Defendimos los faros (Cuentos de sábado en la tarde)

Defendimos los faros que nosotros sembramos, y no tuvimos más armas —que nuestras linternas. Nuestras linternitas, amor, que son solo para abrirnos paso entre la ceguera, para abrirle paso a la vida.

Cortesía

Para Carlos, Elsa y Mario, sembradores de faros.
 

Para leer en voz alta.

Ay, hijo, aún no sabes —cómo es cuidar el castillo, cómo es ir a la vanguardia, con nuestras linternitas, sembrando faros. Y lo sabrás, vida, lo sabrás, pero no te lo contaremos nosotros. No podremos seguir contigo. Recuerda nuestros rostros.

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Ahí vienen, ahí vienen —no grites, amor, que ahí vienen —y hay que defender estos faros, que tanto nos costaron, que los ancestros sembraron. Perdónanos, vida, que no los vimos —no los vimos venir, pero ahí vienen implacables por nosotros, y el castillo apenas resiste.

Llegaron, amor —y ahí van los primeros con sus linternas, a defender el castillo, a alumbrar esa nada, ese abismo —que viene por nosotros, que viene por ti, hija. —No grites, amor, no grites. Lloremos suave a las linternas rotas, llorémoslas suave, y que nuestra lluvia hidrate las semillas de faro.

Avanzan, hijo, avanzan —y quizás ya es tarde, pero ahí van los segundos con las linternas en alto, alumbrando el abismo, que apenas se encoge antes de devorarlos. Pero ahí quedan las linternas —semillas de faro —ancestros sembrados, que aguardan, amor, aguardan —a que la nada retroceda, a que el abismo ceda. Aguardan nuestra llegada.

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Ya pronto, hija, debo dejarte —te quedarás aquí con tu madre. Irá primero el abuelo —adiós, amor, te quiero. Despídete, hijo, que no lo verás de nuevo. Irá con su linterna —a contener el abismo —mira, vida, cómo brilla. 

Ya dile adiós a tu padre, que ya parte al combate, a defender estos faros, a detener el avance. —Perdón, amor, ya es hora, es mi turno de adentrarme —de intentar detener esta nada, este abismo que avanza y que intenta —destruir estos faros, estos pasos ancestrales.

Y ahora soy yo quien debe dejarte. Espero sepas perdonar a tu madre. Lo siento, amor, lo siento —de verdad que quisiera quedarme —quisiera criarte, y amarte —y verte jugar en los parques —y verte ser luz, y ser arte. Perdona que no pare de llorarte.

Y recuerda siempre, vida —que nosotros —y los ancestros antes, defendimos los faros, y te aguardamos delante.

 

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