De Beethoven, para todos y para siempre

El próximo 10 de Noviembre se cumplirán 100 años de la primera grabación completa de una obra clásica, la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, que se realizó en Berlín, Alemania.

La grabación fue hecha en Berlín por la compañía Gramophone Company y la obra fue ejecutada por la Orquesta Filarmónica de Berlín, la Berliner Philharmoniker, por aquellos días a 31 años de haber sido fundada y cuyo director principal era entonces uno de los íconos de la dirección orquestal, el húngaro Arthur Nikisch.

En visión retrospectiva, el primer intento formal de convertir la música en distracción pública data de principios del Siglo XVI, con la presentación, por el Duque de Mantua, de la Ópera ‘La fábula d’Orfeo’ de Claudio Monteverdi. “Hasta aquella fecha, el papel de la música había sido funcional, -como parte de un servicio eclesiástico o como acompañamiento de danzas,- o para el deleite personal de sus ejecutantes (por ejemplo, los ‘madrigales’). Aquella audiencia fue, en un principio, principalmente aristocrática, y, por supuesto, excluyente, si bien fue creciendo durante los últimos años del Siglo XVII, hacia un núcleo de personas que ya podían pagar por ese privilegio.” “Bajo este esquema, la primera forma de entretención pública, con música, fue la ópera, la cual, como bien se sabe, había sido una invención de la última década del Siglo XV, para concretarse y dar inicio a toda una Era, con la apertura del primer Teatro de Ópera público en Venecia, en el año de 1637”.

En cuanto al proceso gradual de conformación del concierto ‘al público’, “…en el Continente Europeo se dio de dos maneras, una, por cortesía o liberalidad de los patrocinadores de aquellos conciertos privados (príncipes, princesas, o nobleza en general, pero, en todo caso, para audiencias cuidadosamente seleccionadas), y la otra, mediante sociedades dedicadas exclusivamente a propósitos artísticos.

En Italia y Francia, las ‘Accademia’, y en Alemania y Austria los ‘Collegium Musicum’ “El estilo alegre de Johann Cristian Bach y otros compositores que vivían en Londres, era el de la música que podía escucharse en Vauxhall y en Ranelagh House, en aquella ciudad, a finales del Siglo XVI”. “La ‘Royal Philharmonic Society’, centro vital de la vida musical de Londres, después de la Leipzig’s Gewandhaus Concerts, es la segunda más antigua organización de conciertos en el mundo. Aunque nunca se ha considerado como una ‘orquesta’, siempre ha sido el soporte fundamental para aquellas en Inglaterra. Su primer concierto se realizó en los Argyll Rooms en Marzo de 1813. Y fue, en 1825, la Philharmonic Society la que encargó a Ludwig van Beethoven la composición de una sinfonía, previo el envío de 100 Libras Esterlinas. Hoy, uno de sus más preciados tesoros es la esquela, de puño y letra del mismísimo Beethoven, con la dedicación, nada más ni nada menos, que de su Novena Sinfonía, la cual dice: ‘Grosser Symphonie geschrieeben für die Philharmonische Gesellschaft in London’”.

En Viena, en los días de Wolfgang Amadeus Mozart, los conciertos públicos se realizaban en el Mehlgrube y en el Parque Augarten, muchos de ellos con la presencia del Emperador Joseph II y su madre, Maria Theresa. En Francia, la actividad de conciertos al público se concentró en París, en las series de Concerts Espirituels por la Academie Royale de Musique y en los Concerts de la Loge Olympique. En Italia, la mayor parte de la música orquestal durante el Siglo XVIII estuvo ‘al servicio’ de la ópera, si bien, a finales del siglo anterior, varias instituciones de caridad como La Pietá en Venecia, tuvieron señalada actividad en la difusión pública de la música, en especial la de Vivaldi”.

“Durante el Siglo XIX, fue ciertamente asombrosa la proliferación de instalaciones y eventos para la difusión de la música hacia el público. Aunque la ruta para el concierto público, tal y como hoy se presenta, pudo ser diferente en varios países y diferente aún en varias ciudades del mismo país en Europa, el efecto fue el mismo: los conciertos dejaron de ser propiedad exclusiva del lujo y de la opulencia”.

