Cuatro géneros compiten en el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

Novela, ensayo narrativo, cuento y crónica literaria visten las obras que componen la nómina de finalistas.

 

Cerca de cien libros de narrativa -ésta en el sentido más amplio de la palabra- fueron postulados por 43 editoriales durante la segunda edición del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana (PBNC), estímulo promovido por la Biblioteca de la Universidad Eafit, el Grupo Familia y Caracol TV. De once libros semifinalistas, dados a conocer días atrás, fueron recientemente escogidos cuatro como finalistas: ¿A dónde vas?, de Tim Keppel; El año del verano que nunca llegó, de William Ospina; Corea: apuntes desde la cuerda floja, de Andrés Felipe Solano y, finalmente, La forma de las ruinas, de Juan Gabriel Vásquez.

Como una decisión unánime, el jurado calificador compuesto por Mario Jursich, Carmen Bravo, Juan Diego Mejía, Juan Esteban Constaín (ganador de la primera edición del Premio) y Juan Villoro, quien lo preside, aumentó la nómina dada la calidad. Asegura el escritor mexicano que cada obra merecería un análisis detallado: “Fue muy estimulante leer otros libros para llegar a esta elección, que arrojó cuatro que bien podrían estar acompañados con tantos otros como finalistas. Me da gusto escoger éstos porque pertenecen a cuatro géneros literarios distintos: cuento, ensayo narrativo, crónica y novela, lo cual hará muy fecundas nuestras discusiones”.

Aclara, asimismo, las virtudes de los destacados. El de Tim Keppel, dice, reúne relatos de la vida cotidiana con una extraordinaria economía de recursos propia del género del cuento. Ocurren todos estos en parajes diversos donde hay una mirada que viaja entre uno y otro, y hay un cruce interesante de fronteras geográficas y culturales. El de William Ospina es una exploración por algunos de los mitos culturales más significativos de nuestro tiempo: el de Frankenstein y el del vampiro. El de Andrés Felipe Solano, por su parte, es una crónica muy informada sobre Corea, uno de los países de Oriente que menos se ha trabajado desde la literatura latinoamericana, y el de Juan Gabriel Vásquez es un vasto fresco que indaga dos asesinatos políticos de Colombia desde la época contemporánea a partir de la ficción. Vásquez, asegura, busca responder los interrogantes que no ha podido contestar la historia.

“Creo que esas cuatro miradas expresan la enorme originalidad y capacidad de ejecutoria de la literatura colombiana contemporánea”, argumenta Villoro, y está convencido, además, de que el riesgo y el beneficio de estos concursos, o bien la virtud y dificultad, son un balance subjetivo, pues no se trata de una ciencia exacta ni de un deporte de alto rendimiento. “Colombia y México tienen vasos comunicantes: a veces Colombia parece México en cámara rápida o México parece Colombia en cámara lenta. La literatura es sin duda parecida, puesto que la cultura también lo es”.

Para Juan Gabriel Vásquez, quien terminó su novela en septiembre de 2015 y que, dicho sea de paso, contiene esta dosis de autobiografía, es un honor estar en esta nómina, sin embargo, asevera que no estuvo al tanto de la producción literaria del país como hubiera querido. Dicho esto, sí estuvo atento a la creación de sus contemporáneos y descubrió estrategias y métodos admirables. “La novela, como género, tiene predominancia en la creación literaria en Colombia, pero los lectores dan cuenta de que las crónicas, los relatos, los cuentos testimoniales, las autobiografías o las mismas antologías de crónica periodística que se producen son magníficas, y se puede hablar de una madurez con la que la literatura ha llegado a canibalizar en el país”. El escritor considera, de igual forma, que este premio nació con una vocación de llenar un espacio en la literatura colombiana que era necesario, visión que implica el procedimiento que se ha escogido de selección y que lo convierte en un estímulo que busca ser un referente y que posiblemente -estima- se está logrando.

Para otro de los jurados, Jursich, quien es también un asiduo lector, esta selección refleja la gran diversidad que hay en la narrativa colombiana en este momento, donde el diario íntimo se combina con la literatura de viajes, donde existe un híbrido entre la investigación histórica y la novela en el sentido tradicional del término, y donde la literatura permite interesantes digresiones sobre la sociedad occidental, la ecología, la nacionalidad colombiana, los mitos y un largo etcétera (hablando de una en particular). Pero no es todo, para él, el caso de Tim Keppel es bien peculiar, porque es un escritor norteamericano, que por supuesto escribe en inglés, aunque lleva más de 20 años en Colombia, y sus cuentos son, inequívocamente, nacionales. Dice, además, que no es el único caso: “Hay por lo menos 10 o 12 escritores colombianos escribiendo en inglés, así que si nos creemos eso de que Colombia es un país plurilingüe, como está consagrado en la Constitución, a mí me gusta mucho la idea de que el inglés también sea uno de nuestros idiomas literarios”.

Entre las 99 obras presentadas no sólo el bajo porcentaje de literatura femenina es uno de los aspectos que se subrayan, sino también la cantidad de libros que circundan el género de novela histórica con sus múltiples licencias. Para este jurado no es una sorpresa que tal cosa suceda, dado que Colombia, al estar preguntándose muy seriamente por su futuro, debe hacer inevitablemente un balance del pasado. “Hay un impulso muy fuerte entre los narradores colombianos por revisitar el pasado, no sólo hechos muy conocidos, sino también pequeños rincones inexplorados de la historia. Creo que esa característica que estamos viendo en la narrativa colombiana, que también es una característica de la cultura, existe desde hace por lo menos 25 años: la literatura en nuestro país está sufriendo la tentación. Desde Gabriel García Márquez hasta los escritores más jóvenes hay una presencia muy fuerte de eso que, a falta de un título mejor, llamamos novela histórica”.

Este reconocimiento tendrá un único ganador y será conocido el próximo martes 26 de enero, durante el Hay Festival Medellín. El ganador recibirá $40 millones y una escultura del artista Hugo Zapata. Cada finalista recibirá $5 millones.

 

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