la modernidad adoramos la novedad en todas las cosas (…). Nos gustan la diversidad y el cambio y eso es lo que el consumismo produce, necesita que todo cambie y también la cultura. No creo en la crisis del consumismo”.

Por otro lado expresa que la empresa no es el diablo y que las alternativas para el capitalismo han resultado desastrosas. Señala casos como: Rusia, China, Cuba, Corea del Norte, pues donde no está este modelo económico está la dictadura.

“La actitud constructiva es corregir lo que se puede corregir para que a pesar de todo, la sociedad continúe al crear riqueza, pero al mismo tiempo, no creer que el mercado tiene la mejor respuesta para todo: es ahí donde está la ilusión”.

La diversidad de producciones cinematográficas y audiovisuales, que no sólo se dan en la pantalla grande sino también desde los celulares y las cámaras portátiles, las que se comparten y se crean en internet; la competencia mercantil que da paso a una gran variedad de precios, a pesar de que los índices de pobreza sean notorios en el mundo; la variedad de posturas ideológicas donde reinan el relativismo y el extremismo; los múltiples canales de información, entre otros, son muestra de un mercado competitivo, desenfrenado, pero a la vez democratizado, donde el individuo tiene la última palabra.

“Lo que uno puede transformar en el sistema es para ir a lo mejor, intentar tener individuos responsables, darles herramientas para que sean actores de su vida, y el mercado no puede arreglar todo —entonces soy un liberal moderado— es bueno que haya una escuela fuera del mercado para permitir la democracia”. A pesar de que afirma que no hay otro sistema que reemplace el capitalismo y que la salida no es negarlo ni apartarse de él, es consciente de que dentro de ese complejo sistema se pueden hacer cambios y críticas que contribuyan al mejoramiento del mismo y ve como vías hacia ello la educación y la cultura.

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