En los Estados Unidos, la evolución de los conciertos públicos guarda estrecha semejanza con tal proceso, en sus etapas cercanas a la actualidad. Por ejemplo, “El esquema que Henry Lee Higginson, fundador de la Orquesta Sinfónica de Boston en 1881, trazó para la orquesta, fue el de dar a los bostonianos la oportunidad de disponer de conciertos regulares de ‘buena música’, a bajo precio. Habrían de seguir series anuales de ‘conciertos de primavera’, los cuales formaron la tradición de los famosos ‘Boston Pops’ “. En 1937, la Radio Corporation of América, la RCA, creó, exclusivamente para el gran Director italiano Arturo Toscanini, la Orquesta Sinfónica de la NBC, (National Broadcasting Corporation), famosa, no solamente por la serie de conciertos radiales y televisados desde el Carnegie Hall de Nueva York, sino por las numerosas grabaciones de música coral, ópera y música sinfónica, para la RCA Victor y los más prestigiosos sellos del mundo. El Auditorio Hollywood Bowl es, desde 1947, la residencia de verano de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles”.

Desde los finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, se formularon los principios teóricos de la grabación y reproducción del sonido. En 1877, el poeta y físico francés Charles Cros presentó, ante la Académie de Sciences, el principio teórico de grabación y reproducción del sonido mediante un aparato que inventó, el ‘Paléophone’. Cros nunca llegó a construirlo. “Por increíble que parezca, ese mismo año de 1877 el norteamericano Thomas Alba Edison, sin conocer siquiera al científico francés, en su laboratorio de Menlo Park, Now Jersey, inició su proyecto para una máquina, el ‘Fonógrafo’, curiosamente con fundamento en el principio en el que se basó el aparato de Cros que nunca se construyó. Tres meses después, el 6 de Diciembre de 1877, el fonógrafo de Edison estuvo ya construido y fue probado el 22 del mismo mes. En aquella fecha, se realizó entonces la primera grabación de la historia”.

El fonógrafo se exhibió con mucho éxito en la Exposición Internacional de París en 1899, y fue allí en donde atrajo el interés del inventor norteamericano Alexander Graham Bell, por mejorar su diseño y lograr más amplias aplicaciones. “Se trataba de superar la limitación de la corta duración de los cilindros en papel de estaño y de perfeccionar los mecanismos para su movimiento”. “Vinculado en 1878 a los Laboratorios de Alexander Graham Bell, el norteamericano, de origen alemán Emile Berliner inició una serie de estudios y experimentos para un aparato basado en una superficie redonda, para remplazar el cilindro del aparato de Edison. Se desarrolló, entonces, la superficie redonda con recubrimiento de laca, para ser recorrida por una aguja, cuyo giro y vibración se trasmitía a una bocina. Tal fue el nacimiento del ‘disco’, como Berliner lo denominó. Poco tiempo después, Berliner también inventó y patentó un sistema para producir, en serie, copias a partir de un disco original”. En cuanto al aparato desarrollado por Berliner, su diferencia sustancial con el de Edison era el empleo de discos, en lugar de cilindros.

En 1897, ya como empresario independiente y después de numerosas batallas en cuanto a las patentes, su compañía, la National Gramophone Company, se unió con Eldridge Johnson, en las labores de mercadeo de los Gramófonos (nuevo término, acuñado para diferenciar los aparatos de Edison y Berliner). Poco tiempo después, en 1898, Berliner y Johnson decidieron ampliar sus operaciones fuera de los Estados Unidos, fundando sucursales en Inglaterra y en Alemania. La de Inglaterra se llamó Gramophone and Typewriter Company, para convertirse, años después en la EMI de nuestros días. La de Alemania, se llamó entonces Deutsche Grammophon Gesellschaft, tal y como sigue llamándose actualmente. “A los pocos años, en 1900, Eldridge compró a Mark Henry Barraud, pintor y diseñador del Prince’s Theatre, los derechos de reproducción de un cuadro suyo, titulado ‘Perro mirando y escuchando un fonógrafo’, en el que aparecía ‘Nipper’, un perro de raza Jack Russell Terrier, prestando atención a un gramófono (originalmente, frente a un fonógrafo de Edison, cambiado y retocado por solicitud de Eldridge al comprarlo), para convertirlo en la famosísima imagen de marca, ‘His Master’s Voice’, ‘La Voz de su Amo’, que Berliner empleó como marca de la Gramophone Company en Inglaterra y en los Estados Unidos”. “En 1902, Berliner y Johnson establecieron una nueva firma en Norteamérica, la Victor Talking Machine Company”. La Radio Corporation of America, la RCA, la firma que permanece en los Estados Unidos, aún utiliza en sus discos (LP y CDs) el emblema de ‘Nipper’ frente al gramófono y ‘La Voz de su Amo’, en tanto que en Europa se conserva también la imagen de ‘Nipper’, y la marca ‘His Master’s Voice’, HMV, para los discos”.

