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hace 8 horas

Diario del confinamiento IX: Día Internacional del Libro Infantil (Tintas en la crisis)

Ayer decidí entregarme a mis deseos mientras Miquel daba clases a sus alumnos de la Universidad y atendía a reuniones online.

Imagen de Martí Sureda, quien se ido convirtiendo en un amante a la lectura. Para él los libros han sido una gran compañía en este confinamiento.Cortesía

 

 En la mañana me dediqué a cuidados familiares. Limpié un poco la casa, cociné comida rica y sucumbí al placer de desconectarme del mundo dejándome llevar por los juegos y deseos de Martí. En la tarde, sacamos de los armarios y estanterías toda clase de objetos para disfrazarnos (yo fui una pirata y Martí un lobito rojo), preparé un brownie por primera vez mi vida, vimos Masha y el Oso en el proyector y nos acostamos a dormir muy muy tarde. Hoy, estoy como una rosa, me sentó de maravilla entregarme al caos y la desconexión. Por supuesto, también aproveché para hacer un día de limpieza mental de noticias, mensajes de WhatsApp y programas de radio sobre la pandemia. Me agradó recordar que nuestra alegre vida familiar se abre camino, pese a todo lo que sucede fuera de nuestras cuatro paredes alquiladas. 

Si está interesado en leer el capítulo anterior de este diario, ingrese acá: Diario del confinamiento VIII: ¿Rutinas? (Tintas en la crisis)

Sin embargo, esta mañana me he dado cuenta de que se me olvidó celebrar algo muy importante. Desde 1967, el 2 de abril es el Día Internacional del Libro Infantil, una efeméride que editores, autores e ilustradores celebran desde hace años en la Feria del libro de Bolonia, Italia (la feria de referencia mundial de la Literatura Infantil y Juvenil). Esta fecha se eligió en honor a Hans Christian Andersen, un creativo y prolífico escritor danés, pionero y referente de la creación literaria para niños. Después de dos siglos, todos hemos escuchado un montón de veces historias suyas como El patito feo, La sirenita o La reina de las nieves. A continuación, les comparto un podcast de Daniela Violi que cuenta muy brevemente quien fue este personaje: 

https://www.spreaker.com/user/10940295/rindamole-homenaje-a-hans-chrintian-ande

Los libros infantiles son muy importantes en nuestra casa. Martí nos pide que le leamos muchos cada día, y se puede pasar largos ratos sentado en el suelo hojeando decenas de ellos. Además, actualmente estoy escribiendo uno. Y si no fuera por el coronavirus, seguiría asistiendo a un curso sobre álbum ilustrado en La Petita, una librería infantil de referencia en Barcelona. Por esto me da tristeza no haber escrito esta entrega ayer, aunque nunca es tarde para un merecido homenaje

Si está interesado en leer la séptima entrada de este diario, ingrese acá: Diario del confinamiento VII: Ir al supermercado, una actividad de alto riesgo

Cuando era niña tuve muy pocos libros infantiles. Crecí en una familia monoparental y el entretenimiento requiere dinero, justo lo que nosotras no teníamos. Sin embargo, en alguna navidad un tío médico me regaló un libro que explicaba anatomía para niños. Me lo sabía de memoria, especialmente esa página que explicaba como una pareja hacía el amor y se engendraba a un bebe. Fue una verdadera revelación. Luego, pasaron algunos años hasta que, un día, mi mamá llegó con un libro a casa: El arca de las fabulas, de la editorial Sigmar. Lo adoré desde el primer momento. Incluía un montón de fábulas clásicas con un lenguaje muy adecuado para los niños. Además, las ilustraciones eran increíblemente realistas y me fascinaban. Es tal el amor que le tengo que, cuando llegué a España a estudiar hace 10 años, lo traía en la maleta. Y sigue aquí, en mi biblioteca, junto a un nuevo ejemplar que mi madre, ahora abuela, le ha regalado a Martí. 

La maternidad me volvió a conectar enseguida con el fascinante mundo de la literatura infantil. Cuando estaba embarazada, un paseo casual por el centro de Barcelona me llevó hasta la puerta de la librería Abracadabra, del editor colombiano Ricardo Rendón. 

Entré por casualidad, seguramente llevada por esa extraña necesidad que denomina a las madres primerizas y nos lleva a comprar libros, peluches, pelotitas y muchos más objetos que den consistencia al sutil milagro que está sucediendo en nuestro interior. Creemos que ser madre es tenerlo todo perfectamente preparado, sin intuir el tsunami que se avecina. Volviendo a la librería, en esa primera ocasión terminé comprando un librito sobre los animales de la granja y dos álbumes ilustrados preciosos que hablaban del amor maternal. Me sucedió lo mismo que con el libro de anatomía de mi infancia, esos álbumes me explicaban algo que entendería con el tiempo, al sostener en brazos a mi hijo. 

La pasión compulsiva por comprar libros infantiles continúa. Muchas veces me acerco a una librería a comprar un libro (del cual he leído reseñas o me lo han recomendado) y termino saliendo con cuatro. Por azares de la vida, vivimos a dos calles de una biblioteca municipal especializada en libros infantiles y juveniles. ¡Un verdadero deleite! Bien surtidos estamos, a mi hijo nunca le faltará material literario de todo tipo. Es tal mi compromiso lector, que cuando supe del estado de alarma y confinamiento el primer lugar al que acudí para “hacer acopio” fue la biblioteca. Tenemos 16 libros en préstamo, que han sido deborados cada día desde que todo esto comenzó.

Los educadores de la cooperativa de educación a la que llevamos a nuestro hijo nos mandan un video diario, en el que leen un cuento para los niños. En nuestra casa lo vemos siempre en familia, alrededor de las seis de la tarde. Es un recurso muy lindo que los acompañantes se han inventado para seguir presentes en las vidas de los niños y las familias. Después de la primera semana, primero con timidez y luego con mucho desparpajo, padres y niños nos hemos ido animando con la propuesta y también estamos compartiendo videos con cuentos, trucos de magia y experimentos varios. Las puestas en escena son muy divertidas y caseras, y lo más importante es que nos hacen sentir cerca de esa vida en común que compartíamos hasta hace nada.

Si está interesado en leer la entrega seis de esta serie, ingrese acá: Diario del confinamiento VI: Héroes y mascarillas (Tintas en la crisis)

Como no soy egoísta y esta entrega de mi diario es un homenaje a los libros infantiles, les comparto un video hecho por José Pedro García, un padre de la cooperativa, que ha explicado uno de mis cuentos favoritos: La montaña de libros más alta del mundo de Rocio Bonilla. Verán que es fácil y bonito, una linda manera de hacer feliz a un niño o niña en estos tiempos de pandemia.

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Daniela Siara

Cultura

Diario del confinamiento IX: Día Internacional del Libro Infantil (Tintas en la crisis)

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