TEMPORADA 2019 DEL NATIONAL THEATRE LIVE
contenido-exclusivo

Decisiones de riesgo

Un drama basado en hechos reales sobre un accidente aéreo en la Segunda Guerra Mundial.

Sally Field en “Todos eran mis hijos”. / Johan Persson

Unas 71 personas mueren en un accidente aéreo, donde la mayoría eran jóvenes jugadores de fútbol del Chapecoense. 21 jóvenes pilotos, soldados estadounidenses, mueren en accidente aéreo por fallas en dispositivos del motor. ¿Qué tienen en común accidentes de este tipo? Una decisión. Simplemente una decisión. Y es una decisión que puede acarrear la vida de muchas personas o podría ser que no. La cantidad de combustible tan exacta que llevaba el vuelo de los jugadores de fútbol habría podido durar la exacta distancia en kilómetros para la que debería durar y lograr aterrizar en la ciudad destino, sin importar la no existencia de combustible de reserva. El capitán de vuelo asume el riesgo, pues ya había tomado en otros vuelos decisiones similares y nada había pasado. Y en el otro caso, las culatas defectuosas de los cilindros para aviones P-40 eran dispositivos que podrían no haber sido usados o que simplemente hubieran podido, de llegar a usarse, no haber colapsado. Nada les habría pasado a esos 21 jóvenes soldados que pilotaban sus respectivos aviones. Estas son decisiones de último minuto en el cual quizá se guarda la esperanza de que nada ocurra, pese al alto riesgo asumido. 

Y muchas de las cosas que a diario pasan, decisiones de este tipo en la ciencia, en la aeronáutica, en la manufactura de electrodomésticos, en dispositivos tecnológicos, miles de decisiones a diario van en ese riel de esperar que pese a un defecto la pieza se mantenga y el dispositivo funcione. Alguien decide no dar marcha atrás frente a la posibilidad del desastre. La producción siempre anda a un ritmo tan vertiginoso, que estamos hablando de miles en inversión, lo que equivale a miles en pérdidas. Pero a veces la pequeña decisión que se espera permanezca oculta, termina volviéndose pública y, desgraciadamente para muchos, de la manera más siniestra.

Puede leer: Una tragedia conjugada en tiempo presente

Este es el drama en el cual nos instala Todos eran mis hijos. La magistral pieza teatral, escrita por el dramaturgo Arthur Miller, uno de los reyes del realismo norteamericano, quien en años posteriores a este, su primer éxito, se encontraría casado con la diva de las divas: Marilyn Monroe. Este aparte como un detalle coqueto para quienes deseen escarbar más en la vida de este prodigioso escritor. Miller acababa de fracasar, en ese entonces, con una obra de teatro en Broadway. Así que Todos eran mis hijos fue desarrollada por él con la fiel convicción de tomar aliento luego del impasse y empoderarse de las tablas.

Efectivamente se convirtió en su primer gran éxito. Taquillero en Broadway en 1947, ha contado con la fortuna de ser adaptado para el cine, para la radio, para la televisión y estrenado y reestrenado en varios países. Y hoy por hoy, 2019, con el mismo éxito taquillero, puede verse en una bellísima puesta en escena del National Theatre Live. Contando en los roles protagónicos con Sally Field, la dos veces ganadora del Óscar, inolvidable por interpretaciones en Forrest Gump, Lincoln y Hello, my name is Doris, y el actor Bill Pullman también con una extensa filmografía y grandiosa experiencia teatral.

Ellos dan vida en este drama a Joe Keller y su esposa Kate.

Puede leer: Eva o los riesgos de la admiración

Todo inicia la mañana en la que el árbol de manzano plantado en el jardín de los Keller al momento de nacer su hijo Larry ha sido derribado la noche anterior en una ventisca. Larry nunca volvió de la guerra. Pero 21 hijos más tampoco volvieron de la guerra a sus hogares, porque sus aviones cayeron a consecuencia de un dispositivo mal manufacturado. Decisión que fue tomada por los socios de la fábrica de proveedores de estos dispositivos. Uno de los socios: Joe Keller. Un negocio de miles de dólares con el ejército y la producción no podía detenerse. Ambos hombres pasan a los tribunales y uno es encarcelado y el otro absuelto. La amistad vio quebrantada su fortaleza. Una familia termina siendo humillada y la otra no. Amigos de infancia, vecinos de toda la vida, se confrontan, se enfrentan. En medio de esa incansable búsqueda de la verdad, un día, luego de tres años y medio de no verse, los hijos del hombre condenado y encarcelado visitan a sus antiguos vecinos. Pero uno de ellos, George, acaba de ver a su padre en la cárcel y decide creer en él, decide no quedarse con lo que los tribunales dictaron, decide no quedarse con la versión de Joe Keller, el socio absuelto. George decide por la verdad que pondrá a todos contra una verdad mantenida por años. Una verdad que es hora de ser revelada. 

El desenlace no puede ser de otra manera: violento, contundente, sobrecogedor. 

Todos eran mis hijos es un drama que seduce con sus diálogos, con las poderosas actuaciones. Con una exquisita historia sobre la espera, sobre la lealtad, sobre el dinero, sobre la culpa. Con momentos mágicos de enamorados, de familia, momentos mágicos sobre el vivir, sobre el amar y sobre el morir. La puesta en escena cuenta con un espléndido diseño de arte e iluminación que transporta con poesía y evocación a otra época, con esa contundencia sobre lo humano que nos confronta, porque en realidad no es una historia de época. Es nuestra historia. La que se repite a diario. La de las decisiones humanas. Alguien tiene la esperanza de que el avión no necesite un minuto de más de combustible. Y alguien tiene la esperanza que las culatas de los cilindros finalmente no alcancen a ser usadas. Y alguien como, por ejemplo, un desprevenido lector, tiene la esperanza que al conducir el día de hoy y se pase el semáforo recién puesto en rojo, pese al riesgo, logre llegar a casa. Pero podría no pasar. Son tan solo decisiones de riesgo. Las de todos los días.

 -Keller. — ¿Quieres el periódico? 
-Chris. — Bueno, solo la sección bibliográfica. 
-Keller. —Siempre estás leyendo la sección de los libros y nunca te veo comprar libro alguno.
-Chris. — Sí papá, tienes razón. Es solo que me gusta estar al tanto de mi ignorancia. 

862546

2019-05-24T18:47:35-05:00

article

2019-05-24T18:54:28-05:00

larevalo_250695

none

Martha Isabel Márquez Quintero

Cultura

Decisiones de riesgo

20

6510

6530

1

 

últimas noticias

Poemas inéditos de Ana Blandiana

Verso a verso (IV)