Cultura de ida y vuelta 

Entre exposiciones exitosas y críticas de algunos sectores, así va la temporada colombiana en Francia.  

Una de las muestras en Nantes del año Colombia-Francia. Cortesía

Si la gala del 23 de junio en la Filarmónica de París, a la que asistieron los presidentes Santos y Macron, fue el comienzo protocolario oficial de la Temporada de Colombia en Francia, la inauguración popular fue  el 27 de julio. Sólo hasta esa tarde, con la apertura de la Playa Colombia en las orillas del Sena, la mayoría de la comunidad colombiana de París se enteró de que centenares de eventos que tenían como protagonista la cultura del país estaban organizados durante el segundo semestre del 2017.  Aunque el clima no ayudaba, fueron tantos los colombianos presentes para ver al cantante de tropipop Fonseca, que las autoridades de policía tuvieron que suspender el evento: la época no está para reuniones de multitudes en espacios abiertos.  

“Vine a saber hasta hoy lo de la temporada. Yo pensaba que cuando vino Santos había venido a hablar de política” decía uno de los asistentes. 

La Playa Colombia, una muestra efímera de gastronomía y artesanías, era  sobre todo una invitación a descubrir el resto de la programación. En los días que siguieron, las paradas de autobus de París fueron invadidas por afiches en referencia a la que sin duda es hasta ahora la más importante  operación de promoción de la cultura colombiana en Europa.  Entre la venida del Buque Gloria al puerto de Brest, la gira de Puerto Candelaria y la presencia de músicos colombianos en los Festivales de Hip – Hop de París y de rock de Belfort, tres eventos que han marcado las primeras diez semanas de la temporada.  

Los nidos gigantes de Saint-Merry 

“Cuando la gente venga a la misa de las once el domingo va a encontrar algo diferente” dice el padre Michel Bourdeau de la Iglesia de Saint-Merry, a dos pasos del Centro Georges Pompidou de arte moderno. Los fieles del templo, designado por el Arzobispado de París como encargado de desarrollar los lazos entre la iglesia y la cultura, están acostumbrados: desde hace cuarenta años, Saint-Merry ha sido la escena de decenas de exposiciones, performances y conciertos de música vanguardista y desde hace diez la iglesia se ha especializado en presentar artistas que aún no han entrado en el circuito de galerías francesas 

“Yo sé” dice el padre Bourdeau “Pero esta vez van a encontrar algo verdaderamente diferente”.  Lo que van a encontrar son nidos de oropéndolas. Los nidos gigantes del artista colombiano Alejandro Tobón. 

“La primera vez que entré a Saint-Merry, en donde en ese entonces exponía el artista argentino Pedro Marzorati, comencé a soñar que Alejandro podría intervenir en este espacio” dice Luz Elena Montoya. Montoya es una de las cinco mujeres al frente de un equipo de 35 personas sin las que, según  Tobón, jamás hubiera sido posible exponer en París.  

La idea tomó forma cuando Tobón comenzó a estudiar los planos y fotografías que la administración de la iglesia ha acumulado a partir de los trabajos de los artistas que allí han expuesto anteriormente. 

“¿Lo notó? Aquí no hay candelabros que cuelguen del techo” dice Tobón. “Cuando me di cuenta de eso, supe de inmediato que tenía que imaginar algo que viniera desde el techo. Algo que, sin ser arte religioso nos obligara a reflexionar por qué ya no miramos al cielo” 

La propuesta de Tobón, nueve nidos colgantes entre dos y cinco metros de altura construidos con madera recuperada en las calles de Medellín, fue  elegida para la exposición de verano, la más larga del calendario artístico de Saint-Merry. “Una decisión unánime” dice Bourdeau “El trabajo de Alejandro es como un toque de magia que pone a los muros a dialogar entre ellos” 

“Sus esculturas interrogan al mismo tiempo la anarquía urbana y la eecología” dice el crítico Frédérique Chapuis, quien dedicó un artículo en la revista Telerama a la exposición de Tobón 

Los jaguares en el Castillo Real. 

“¿Qué forma tiene el yagé?” pregunta una visitante del Castillo de Los Duques de Bretaña a la guía que acompaña un grupo escolar. La joven se interrumpe en su explicación, que habla de jaguares y murciélagos y en medio de su respuesta en francés utiliza la palabra “bejuco”, que no logra traducir. Uno de los niños pregunta si comiendo yagé puede transformarse en un jaguar de oro. 

Es el tipo de discusiones que ocurren por estos días en el Castillo de los Duques de Bretaña, en Nantes, 400 kilómetros al suroccidente de París. Dentro del programa del Festival de Verano de la ciudad, que incluye una exposición de la obra del artista suizo H.R. Giger y una prisión transformada en templo del arte callejero, la municipalidad ha dedicado un pabellón a una muestra de los tesoros del Museo del Oro de Bogotá. La selección de 223 objetos, que incluye máscaras, pectorales, joyería y figuras rituales, fue expuesta en México, Londres y Nueva York antes de llegar a Francia como parte de la programación de la Temporada Colombiana. 

