Día internacional del gato: más allá de la ‘ternura’ y los memes virales

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Mucho antes de que internet utilizara la imagen de los gatos para vender ternura en forma de memes, Edgar Allan Poe, Charles Bukowski, Pablo Neruda, entre otros, encontraron en el comportamiento felino una inspiración literaria para describir la crudeza humana.

El español y sus caprichos. En Argentina, decirle a alguien ‘gato’ es un insulto. Según han explicado desde la Academia porteña de Lunfardo, una institución que hace seguimiento a la evolución del habla popular rioplatense desde 1962, a principios de los 90 se empezó a utilizar la palabra ‘gato’ en el interior de las cárceles para referirse a los presos con menos poder dentro del pabellón.

En un esfuerzo por rastrear el origen y evolución de la expresión, Oscar Conde, miembro titular de esa academia, le explicó al diario La Nación que “el gato es el tipo que hace las tareas más básicas dentro de cárcel, como lavar los platos o los baños. El gato es el que sirve a otros en el pabellón”.

En ese país la misma palabra tiene otros significados. También se le llama ‘Gato’ a un baile criollo celebrado en el siglo XIX o ‘gato viejo’ a un hombre astuto o difícil de engañar. En la década de los 20 y los 30, se empleó para referirse a los hombres que invitaban a salir a las vedettes.

En Costa Rica es un bizcochuelo relleno de jalea de guayaba, en Ecuador se le puede llamar ‘gato’ a una persona con ojos claros, en Guatemala se usa para referirse a alguien que es objeto de burlas, mientras que en varios países de la región se le llama así a la máquina que se usa para levantar cargas pesadas, y en Colombia también se usa para referirse a una pequeña cantidad de gente: “A la marcha solo fueron cuatro gatos”, por ejemplo.

Pese a la disparidad semántica que atraviesa el continente, históricamente algunos de los escritores más reconocidos del globo - sin proponérselo - se han puesto de acuerdo para enaltecer la figura del gato (el felino) en algunas de sus obras.

Empecemos por Charles Bukowski, a quien perfectamente pudieron haber llamado ‘el loco de los gatos’. El amor del poeta alemán por estos felinos lo transformó en textos y relatos breves que alejaban esa idea romanticona y empalagosa que hoy se tiene sobre los gatos.

Fragmento de “Los Gatos” de Bukowski de la colección “Los placeres del condenado”.

“Caminan con sorprendente dignidad. / Duermen con una sencillez directa/ que los humanos no comprenden/. Sus ojos son más hermosos que los nuestros/ y pueden dormir 20 horas al día/sin dudas ni remordimientos. Cuando me siento mal/ me basta con mirar a mis gatos/. Estas criaturas son mis maestros”.

¿Por qué esa obsesión por llevar la animalidad felina a su literatura?, previo a la publicación de “One Cats” (2015), reflexionó: “Los animales son una fuente de inspiración. No saben mentir. (…) La tele me pone enfermo en cinco minutos, pero miro a un animal durante horas y solo veo gracia y gloria, la vida tal y como debería de ser”.

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Y sigue: “Tener muchos gatos es bueno. Si te sientes mal, miras a los gatos y te sientes mejor porque ellos saben que todo es tal como es. No hay que ponerse nerviosos por nada. Y lo saben. Son salvadores. Cuantos más gatos tengas, más vivirás. Si tienes cien gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día, esto se sabrá y la gente tendrá miles de gatos. Es ridículo”.

Hoy, con el uso indiscriminado de las redes sociales y su intento desesperado para vender ternura, abundan los gifs y memes de gaticos con ojos grandes moviendo los bigotes. Además, a cambio de uno, hay tres días del gato. Dicen que hoy es uno de ellos. El ocho de agosto y el 29 de octubre son los otros días del gato.

Lejos de esa melcocha que se intenta viralizar, Charles Bukowski logró mostrar el lado más oscuro y luminoso (al mismo tiempo) de los felinos. Aquí un fragmento extraído por la editorial argentina Eterna Cadencia.

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“El gato es un diablo hermoso, nunca mejor dicho. Algunos perros y algunas mujeres acaban cediendo, pero los gatos, joder, seguirán ronroneando y bebiendo leche mientras las paredes de su casa se desmoronan a su alrededor. Son capaces de devorarte una vez muerto, aunque hayan pasado toda la vida contigo. Una vez un anciano murió solo, no tenía mujer, pero sí gato. Al cabo de varios días el pobre empezó a apestar, no era culpa suya, claro, eran los restos que tendría que haber enterrado algún alma caritativa, y al gato le gustó aquel olor a carne muerta, y cuando los encontraron el gato estaba debajo del colchón, pegado como una lapa, y lo había atravesado con las garras para alimentarse, y no pudieron arrancarlo de allí de ninguna de las maneras, así que tuvieron que tirarlo junto con el maldito colchón. Supongo que una noche de luna llena el rocío y las hojas disimularon aquel olor a muerte y el gato por fin cedió”.

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En un poema que tituló “Oda al gato”, Pablo Neruda encumbra al gato como el animal perfecto. Lo llama “emperador sin orbe”, “conquistador sin patria”, “mínimo tigre de salón”.

Fragmento de “Oda al gato”

Los animales fueron

imperfectos,

largos de cola, tristes

de cabeza.

Poco a poco se fueron

componiendo,

haciéndose paisaje,

adquiriendo lunares, gracia, vuelo.

El gato,

sólo el gato

apareció completo

y orgulloso:

nació completamente terminado,

camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,

la serpiente quisiera tener alas,

el perro es un león desorientado,

el ingeniero quiere ser poeta,

la mosca estudia para golondrina,

el poeta trata de imitar la mosca,

pero el gato

quiere ser sólo gato

y todo gato es gato

desde bigote a cola,

desde presentimiento a rata viva,

desde la noche hasta sus ojos de oro.

Repitamos una idea que planteamos al principio, más bien con una pregunta. ¿Corresponde el sentimiento de ternura que hoy se intenta achacarles a los gatos en los memes de internet? A juzgar por lo que se lee en “Gato Negro” (1843), cuento de Edgar Allan Poe, la respuesta es negativa. El narrador, matizado por la presencia de un gato, plantea situaciones de violencia, alcoholismo y maltrato animal, en todo aquello, la figura misteriosa, perfecta y misteriosa del gato, del gato negro, se encumbra.

Fragmento de “Gato Negro”

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.

Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.

El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad.

El poeta y doctor en Letras de la Universidad de Mar del Plata, Matías Moscardi, reseña en un artículo en el que explora la cercanía del gato con la literatura: “El perro es el mejor amigo del hombre: esto implica, en algún punto, una relación simétrica de igualdad. El gato, en cambio, parece estar siempre un poco más allá de lo humano. Podríamos decir que los gatos son seres de lo imaginario mientras que el perro es un animal de lo real”.

Moscardi recuerda en su texto que escritores como Truman Capote, Herman Hesse, Aldous Huxley, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; estrellas de cine como Bettie Page, Brigitte Bardot, Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe; y, por supuesto, los héroes del rock, desde Bob Dylan, David Bowie, Freddie Mercury, Kurt Cobain y Johnny Ramone ¡hasta el mismísimo Marilyn Manson! Todos han sido fotografiados con sus gatos.

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