Seguirían, durante los primeros años del Siglo XX, los primeros intentos para que la música comenzara a hacer su aparición en todos los sistemas de grabación, originalmente orientados hacia la captura, casi exclusiva, de mensajes sónicos de voz.

“Así, por ejemplo, en 1906, el gran violinista húngaro Joseph Joachim realizó algunas grabaciones cortas de su arte. Otro de los grandes del violín, el austríaco Fritz Kreisler, también realizó algunas grabaciones cortas en 1910”.

Sin embargo, el verdadero debut de la grabación de música ocurrió el 10 de Noviembre de 1913, cuyo primer centenario se celebrará en Noviembre del presente año de 2013, “…en la ocasión en la cual se realizó la primera grabación completa de una obra clásica, la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven. La grabación fue hecha en Berlín, Alemania, por la compañía Gramophone Company, y la obra fue ejecutada por la Orquesta Filarmónica de Berlín, la Berliner Philharmoniker, por aquellos días a 31 años de haber sido fundada, y cuyo director principal era entonces uno de los íconos de la dirección orquestal, el húngaro Arthur Nikisch”. “El proceso de grabación se desarrolló mediante un procedimiento acústico primitivo, consistente en agrupar, incómodamente, la orquesta (disminuida forzosamente en un número considerable de sus instrumentistas), frente a una gigantesca corneta receptora y canalizadora del sonido. No obstante, el sonido que se obtuvo es ciertamente aceptable, para provenir de tan precarias condiciones acústicas, y, por sobre todo, por el incuestionable clasicismo de su ejecución, que es también una muestra de la legendaria técnica de Nikisch en el arte de dirigir las orquestas.

La obra final se emitió en cuatro discos HMV de 12 pulgadas, de 78 r.p.m., en plástico shellac, y con un costo total de 12 Libras Esterlinas”. En 1982, con ocasión de la celebración de los 100 años de la Orquesta Filarmónica de Berlín, la EMI publicó el Álbum ‘Berliner Philharmoniker 100 Jahre, Ausgewählte Tondokumente’ de 5 LPs, el primero de los cuales es, precisamente, la versión, (ya en formato LP), de la grabación de la Quinta Sinfonía de Beethoven por la Filarmónica de Berlín y Arthur Nikisch comentada en el párrafo anterior, y cuyo centenario se celebrará el próximo 10 de Noviembre.
El año de 1932, marcó otro de los más señalados logros en la naciente técnica de grabación de música. La filial italiana de la Gramophone Company, realizó la primera grabación completa de una ópera, ‘Ernani’, de Giuseppe Verdi, emitida en un álbum de 45 discos de 12 pulgadas, con una sola cara grabada.

En cuanto a la técnica de grabación propiamente dicha, siguieron complejas etapas de consolidación y perfeccionamiento, tales como el uso del micrófono de condensador, como parte fundamental del primer procedimiento para la grabación eléctrica de la música en 1925, por la Victor americana y la Columbia y, en 1935, con “…la primera grabación sobre cinta, la ‘grabación magnetofónica’, hecha por la compañía alemana Telefunken-AEG, hasta llegar, en 1948, al formato de Larga Duración, LP, en 33 1/3 r.p.m., y microsurco, desarrollado por la Columbia Broadcasting System , CBS, de los Estados Unidos, para llegar, en los primeros años de la década del 50, a la estereofonía, en buena parte también desarrollada por la CBS”.

“Todas las anteriores consideraciones, corresponden a un esquema de constante perfeccionamiento, el cual conduce a los altísimos niveles de excelencia en las ultra modernas técnicas actuales para grabación y reproducción del sonido”.

No resulta exagerado entonces poder decir que, a cada uno en su época, a Arthur Nikisch, a Wilhelm Furtwängler, a Herbert von Karajan, a Claudio Abbado y a Sir Simon Rattle (su director actual), les haya sonado tan distinto la Orquesta Filarmónica de Berlín, cuando ahora es posible escuchar, establecer y comprobar esas diferencias.
Tampoco es difícil estar de acuerdo con el concepto en relación con la Orquesta Filarmónica de Viena, a la cual “…muchos catalogan como la más ‘fina’ de todas las agrupaciones sinfónicas del mundo, apreciación a la que contribuye, sin duda, el hecho de utilizar aquella, especialmente en las secciones de vientos y metales, instrumentos antiguos o de diseño antiguo, de construcción muy especializada”.
Pocos discuten el hecho de que la Real Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, otra de las mejores agrupaciones sinfónicas de Europa, se dispute el primer lugar, en el mundo, con la Filarmónica de Berlín y la Filarmónica de Viena.

