Cuando el arte se vuelve política

La cantante rusa quiso apoyar a un teatro de Donetsk, en Ucrania, y terminó envuelta en una polémica por las supuestas intenciones ocultas detrás de este hecho.

La cantante rusa de ópera Anna Netrebko sostiene hoy la bandera de la llamada Neo Rusia junto a Oleg Tzarev, líder separatista de las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk. / Fotos: EFE

La cuestión iba a ser sencilla: Anna Netrebko, una de las cantantes líricas más populares actualmente, donaría cerca de US$19 mil para la casa de la ópera de Donetsk, en Ucrania. Aplausos, algunas palabras y listo.

Nada fue así de simple porque Netrebko es rusa, con ascendencia ucraniana, y la donación se hizo para un teatro en una zona controlada por los rebeldes ucranianos. Todo terminó por complicarse porque en la entrega del donativo, hecha en San Petersburgo, la artista terminó por posar en una foto junto con la bandera de Neo Rusia, una región que no existe físicamente, sino en cierta parte del imaginario nacionalista ruso y que se extiende más allá de las fronteras rusas hacia territorios de Ucrania, como Donetsk, por ejemplo.

Una causa noble, en principio, que terminó por convertirse en una pesadilla de relaciones públicas para Netrebko, en el mejor de los casos, pero que señala en el fondo la profundidad de las heridas de la guerra en Ucrania, las tensiones entre Rusia y una buena parte de Europa (incluyendo obviamente Europa del Este) y el papel político del arte que, sin duda, es un asunto que está ahí, latente, en todo este caso.

Netrebko aseguró que lo suyo no es la política, sino el arte, y que bajo esa lógica su donación era para la casa de la ópera, no para Neo Rusia, ni para los rebeldes de Donetsk (que buscan unirse con sus camaradas de armas de Lugansk, otro bastión separatista): el dinero es para reparar un teatro que fue dañado durante la peor parte de una guerra que no ha parado en el terreno (aunque haya un cese al fuego desde el 9 de diciembre, el tercero hasta el momento) y que ha devastado buena parte de las regiones del Este en Ucrania. “Tengo amigos en Donetsk, jóvenes músicos que me han dicho que su teatro ha sido destruido parcialmente. Quería ayudar con una donación porque creo en el poder del arte en tiempos de crisis y conflicto”, dijo la cantante a través de un comunicado.

Un poder que existe, es bastante real, además de útil. ¿Cuál poder? El del arte para transformar la vida de las personas, para interpretar la vida, la muerte, la guerra. Por supuesto. Pero también está el poder en pro del poder: el arte como una forma de política de Estado. Y la discusión, dirán, es vieja, pero no por eso menos importante: un debate en el cual aparece a veces el nombre de Wagner y la figura del nazismo aquí y allá, por mencionar sólo un ejemplo.

También se dirá, o se ha dicho, que el arte estatal, o al menos el que sirve como sustento para los burócratas, pierde su mérito artístico. Este también es un tema con cierto recorrido en el que quizá tampoco hay conclusiones definitivas.

En el caso Netrebko, a pesar de toda la relatividad del asunto, de la escasa certeza que hay en el fondo de la polémica, ya hay bandos e incluso acciones. La cantante solía ser la imagen publicitaria de Austrian Airlines, compañía aérea austríaca que decidió informar que el contrato que tenía con la artista había finalizado en noviembre, aunque sólo notificó públicamente el hecho hasta esta semana: “Nos distanciamos de las posiciones políticas extremas y del uso de la violencia armada”, se lee en un comunicado de la empresa. ¿Es una posición política extrema donar dinero para reconstruir un teatro de ópera?

Claro, está el tema de la foto. Los portavoces de Netrebko aseguran que no fue un momento planeado, parte del protocolo de la modesta ceremonia en San Petersburgo, y que la cantante, cuando recibió la bandera, no la reconoció inmediatamente, justo en el momento en el que fue tomada la fotografía. Posible, aunque habría que decir que la noción de Neo Rusia no es un asunto enteramente nuevo y que la guerra en Ucrania es también un tema presente en la vida diaria rusa, más aún cuando después de la anexión de Crimea el gobierno ruso debe financiar el crecimiento de una nueva parte de su territorio sacando dinero de sus propias arcas, cosas como los fondos de pensiones de algunos de sus ciudadanos.

Pero en este punto también hay que incluir en la historia que en la imagen no sólo sale Netrebko y la mencionada bandera, sino también Oleg Tzarev, el autoproclamado director del Parlamento de las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk, una figura de oposición que no ha sido reconocido formalmente por el estado ucraniano, que por cierto también tiene su propio Parlamento que sesiona en Kiev; la donación, de hecho, le fue entregada a este político separatista. De nuevo vienen las suspicacias y las preguntas incómodas: ¿Por qué posar junto con Tzarev? ¿por qué entregarle el dinero a él?

Las explicaciones de Netrebko gozan de cierto sentido, tal vez: Tzarev es, según la información que la artista maneja, la persona que podrá entregarle el dinero al teatro, ubicado en plena zona de guerra. Si la intención es ayudar a la casa de la ópera, pues la donación la tiene que manejar un agente reconocido que pueda llegar efectivamente hasta el lugar, argumentó la cantante. La inconformidad de algunos es que Tzarev no es un funcionario reconocido y, bajo la mirada del gobierno ucraniano, elegido popularmente, es un agente instigador del conflicto. Pero, ¿acaso debe importar esto si la discusión que hay de fondo es ayudar a una institución cultural y no hacer una declaración política?

Tanto Tzarev, como los separatistas de Donetsk y Lugansk, se hicieron a un importante golpe de opinión. En su cuenta de Twitter, el rebelde ucraniano escribió, junto con la foto de la polémica: “¡Anna Netrebko ha tomado la bandera de Neo Rusia!”.

Si lo dicho por la cantante es cierto, que su donación es un apoyo al arte, quizá la lección más importante en este tema sea: jamás confíes en un político.

 

 

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