Cuatro décadas de arte colombiano

La colección de Suramericana se inició con una obra de Alejandro Obregón, ‘El caballero Mateo’, hace 40 años.

Santa Teresa’, de David  Manzur (lápiz y pastel).
Santa Teresa’, de David Manzur (lápiz y pastel).

El caballero Mateo, un óleo figurativo pintado por el maestro Alejandro Obregón en 1965, domina la sala de exposiciones del Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. A su alrededor se encuentran colgadas 58 obras de artistas colombianos pertenecientes a diferentes épocas y estilos, a través de las cuales se puede leer la historia de las artes plásticas de nuestro país en el último siglo.

Anoche se inauguró la exposición Cuatro décadas de arte colombiano, Colección Suramericana, una muestra heterogénea que sintetiza un esfuerzo de cuatro décadas de responsabilidad social empresarial dedicado a la cultura: “Entender que el cuidado de la calidad de vida, lo mismo que el desarrollo integral de los individuos y las comunidades, nos ha llevado con naturalidad a asumir el impulso de la cultura como un compromiso imprescindible dentro de nuestra gestión empresarial. La realización de proyectos investigativos y editoriales, el apoyo a diversas instituciones y actividades culturales son, entre otras, expresiones de esta voluntad que nos acompaña”, dice Gonzalo Pérez, presidente de Suramericana.

La exposición que se presenta en la Tadeo es una muestra representativa de una colección que hoy supera las 500 obras. Uno de los gestores principales de la iniciativa fue el señor Jorge Molina, antiguo presidente de Suramericana, quien en 1972 adquirió El caballero Mateo. Aunque quizás esta fue una compra que obedeció más a un gusto personal que a una política cultural de la compañía, en el fondo significó el germen de uno de los proyectos culturales corporativos más importantes en Colombia. Hoy, además de Suramericana, empresas que hacen parte de este grupo empresarial, como Cementos Argos y el Banco de Colombia, lideran proyectos dedicados a las culturas populares e indígenas en diferentes regiones del país.

La colección siguió creciendo, y en 1973 recibió el cuadro Homenaje a Cezanne, óleo de gran formato del maestro Fernando Botero. Esta obra materializa la influencia que ejerció la cultura mexicana en la obra del pintor antioqueño. Los colores pasteles y las formas crudas de sus líneas son gestos inequívocos de la admiración que sentía Botero hacia los grandes muralistas mexicanos del siglo XX. A esta obra la siguió La cazadora de mariposas, de Enrique Grau, una pieza que introduce la atmósfera dramatúrgica que se impondría en el conjunto de su obra.

La adquisición de estas primeras piezas pertenecientes a grandes maestros le brindó un enorme impulso a la colección. A partir de allí se ampliaron los criterios de selección y compra, y de paso se institucionalizó una postura ecléctica que permitió la llegada de obras de estilos tan disímiles como el figurativismo de Jarrita blanca (Santiago Cárdenas, 1998) y propuestas abstractas como Amansadores (Luis Fernando Roldán, 1997).

Se volvió tan amplio el espectro de la colección que en los años siguientes ingresaron, a la par de prometedores artistas del momento, cuadros de paisajistas y modernistas de comienzos del siglo XX, como Andrés de Santamaría (Bailarinas, 1936) y Pedro Nel Gómez (Calle de Florencia, 1928). En el libro La colección de arte de Suramericana, el escritor Carlos Arturo Fernández explica que “… las obras de la colección se eligen a partir de un gusto amplio y personal que revela una profunda sensibilidad y conocimiento. No sólo se observa con atención lo que ocurre en el arte contemporáneo de entonces (conviene recordar que es la época de las bienales) sino que, al mismo tiempo, se está abierto a una valoración de la historia. Y la unión de esta doble apertura no era muy frecuente en ese momento”.

En las dos décadas siguientes, y bajo la dirección de Nicanor Restrepo, la colección experimentó un crecimiento exponencial, tanto en número de obras como en madurez conceptual, lo que la perfiló como una de las iniciativas culturales más importantes del país. Por años, la sala de exhibición, ubicada en el lobby de la sede principal de la compañía en Medellín, se convirtió en uno de los espacios más innovadores y en un punto de encuentro de intelectuales y artistas. Restrepo pronunció las siguientes palabras en la inauguración de una exposición en 1987: “La consecución de esta importante muestra de la plástica no se ha hecho con un criterio museográfico, por cuanto en su mayoría se han adquirido de nuestra galería, espacio donde hemos promovido y concertado encuentros del público con pintores y escultores de diferentes épocas, tendencias y lugares geográficos. Tampoco se ha pensado al adquirirlas en hacer una inversión que aumente el patrimonio económico de la compañía, sino que se ha pretendido apoyar las artes plásticas y destacar la labor del hombre. Pero, además, es indispensable resaltar que la Colección de Arte de Suramericana no es un hecho aislado sino que corresponde a una manifestación del mecenazgo empresarial en el campo de las artes plásticas”.

La exposición que se presenta ahora en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano tiene la virtud de resumir en pocas piezas un esfuerzo de cuatro décadas de coleccionismo. Con una curaduría a cargo del arquitecto e historiador Alberto Sierra, esta exposición lleva al espectador a través de un recorrido no lineal que ilustra los altos y bajos de nuestra historia como nación.

 

 

* Editor revista Summus