Cuba: una isla donde unas veces se habla y otras se calla

Hay preguntas que no deben hacerse y respuestas que se desconocen o que no se pueden dar.

Esta frase resume mi experiencia en Cuba. Desde el momento en el que el turista llega a La Habana aprende que para conocer este lugar tiene que establecer un pacto con los cubanos. Uno creerá en la versión que ellos le cuenten de la historia de su país. Aquí no se tiene acceso a la historia que aparece en los libros sino a la que se transmite de boca en boca, de cubano a cubano. Afuera puede haber muchas versiones, adentro, sólo una es válida y es la que ellos siempre tratan de imponer al turista. Sin embargo, se tiene la impresión de que a la historia que ellos cuentan le hace falta una parte. Hay palabras que no se dicen y verdades que se evitan.

El cubano no añora tener lo que otros poseen, sus pertenencias son las mismas que las de sus demás compatriotas. Cada mes recibe la ración de alimentos que le corresponde según el número de miembros de su núcleo familiar. Toda regla tiene su excepción. Hay cubanos que gozan de privilegios, y son los que trabajan para el Gobierno. Todos lo saben, pero nadie se queja. Cada quien tiene lo que por ley le corresponde y con eso basta.

El acceso a la educación es gratuito y obligatorio hasta los diecisiete años. La universidad está reservada para los mejores promedios, pero aquellos que no cumplen con este requisito pueden hacer una carrera técnica. El Estado los ayuda a ubicarse en un trabajo que les da la posibilidad de completar sus estudios universitarios gracias a su buen comportamiento laboral.

Los salarios para los profesionales son bajos, por eso algunos han dejado de lado su profesión y se han dedicado al turismo. En esta actividad pueden ganar en un día lo que antes ganaban en un mes. No obstante, hay quienes prefieren seguir trabajando para el Estado. Esta situación ha hecho que muchos jóvenes desistan de la idea de estudiar. Si están desempleados, el Gobierno les da un subsidio que les permite sobrevivir. Los cubanos se conforman con lo que tienen. Saben que si no consiguen trabajo, el Estado les brinda ayuda. Ellos viven el día a día y no piensan en el futuro. En medio de todo, están seguros de que el régimen los protege.

En Cuba hay temas de los que no se puede hablar. Los cubanos se reúnen en el parque central de La Habana para hablar de deportes. Aunque sus gestos y el tono de voz dan para pensar que están tratando de arreglar el país, no es así. En la isla no se habla de política. Es un tema que sólo le interesa al Gobierno, por lo que el pueblo confía en las decisiones que éste tome. Están convencidos de que la ley está hecha para su beneficio, por eso no opinan al respecto.

Existen dos monedas en el país: el peso cubano, o moneda nacional, y el cambio unificado cubano (CUC), que fue creado en 1992 para competir con las monedas extranjeras. El turista jamás tiene acceso al peso cubano; a donde quiera que vaya se ve obligado a pagar en CUC. Los lugareños aseguran que las dos monedas tienen el mismo valor. Lo cierto es que un CUC equivale a veinticinco pesos cubanos y hay lugares en los que sólo se puede pagar en moneda nacional.

El turista transita siempre por las mismas calles. Pareciera que algunos lugares le estuvieran vetados. No es así. Hay sitios a los que ni los propios cubanos se acercan. No les interesa. Están cómodos en los lugares que les han sido asignados y no ven la necesidad de moverse de ahí. En un principio, esto puede chocar al turista, pero todo hace parte de ese pacto que debe sellar con los nacionales para descubrir su país. Aceptar las reglas es fundamental para tener una buena estadía en la isla.

Por todas partes se ven banderas de Cuba, pero el día de mi llegada estaban a media asta. La razón era el luto nacional por la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Él compartía muchas ideas políticas con el gobierno cubano. Este era el homenaje que los cubanos podían hacerle a un hombre que siempre estuvo de su lado. Además de las banderas, los museos, cinemas y otros sitios de interés estaban cerrados o sólo abrían media jornada. El dolor los embargaba, sentían su futuro vulnerado. Perdieron a uno de sus más grandes aliados. El periódico Granma dedicó todas sus páginas a los detalles de la vida del “comandante”. En la última página, en un recuadro en la parte inferior, anunció los cambios que se darían en la isla durante los tres días de luto. Este acontecimiento hizo que mi experiencia en Cuba fuera diferente. Hubo lugares a los que no pude entrar. Tendré que volver para completar mi aventura.

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