“La variedad permite de mostrar los diferentes estilos realistas o más geométricos” afirmaba la directora del Museo del Oro María Alicia Uribe a su llegada a Nantes para la inauguración “y además resaltar  que cada sociedad tenía su técnica, algunas preferían el martillado otras la cera perdida”. 

“Nunca había visto un trabajo de orfebrería así de fino, así de delicado en los detalles. Las piezas más pequeñas son de una delicadeza que nunca había visto en otras culturas” dice André Blashck.  austriaco y joyero de profesión que en sus vacaciones de  este verano recorre Normandía en bicicleta. 

Imágenes para contar Colombiana 

A finales del 2013 fueron los “Nocturnos “del Museo del Quai Branly dedicados al trabajo de Juan Manuel Echavarria, Miguel Angel Rojas, Oscar Muñoz y Fernell Franco, en el 2015 la exposición, esta vez en solitario, del trabajo de Franco en la Fundación Cartier. Este año son 28 los nombres colombianos que, bajo el título colectivo « La Vuelta » y la curaduría de Carolina Ponce de León y  Sam Stourdzé hacen parte de la muestra de los Encuentros Fotográficos de Arles, el más importante evento de fotografía en Francia.  

Junto a figuras consagrados como Juan Alejandro Restrepo y Juan Fernando Herrán (además de Echavarria, Rojas y Muñoz), el trabajo de varias fotógrafas en ascenso nacidas en las décadas de los setenta y ochenta. Llama la atención de un público complacido de descubrir que la fotografía colombiana esta llena de nuevos rostros, muchos de ellos femeninos. Además de la obra de  como Andrea Acosta , Liliana Angulo y Carolina Caycedo, Anne-Claire Meffre, crítica para el semanario Figaro Madame  destaca la serie Ellas de Karen Paulina Biswell (nacida en 1983) señalando « Un cuestionamiento a la feminidad, a sus estereotipos y a la mirada masculina. Todo esto se traduce por los retratos de mujeres sensuales y afirmadas frente al objetivo».   

Para completar de abrir el panorama, los Encuentros incluyen, además de “La Vuelta”, la exposición paralela La Vaca y la Orquidea  en la que el inglés Timothy Prus presenta su colección de fotos de todo tipo recolectada en más de diez años de viajes a Colombia y que incluye desde imagenes de Barranquilla en el siglo XIX y muestras del trabajo de Manuel H. y Luis F. Osorio hasta decenas de clichés anónimos rescatados de los archivos de los fotógrafos callejeros bogotanos. 

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Los inconformes 

A pesar del éxito de la Temporada Colombiana, existen críticas tanto de algunos de los artistas seleccionados, como de varios gestores culturales instalados en Francia. Los primeros señalan que si bien el “label” de la Temporada ayuda a interesar al público, en muchos casos el apoyo se limita a autorizar el uso de la etiqueta, obligando a los artistas a conseguir por sus propios medios patrocinadores para sus gastos personales además del transporte y montaje de las obras. “Hubo algunos que al saber que tenían que asumir sus costos prefirieron renunciar” dice el miembro de uno de los colectivos que fue seleccionado “Otros para venir  a los lanzamientos tienen que tienen que hacer colecta entre sus familiares y quedarse en casas de amigos”. 

Un segundo sector que muestra sus reservas es el de los artistas residentes en Francia, quienes consideran que no se les consultó lo suficiente a la hora de la selección. Para el gestor cultural Jorge Humberto Muñoz Villarreal, los curadores fallaron al no dar importancia a las manifestaciones más tradicionales, privilegiando en la programación artistas y expresiones que encajaran con el gusto europeo “Eso no ocurrió cuando se organizó el año de Brasil en Francia. En esa ocasión, las expresiones populares y folclóricas tuvieron un lugar de honor” señala.  

Lo mismo lamenta Antonio Rivas, musico quien desde hace treinta años trabaja en la promoción del folclor colombiano en Europa “Da lástima dejar pasar de largo una oportunidad como esta y muchos colegas piensan lo mismo. No nos vemos representados en esa cultura escéptica y sin olor a guayaba que están promocionando» afirma el maestro acordeonista.   

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Lo que viene 

La temporada colombiana en Francia durará hasta el 17 de diciembre. De aquí a esa fecha, el público francés y los colombianos en Francia podrán asistir a eventos como la gira de Mapa Teatro (en Lyon, Douai, Dax y Lille), la exposición de estatuas de San Agustín en el Museo del Quai Branly, el Festival de Comida Callejera de Lyon dedicado este año a Colombia, dos exposiciones en Burdeos (una dedicada a Beatriz Gonzalez y otra a la arquitectura de Bogotá) y una serie de conciertos en el Teatro del Ateneo que incluirán a varios músicos de la escena contemporánea (Teresita Gómez, Meridian Brothers, Mario Galeano, Natalia Valencia, Pedro Ojeda  y Edson Velandia) acompañados por el pianista Alphonse Cemin y la orquesta Le Balcon