De Roca, a propósito de Harold Alvarado

Transcribimos esta carta del poeta Juan Manuel Roca, a pedido suyo, como respuesta a una entrevista de Ángel Castaño con Harold Alvarado que publicamos en este espacio quince días atrás.

Querido Fidel: 
 
Veo asombrado una entrevista que le hacen en el  "Magazín" de "El Espectador" a Harold Alvarado Tenorio. Hat,en sueco quiere decir Odio,y en verdad es lo que destila este personaje. 
 
No quiero darle lecciones de periodismo a usted, ni más faltaba, pero una cosa es la democracia y otra, muy otra, la promiscuidad,
 
Como bien lo sabe, trabajé de planta (y no propiamente en el jardín botánico) en El Espectador durante más de 10 años y antes de hacerlo fui su colaborador desde el número 2 del Magazín Dominical, por invitación de Fernando Cano y Guilermo González Uribe.
 
Son suficientes años como para que usted sepa que no soy un simulador desde la ideología que finge ser de izquierda por conveniencia, en un país donde lo que en verdad conviene es girar a la derecha, dar el bandazo, cambiar de andén. 
 
Qué cosa más anacrónica, reaccionaria se decía con más vehemencia en otros tiempos y conservadora en el peor sentido, resulta pensar que uno tiene que ser derechista porque su padre o su familia lo fueron. Si esto fuera así, usted debería ser libertario como su padre, o liberal en el mejor sentido, como el otro don Fidel. 
 
Se que el señor de marras, un poeta malogrado que ataca a diestra y siniestra a quienes tienen una figuración que añora o envidia, tiene amigos en una sección lastimosa que ahora llaman Magazín, ¡vaya!, y que fue tan importante desde el nacimiento del diario en la calle de "El Codo" en Medellín hasta los días de Fernando y Marisol Cano. 
 
Se que un corresponsal al que llamaríamos poco ético, para no entrar en el dicterio, llamado Ángel Castaño, y que hace rato pasó de castaño a oscuro, celebra en su periódico todas las barbaridades del indigesto y amargado señor del que le hablo. Pero eso lo hace, y lo lamento, desde su carácter permisivo, apreciado Fidel, pero vaya uno a saber si esa es su idea bien intencionada sin duda, de inclusión y democracia.
 
Si usted revisara mi actitud y mis posiciones, antes, en y durante mi trabajo cotidiano en "El Espectador", podrá ver cuál fue y sigue siendo mi manera de ver el mundo, el país, la ética, la política y la estética. Nunca he sido incoherente, ni hay fisuras entre lo que pienso y lo que escribo. 
 
No solo soy yo el tergiversado, calumniado y agredido. Lea todo lo que escribe este señor con sus propias heces, sobre todo el que asome la cabeza, especialmente si el atacado de turno no es otro mandadero del uribismo, y sabrá, si no lo sabe, de qué le hablo.
 
La de este mal libelista es la misma táctica que en materia política funciona desde una brutal derecha colombiana: calumniar a todo el que disiente. Para qué le hago el listado de calumniados y tergiversados, Fidel, pues resultaría cuento de nunca acabar.
 
Repito: no le quiero dar lecciones de periodismo, pero una cosa es la democracia y otra la promiscuidad. 
 
Escritos como los del alienado del que hablo envilecen a su diario, el mismo diario ejemplar donde los polemistas, argumentales y no difamatorios, se llamaron Baldomero Sanín Cano, Luis Tejada, Hernando Téllez, Fernando González, Gabriel García Márquez, Luis Vidales, Ciro Mendía, Héctor Rojas Herazo, y paro la lista para no agobiarlo. 
 
Los asuntos ideológicos no se heredan, aunque Alvarado sí lo haga, pero aún resuena en mi memoria lo que me manifestaba su padre libertario, don Fidel Cano Isaza. Su padre me dijo varias veces. a su libre paso por las escaleras del periódico que usted y yo subimos tantas días, o en sus visitas afectuosas al Magazín, una publicación de la que me enorgullezco por haber pertenecido, muchas, pero muchas y estimulantes palabras, cálidas y elogiosas sobre mi trabajo.
 
A propósito de mi labor en "El Espectador", su padre afirmaba que lo que yo hacía, en compañía de Marisol Cano Busquets y Claudia Antonia Arcila, era "dignificar el país". Lo recuerdo, particularmente, agitando como un pañuelo una edición de la revista que hicimos en homenaje a Cioran.
 
Que algunos no sepan que no hay que confundir la crítica con el camorreo, la difamación con el análisis, vaya y venga, pero que usted sea uno de ellos, la verdad, duele más que ofende. 
 
Le ruego dar curso a esta carta en el que ha sido mi periódico desde la adolescencia hasta hoy y que no tenga que invocar un derecho a la réplica por su intermedio, pues yo, como tantos a los que injuria el señor Alvarado, no voy a hacer de ese patético personaje mi interlocutor. Ni más faltaba, mi querido Fidel.
 
Reciba mi aprecio de siempre, Juan Manuel Roca. 
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