Cuando el tamaño importa

Ramón (Patrick Delmas) cree que tiene un pene pequeño. Su esposa, Tatiana (Cristina Campuzano), cree que su marido le es infiel.

Ramón (Patrick Delmas) y Tatiana (Cristina Campuzano), la pareja de esposos protagonista de ‘La justa medida’. / Fotos: Ocho & Medios

“No es fácil decir estas cosas. Yo creo que tengo un problema. Bueno quizás no sea un problema. Yo creo que lo tengo un poco... pequeño”. Casi llorando, como si confesara una enfermedad o un crimen, Ramón (interpretado por Patrick Delmas) les cuenta a los espectadores cuál es su dolor de cabeza: el tamaño de su pene.

“Nadie me lo ha dicho, ni una mujer, ni un hombre. No, no vayan a creer que yo con hombres. Sólo con mujeres y, de hecho, hace rato sólo con mi mujer. Pero es que uno ve estas películas. Ustedes saben, estas películas. Y los tipos lo tienen... así”, dice, y separa sus manos unos 20 centímetros.

Luego viene Tatiana, su esposa (representada por Cristina Campuzano). “A mí me cuesta mucho hablar de esas cosas... de sexo. Las monjitas de mi colegio dele que dele con que eso era malo. Hasta el día de hoy a mí me toca ponerles nombres a las cosas... sexuales. Mi cosa se llama Tata. Y el único pipí que he conocido, antes del de mi esposo Ramón, se llamaba Felipe y estaba pegado al tarado de Andrés, que era mi novio de la universidad”.

Ramón habla pausado, como si cada palabra le significara un esfuerzo sobrehumano. En sus ojos hay siempre un cierto brillo que hace pensar que se la pasa llorando. Viste de saco y anda algo encorvado, como si los años le hubieran llegado antes. Tatiana, por su parte, parece una niña chiquita, anda por la vida con una sonrisa que denota ingenuidad antes que otra cosa.

Estas dos personas y su matrimonio de 15 años son los protagonistas de La justa medida, un largometraje de 90 minutos que narra con humor las vicisitudes de una pareja que afronta su primera crisis: él cree que tiene el pene pequeño; ella, que su esposo le es infiel con la modelo de la casa de modas que administran.

Alrededor de estas dos personas hay un mundo de personajes con dramas que hacen que nos identifiquemos con ellos o que, sencillamente, agradezcamos no estar en sus zapatos. Por ejemplo, una hija rebelde con un novio metalero —dark, dice él— que no habla. Durante todo el filme apenas pronuncia una docena de palabras, lo cual, curiosamente, excita a la adolescente que en medio de un acto sexual le dice vehemente: “Me encantan los hombres que no hablan”. Una joven que odia a sus padres “pasados de moda”, quienes intentan acercarse a ella poniendo en práctica los consejos de un experto que no tiene hijos.

También hay un par de amigas con problemas en el amor. La primera no quiere comprometerse y ve a los hombres como objetos sexuales. Y ya. La otra se acaba de divorciar de un deportista famoso, alto y atractivo, al que no puede olvidar. Tatiana se esmera por presentarle hombres que considera perfectos y ella no hace más que recordar al amor de su vida, que la cambió por una mujer muchos años menor. Todos los hombres huyen espantados.

Y a eso hay que agregar a los personajes que componen la casa de modas que administra esta pareja en crisis: Guido, Jessica y Rocco. El primero es el insufrible diseñador que no quiere hacer ropa para modelos sino para mujeres normales. La suya es una lucha por la justa medida de la moda. Jessica, por su parte, es la modelo que quiere conquistar a como dé lugar a Ramón y hacerse un lugar en el mundo del lujo; es la mujer que pone a prueba el matrimonio de Ramón y Tatiana, e incluso la seguridad de una Tatiana que siente que ya no es lo suficientemente atractiva.

Y Rocco... Rocco es el “maestro” de Ramón en lo que al sexo se refiere. Su fama de semental lo precede y eso lleva a Ramón a preguntarle qué hacer con su vida sexual, cada vez peor: la respuesta es una serie de hilarantes consejos (como el uso de palabras sucias o particulares juguetes sexuales) que, para ser sinceros, salen todos mal. Al final todo es sólo la mezcla de unos seres humanos como nosotros, con las dudas propias de una sociedad en la que la talla, el aspecto y el desempeño son lo importante: la sociedad de la liposucción, el aumento de senos o, cómo no, del pene.

Para corroborar que el tamaño les importa mucho a los colombianos, Ocho & Medios, los productores de La justa medida le pidieron al Centro Nacional de Consultoría que les preguntara a 200 hombres y 200 mujeres si el tamaño era importante. El 36% de los encuestados dijo que el tamaño era importante o muy importante. Ese mismo porcentaje dijo que el tamaño ideal del miembro viril era: grande.

Sea como sea, la obsesión por el tamaño puede llevar a un hombre a la desesperación. Ramón es la muestra de ello. Sin embargo, al final este largometraje le demuestra al espectador que el tamaño del pene es lo de menos si se compara con el tamaño, por ejemplo, de la creatividad o el amor. Sentimientos que —pese al cliché que encarna la frase— no hay cirujano que pueda cambiar.

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@juansjimenezh

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