"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 8 horas

De santa a Venus ardiente

La historia de la dama ejemplar María de la Piedad transformada en Venus ardiente entra a la galería de la historia universal del erotismo de la mano de José María Eça de Queirós, uno de los más grandes escritores portugueses.

/ iStock

Una hermosa rubia, casada con un hombre inválido, vive su cotidianidad en un constante y sumiso marchitamiento. Sus tres hijos también están enfermos y a ellos dedica sus horas como si fuera una esclava de los males que padecen los miembros de la familia.

Así es su vida desde los veinte años: enclaustramiento, soledad, cansancio. El pueblo la ve como una santa. Había aceptado en matrimonio a João Coutinho, aunque ya estaba enfermo, para sacar de la miseria a su familia, y para no soportar más los gritos de la madre y las borracheras del padre.

La visita de Adriano, un novelista primo de su esposo, rompe por completo la armonía. El hombre quiere visitar la hacienda de su padre para ver la forma de venderla y Coutinho le dice que vaya con su esposa, muy capacitada en administración. Adriano la elogia, ruborizándola por primera vez en su vida. Le dice “ángel que entiende números”.

A ella le gusta andar con él y Adriano queda impresionado de su belleza, de su dulzura y de su tristeza. “Le parecía absurdo e infame cortejar a su prima. Pero, involuntariamente, pensaba en el exquisito placer de hacer latir aquel corazón que no estaba deformado por el corsé y poner, al fin, sus labios en un rostro en el que no hubiese maquillaje”.

En medio del recorrido, Adriano le dice que le gustaría quedarse en el pueblo para estar junto a ella y hasta le asegura que se haría molinero para no irse. “Y de repente, sin que ella se resistiese, la tomó en sus brazos y la besó en los labios, con un solo beso, profundo e interminable”.

Aun así, el novelista prefiere partir, pero le deja encendido el deseo y la certeza de que es posible vivir la vida de otra manera. Empieza a leer sus libros y a creer en amantes que trepan balcones. En las noches ansía “dos brazos fuertes como el acero, que la apretasen con un abrazo mortal, dos labios de fuego que, con un beso, le aspirasen el alma”.

María de la Piedad ya no desea ser la santa sometida, la enfermera de un marido lisiado y de unos hijos débiles. Desea abandonarse a las pasiones, estremecerse en el amor.

“El romanticismo mórbido había penetrado tanto en ella, y le había hecho ansiar tan profundamente el ser amada, que llegó el momento en que bastaría que un hombre la tocase para que ella se derrumbara en sus brazos”.

Y así sucede.

Temas relacionados