Homenaje al escritor antioqueño

Darío Jaramillo Agudelo y la necesidad de escribir

Por el libro ‘El cuerpo y otra cosa’ el escritor resultó ganador del más importante galardón de Premio Nacional de Poesía. Aquí un perfil del escritor antioqueño.

Archivo Cromos

Un ser humano que busca hacerse cargo de sí mismo busca, delante de todo, encontrarse por algún medio. La escritura para algunos es el mejor camino. Así parece ser para Darío Jaramillo Escobar.

Nació en Santa Roso de Osos, un municipio localizado en la subregión norte de Antioquia, que como muchos, tiene una manera particular en hacerse notar como si fuesen una familia. Así pasó con él. Recorría el pueblo, que ahora tiene un intento de ciudad, de un lado al otro para visitar a cada familia de sus abuelos. Todos los vecinos eran como hermanos, sentía que no había nada que envidiar de los otros lugares en el mundo.

Aunque siempre estuvo en compañía de los suyos, de ese calor humano sólo queda el recuerdo de su niñez. Ahora sus creaciones dependen de la soledad y de la construcción que crea a partir del silencio.

Sus poemas, que llegan y no se piensan en algunas ocasiones, son diferentes a sus novelas que siempre están propuestas con un principio y un fin antes de empezarlas a escribir. Darío Jaramillo es un poeta y ensayista que cree en la inspiración, pero no cree que sin ella no se hace nada.

Este poeta, que ha estado catalogado como los mejores de la generación desencantada, prefiere lo simple que lo complejo, por eso sus creaciones están siempre con la exactitud de las cosas pensadas y no permiten en su mayoría una equivocación por los términos utilizados.

Con tan sólo 13 años se acercó a la literatura con textos de León de Greiff . Así, sus inclinaciones por los versos fueron siendo en Darío Jaramillo la puerta para encontrar un espacio en la vida, una inclinación de sus sueños. De esta manera Jaramillo es uno de esos escritores que relee y se sorprende porque encuentra algo nuevo. Valora y no desmerita quien se encarga de leer y escribir, reconociendo estas características como necesidad de su vida.

Estudió derecho y economía en Bogotá, y como no eligió ser escritor, tampoco prefirió ser abogado ni economista.  No escogió escribir como profesión porque siente que no debería ser así. Más bien, ha utilizado la escritura como una forma de sobrevivir, una necesidad que le permite desbordarse y le crea una adicción inmensurable.

Darío Jaramillo prefiere un punto suspensivo a la hora de retomar la escritura que un punto final. Él es de los que cree que es mucho mejor volver a la escritura cuando esta está en su mitad, en vez de cogerla desde un punto final porque es necesario crear una nueva idea.  De la misma manera cree que para el oficio de escribir es necesario seguir asombrándose de lo que encuentra en la literatura, precisando que esta manera es una de la más efectiva para aprender sobre la escritura.

Empezó escribiendo novelas sin saber cómo se hacía. Con el poeta Jaime Jaramillo Escobar iban a publicar una revista que se llamaba Poesía y Cartas, la cual no salió nunca al público.  Así, su primera novela La muerte de Alec, la escribió como si fuese una carta, porque era el único recurso narrativo que creía entender por los años que llevaba escribiéndolas.  

Prefiere pasar la vida caminando despacio y tomándola con cautela, utilizando la noche para dormir y el día para trabajar sin afanes. Su vida constantemente ha estado luchando por una construcción cultural, ya sea como gestor de ella o utilizando sus letras como un puente para esto.

 

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