De cuerdas y susurros

Balanescu estará en Cartagena hoy a las 11 a.m. y 4 p.m. en la Capilla Sofitel Legend Santa Clara. Su presentación con entrada libre será mañana en la Plaza San Pedro.

Alexander Balanescu nació bajo el mandato de un régimen comunista. Su padre, un profesor universitario, sabía el agua que corría por Bucarest y toda Rumania por la década de los sesenta, cuando el pueblo apenas se preparaba para rendirle culto a la personalidad de Nicolae Ceausescu, gobernador de lo que fue la República Socialista de Rumania, toda su familia partió de allí para nunca regresar.

Viajó junto a su violín dando saltos, pequeños saltos que lo llevaron a Israel, Londres y Nueva York. Viajes en los que estudió cómo convertirse en el mejor amigo de ese violín que le prometía alegría eterna. En las tardes londinenses, al mucho tiempo de haber salido de Rumania, Alexander recordó con la sonrisa de quien gana la primera batalla todas las colaboraciones que había realizado para Matrix, Gemini y la London Sinfonietta. Entre muchas otras que venían.

Balanescu es un susurro, un juego que se repite. Es drama o seriedad, lo clásico o lo moderno. Son pocas pretensiones hechas melodía. Existe Alexander Balanescu, el músico que nació el 11 de junio de 1954 en Rumania, aprendiz de Dolly Koritzer, Yair Kless, Bela Katona y Dorothy Delay. El intérprete del ciclo de canciones Pierrot Lunaire, escrito por Schoenberg, y Black Angels, de George Crumb, ambas piezas utilizadas en el mundo de la danza por el Ballet Ramberts durante su ensamble “Mercury”. Balenescu, el hombre, también interpretó su instrumento para el London Contemporary Dance Theater, dirigió por más de 14 años el ensamble musical de Michael Nyman y a través de giras mundiales comprendió los miles de mundos que se sostienen gracias al arte.

Pero el mundo está lleno de cómplices. Un latido, uno solo, al principio inconsistente y con sonidos eternos, le dijo a Balanescu, el hombre, que dentro de su cuerpo no vivía sólo él. Habría que vivir un nuevo nacimiento, así surgió —en 1987— Balanescu, el cuarteto de cuerdas. Desde sus inicios han colaborado con músicos tanto clásicos como no clásicos, entre los que se destacan Michael Nyman, Gavin Bryars, Kraftwerk y David Byrne. Alexander le dio a ese nuevo ser flexibilidad, lo hizo el centro de su universo, ese que venía preparando desde los seis años cuando por primera vez tocó un violín, y dejó que su cuarteto de cuerdas interactuara con la electrónica y la música dance.

En 1987 los integrantes originales de Balanescu eran Clare Connors (segundo violín), Bill Hawkes (viola) y Caroline Dale (violonchelo). Para ese momento el cuarteto interpretó obras de John Cage, Kevin Volans y Robert Moran. En 1992 y en respuesta a lo que A. Balanescu piensa: “Es una puesta en escena que espero pueda ser expresiva, con raíces en la música tradicional, electrónica, pop, charlestón y folk”, el cuarteto grabó, bajo el sello discográfico independiente Mute Records, Possessed, un álbum en el que se hicieron transcripciones acústicas de cinco piezas de la banda alemana Kraftwerk. Durante 1994, su tierra natal lo reclamaba con dolor y se lo daba a conocer en sus notas; Pippo Delbono, director del documental Amore e carne y en el que él colaboró, comentó: “La primera vez que escuché a Alexander Balanescu tocar su violín, percibí en su arte un cierto grito del alma”. Ese mismo año tituló su nuevo trabajo, en honor a su país, Luminitza, palabra con raíces rumanas que en español se acerca a “pequeña luz”; “Un poco de esperanza en la oscuridad, que aún después de la caída del régimen totalitario de Ceausescu en 1989 sigue envolviendo a Rumania”, dijo Balanescu.

Los siguientes años se vivieron a tope, Balanescu colaboró con la banda sonora de la película Ángeles e insectos, de Philip Haas, y apareció en álbumes de Bryars y de la banda británica de rock Spiritualized. En 2000 compuso la partitura completa para la película italiana Il partigiano Johnny y lanzó al mercado Lume lume, el resultado de ocho músicos dirigidos por él durante los cuatro días del festival Ars Electronica, en Austria. En 2005 llegó Maria T, un álbum que evoca el espíritu de Maria Tanase, una de las más grandes voces del folk en Rumania. Su más reciente trabajo, The island (2005), contó con la colaboración de la cantante Ada Milea, el resultado es una miniópera con textos hilarantes y absurdos que tuvieron su génesis en las obras La isla, del escritor surrealista rumano Gellu Naum, y Robinson Crusoe, del inglés Daniel Defoe.

El mundo Balanescu está lleno de violines flotantes que determinan a su antojo la existencia de quienes los tocan y han encontrado en el mar Caribe un cálido hogar durante el desarrollo del Cartagena Festival Internacional de Música. Balanescu, llamándonos con pequeños susurro, nos espera.

 

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