Cuando la armónica no es un juguete

A pesar de que la U. Distrital no ofrecía el programa, Germán Pinilla se graduó de música con énfasis en armónica el pasado 5 de diciembre.

Germán Pinilla, armonicista profesional, dueño de 30 armónicas. / Cristian Garavito - El Espectador

Germán Pinilla tiene 30 armónicas. Cada una sirve para uno u otro estilo musical. “Tengo el juego de 12 armónicas afinadas en las 12 tonalidades mayores de la música occidental, el de las 12 tonalidades menores y unas cuantas más que producen sonidos muy graves. Son las que más me gustan, y las más difíciles de domar”. (Ver video de Germán tocando la armónica). 

- Pinilla narra su historia

A los 21 años ya había empezado a estudiar algo de piano básico. Quería estudiar música y hacer música, pero todavía no tenía una vocación instrumental clara. Empecé a tocar armónica porque escuché blues y me impactó enormemente. Al día siguiente fui a comprar una. No sabía nada, compré una cualquiera y empecé a experimentar con ella. Al principio fue todo un ejercicio de escucha, de grabar los programas de blues, de tratar de imitar lo que hacían a punta de oído. Luego me presenté a la ASAB, que es ahora la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. No tenía el nivel de muchos de mis compañeros que habían empezado a estudiar piano desde niños, así que a los tres semestres me retiré.

Iba frecuentemente a ensayos de músicos de jazz y flamenco. Así, poco a poco, me adentré en mundos sonoros distintos. Progresé rápidamente en la técnica del overbend para interpretar la armónica. Fui un autodidacta, porque no había profesores. Aprendí con internet y libros sobre teoría y armonía. En 2010, el Ministerio de Cultura sacó un programa que se llamó Colombia Creativa, cuyo objetivo era graduar y profesionalizar a personas que se dedicaran a oficios artísticos que, por alguna razón, no hubieran terminado sus estudios. El programa estaba abierto para que las universidades que lo implementaran abrieran las profesionalizaciones en distintas áreas. Abrieron éstas modalidades en la ASAB. Como había salido un poco decepcionado por lo que había pasado con el piano, vi allí una oportunidad de sentirme en paz con la ASAB. Reuní los papeles, presenté los exámenes, y desde un principio aclaré que mi instrumento principal era la armónica.

En la audición toqué un tango de Piazzola, un par de estándares de jazz, un vallenato de Alfredo Gutiérrez, una valsa, que es un ritmo brasileño, y un pasillo. A los 15 días, Viviana Blanco, la directora del programa, me dijo que les había gustado tanto que, tras hacer unas consultas legales en la profesionalización, sí era posible que me graduara con ese instrumento. Era lo que menos esperaba. Ingresé al programa. No tenía clases de instrumento porque no había maestros, lo que no quiere decir que me las sepa todas. Tuve que realizar un trabajo teórico de grado (un programa académico que contemplara la enseñanza de la armónica como carrera, semestre por semestre) titulado ‘Propuesta de un programa profesional de estudios para instrumento principal Armónica diatónica’, que tal vez pueda abrirles las puertas a estudiantes que quieran graduarse con énfasis en armónica en el futuro. Queda por delante un trabajo de visibilización del instrumento, porque aunque se sepa que está en el blues, a todos nos cayeron armónicas de la piñata, y la concepción de que es un juguete, o peor, un instrumento folclórico (en un sentido peyorativo) o discapacitado (por lo sencillo que parece usarlo) está muy presente.

- Una mirada a la armónica

La armónica es el instrumento más vendido por unidad en el mundo desde finales del siglo XIX. Su origen se remonta a la China antigua. Una historia transmitida oralmente cuenta que entre el 3000 y el 4000 a.C. una emperatriz le pidió a sus súbditos que construyeran un instrumento que tuviera una voz sublime, “la voz de Dios”. Así nació el sheng. Con los viajes de los europeos a Oriente en los siglos XIII y XIV, se recolectaron instrumentos que no fueron usados sino mucho tiempo después para hacer música en el continente. El primer instrumento parecido al sheng patentado en Europa fue la armónica, por Christian Buschmann, alrededor de 1820. Entre los registros históricos existentes, ese dato se toma como un punto de partida de la historia del instrumento en Europa.

El fabricante más conocido es Hohner, empresa fundada en 1857. En menos de 50 años, el relojero Matthias Hohner compró a todos sus competidores, los anexó a su empresa y empezó a ofertar publicidad en los modelos como estrategia comercial. A la hora de exportar el instrumento, Hohner y sus hijos apuntaron a personajes históricos de corte nacionalista para venderlos en otros países. “Hay una armónica ‘Pancho Villa’, si no me equivoco. La armónica ‘marsellesa’ se vendió en Francia, y la ‘gaucho’ en Argentina”, cuenta Pinilla. La guerra civil estadounidense aumentó la popularidad de la Marine Band, la más usada por los intérpretes de blues clásicos, que apareció en 1896 y sólo costaba 50 centavos. El instrumento, tan barato y tan fácil de cargar, llegó hasta las cárceles y plantaciones de algodón, por eso existe toda una tradición que consiste en imitar el sonido de los trenes (Railroad Blues, de Freeman Stowers). En tiempos de la Alemania nazi, los hijos de Hohner abrieron el Colegio de Música del Estado (1935), que ha graduado a miles de maestros en armónica.

En Europa, no hay ninguna música tradicional en la que la armónica sea el instrumento protagónico. En donde realmente fue llevada al extremo en sus posibilidades sonoras fue en Estados Unidos. Los desarrollos hechos por los intérpretes de blues son la piedra angular de cómo la armónica se interpreta ahora. “Sacaron, sin proponérselo, todas las notas en una armónica que no las tenía. Desde los años 70, Howard Levy encontró la manera de producir esas notas perdidas”, cuenta Pinilla.

La historia del desarrollo de la armónica empezó, entonces, hace menos de medio siglo. Es un instrumento muy joven, pero en ese lapso se ha inmiscuido en el jazz, el tango, la música brasileña y músicas fusionadas. No es claro cómo llegó a Colombia, pero está presente en la música del Caribe, en el vallenato, y en algunos rituales del yagé (al parecer la armónica llegó al sur del país por cuenta de la Armada, bordeando la costa Pacífica).

La armónica no se rige por el principio de digitación, que es algo que la diferencia de casi todos los instrumentos. “Tiene una dificultad adicional que es la invisibilidad. Por su tamaño, uno nunca ve lo que está haciendo. Con la práctica vas aprendiendo a ubicarte en el instrumento, con los labios, la boca, la lengua. En ese sentido se dificulta un poco la enseñanza, porque no puedes mostrar nada. Debes apelar a otros recursos, como imágenes, articulaciones, vocales. Eso hace parte del misterio de este instrumento”, dice Pinilla, quien se graduó el 5 de diciembre pasado con el título de Maestro en artes musicales con énfasis en interpretación en armónica de la U. Distrital.

 

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