Igualmente, es bueno “…leer acerca del fervor, casi religioso, con el que el público asistía a un concierto de Otto Klemperer dirigiendo la legendaria Philharmonia Orchestra en los años sesenta en Londres.” Sus grabaciones, siempre serán emblemáticas.
También, hablar de la Orquesta de Cleveland, como “…una de las ‘cinco grandes’, (la Filarmónica de Nueva York, la Sinfónica de Chicago, la Sinfónica de Boston y la Filarmónica de Los Ángeles) en los Estados Unidos y una de las mejores en el mundo, es fama que aquella logró con apoyo técnico y permanencia de 20 años, del gran director húngaro George Szell”.

En el ordenamiento secuencial de los períodos en los cuales han estado comprendidas las escuelas de música, en los géneros coral, instrumental y de cámara, orquestal, y operístico, algunos ejemplos del acervo de obras musicales, unas, aunque al ser interpretadas ahora sólo son evocadoras de los ya remotos tiempos en los que fueron compuestas y ejecutadas, y otras, -las más,- aquellas que en alguna ocasión de nuestros días, se ejecutaron a escena viva y por irremplazables intérpretes, en registros que ahora permanecen en la tranquila expectativa de las cintas magnetofónicas, o en la de los ultramodernos dispositivos digitales de grabación: “…la profunda expresión de los oratorios, suites y conciertos de Juan Sebastián Bach”; “…la perfección técnica de los conciertos grossos de Arcangelo Corelli”; “…las sonatas para teclado de Scarlatti”; las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi, como entre las primeras obras descriptivas de la naturaleza por medio de la música; “…la solemnidad de los oratorios y la Música del Agua, de George Frideric Handel”; “…la exultante alegría de las obras de cámara, operísticas y sinfónicas de Wolfgang Amadeus Mozart”; la belleza y la dimensión humana y sobrenatural de la música de cámara y la música sinfónica de Ludwig van Beethoven; la estructura monumental de la obra musical de cámara y sinfónica de Johannes Brahms; la chispeante euforia que proyectan los ‘crescendos’ de las óperas y la música orquestal y de cámara de Gioacchino Rossini; el sublime romanticismo de la música instrumental y orquestal de Frédéric Chopin; “…el cambiante claro-oscuro del paisaje musical de Claude Debussy y de Maurice Ravel”; el dibujo de la campiña bohemia en “…el despliegue orquestal de las sinfonías de Antonin Dvorák”; la indescifrable tristeza de las sinfonías de Tchaikovsky; la vislumbre del cosmos que nos dan las sinfonías de Gustav Mahler; el esplendor del imperio de Austria-Hungría y de la Belle Époque que se evoca en la música de los Strauss y de Jacques Offenbach; la fastuosidad de las óperas de Georges Bizet, de Giacomo Puccini y de Giuseppe Verdi; “…la hipérbole sonora de la música de Richard Strauss”; “…la grandiosa solemnidad de los Festivales de Bayreuth y de las óperas de Richard Wagner”; la música de Igor Stravinsky, el compositor de ‘La Consagración de la Primavera’, “la más grande partitura del Siglo XX”; la apacible belleza y bravura del paisaje norteamericano que se evoca en la música de Aaron Copland, y de George Gershwin; y la increíble contemplación del abismo atonal que se dibuja en la música de Arnold Schoenberg y de Alban Berg. Hasta aquí, una brevísima exposición que sólo se refiere al campo de la música clásica. En el terreno de la música popular, los dominios de las técnicas de grabación y difusión de la música, son abrumadoramente más extensos.

Entonces, el aniversario que se va a celebrar el próximo 10 de Noviembre, representa también el nacimiento de toda una Era, durante la cual, para bien de la Humanidad, las grabaciones y los discos, en todas sus formas y formatos, hicieron posible que todos los Auditorios del mundo llegaran a las salas de casa.


Bibliografía:

HANNA, Michael. ‘A record Aniversary’. Gramophone, July 2013 issue
EMI . ‘Berliner Philharmoniker, 100 Jahre – Ausgewählte Tondokument. EMI, 1982

HOLOMAN, D. Kern. ‘The Orchestra- A very short Introduction’
GRAMOPHONE. ‘April 1973, Golden Jubilee issue’

PEREZ de A., José Luis. ‘Historia del sonido grabado’. Salvat S.S. de Ediciones

HURD, Michael. ‘The Orchestra’. Phaidon Press Ltd., London

SCHOLES, Percy. ‘The Oxford Companion to Music’. Oxford University Press, London

Temas relacionados