La desazón de investigar a la Iglesia católica

La película “En primera plana” (“Spotlight”), que se estrenó en Colombia el 7 de enero, cuenta la historia de una investigación periodística que descubrió una serie de encubrimientos a sacerdotes pedófilos en Boston, Estados Unidos.

“Casi siempre, sus víctimas eran niños de primaria. Uno de ellos sólo tenía 4 años”. Ese es el segundo párrafo del primero de 600 artículos que el Boston Globe, periódico estadounidense, publicó en 2002 denunciando cómo las violaciones a niños por parte de sacerdotes de la Iglesia católica eran más comunes de lo que se creía, y cómo los altos mandos del clero en Boston hacían todo lo posible para encubrir los casos a punta de dinero, sin mayores consecuencias para los violadores. Al final del proceso de reportería se habían encontrado cerca de mil víctimas de la pedofilia de los curas. Por este trabajo, el periódico ganó un premio Pulitzer.

En primera plana (Spotlight, su título original en inglés) cuenta la historia de esa investigación. El resultado es una película tensionante que captura desde el primer instante y sabe cuándo terminar. El mayor éxito, sin embargo, es la sutileza con que se cuenta el escándalo, sin la grandilocuencia típica de las películas activistas. Como sus protagonistas, En primera plana está limitada por el oficio periodístico de contar lo poco que se sabe con la mayor claridad y sobriedad posible. Todo su elenco, de primera categoría, se entrega sin reparos a la causa de hacer un retrato de la realidad sin mayores licencias artísticas. La ficción, en este caso, está al servicio de la historia real.

La historia se sostiene sola. Spotlight es el nombre de la unidad investigativa del Boston Globe, un periódico que arrancó los años 2000 con una crisis de identidad. Cuando Marty Baron (interpretado por un excelente y analítico Liev Schreiber) aterriza como nuevo jefe de redacción, le pide a Walter Robinson (Michael Keaton, demostrando que su renacimiento no era cuestión de una sola película, Birdman), el editor de Spotlight, que revise una serie de acusaciones sobre violaciones en la Iglesia católica. Lo que más intriga a Baron es la sospecha de que el cardenal de la arquidiócesis de Boston está al tanto de lo que ocurre y no hace nada para detenerlo. De ahí, Robinson y su equipo (interpretado por Rachel McAdams, Brian d’Arcy James y Mark Ruffalo, todos muy buenos) empiezan una búsqueda que los lleva a descubrir un problema mucho mayor de lo que esperaban.

La principal tensión viene de que Massachusetts, el estado donde se ubica Boston, es la zona más católica de Estados Unidos. Los mismos periodistas son católicos con lazos en la Iglesia. Cuando los poderosos de la ciudad se enteran de lo que está ocurriendo, empiezan a ponerle trabas a la labor de Spotlight. Lo más fascinante es que la censura no es la violenta, típica de las películas sobre regímenes autoritarios y países en guerra, sino que se da en bares lujosos, con conversaciones tranquilas que apelan a la importancia de la tradición. “¿Así es como pasa?”, pregunta Robinson en un momento, “¿dos hombres se encuentran en un bar y de repente toda la ciudad decide mirar hacia otro lado?”.

Las voces de los sobrevivientes a las violaciones son las encargadas de darles peso a los hechos. No hay flashbacks melancólicos ni representaciones de lo que ocurrió, sólo testimonios (como en un periódico). “Él fue la primera persona que me dijo que estaba bien ser gay”, dice alguien explicando por qué accedió, cuando era niño, a los deseos del sacerdote. “¿Cómo le dices que no a Dios?”, se lamenta otro.

Al final, queda la impotencia de sentir que el problema de la pedofilia en la Iglesia católica no ha sido resuelto con la transparencia que merece. La excusa de que se trata de unas pocas manzanas podridas, típica en el discurso del Vaticano, se ve ridícula ante la abrumadora cantidad de casos denunciados. En Colombia, el año pasado, un juez de la República condenó a la Iglesia colombiana a reparar monetariamente a la familia de dos niños violados por un sacerdote. ¿La respuesta del clero nacional? Que es un caso aislado que se sale del control de la Iglesia. El problema es que lavarse las manos así es inaceptable para una institución que tiene tanta influencia y respeto en la vida de las personas.

Por todo esto, En primera plana es una película esencial.

 

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