Diatriba de Fernando Vallejo contra la impunidad

En el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, el escritor fijará su posición sobre por qué defender la justicia si se quiere firmar un verdadero proceso de paz con la guerrilla.

Fernando Vallejo llamó el año pasado a los colombianos a votar en blanco. / Archivo - El Espectador

Este lunes 6 de abril, a las 12 del día, Fernando Vallejo hablará duro: no el novelista, sí el provocador, sí al que la Universidad Nacional le concedió el doctorado honoris causa no sólo “por el valor de su obra en el panorama literario de Colombia y del mundo hispanoparlante”, sino por ser “una de las conciencias críticas más importantes del país”. Lo invitaron a la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz, convocada durante esta semana en Bogotá, y en principio respondió con un no rotundo, pero luego pensó que es una de esas tribunas desde las que les gusta decirles las verdades a los poderosos de la política, los “mamones de la teta pública”.

A partir de su veintena de libros, desde La virgen de los sicarios, pasando por la pentalogía El río del tiempo y terminando con Casablanca la bella, se podría hacer un tratado sobre la Violencia, con mayúscula como él la escribe, y sobre los “violentanos”, como llama a los colombianos. Dice el poeta Wiliam Ospina: “Al ritmo de sus palabras surgían sus odios preferidos: la madre, la iglesia, el papa, los políticos, los militares, los aprovechadores del erario público, los intelectuales arrimados al poder, pero también la nostalgia de una Colombia que en su memoria oscilaba entre paraíso e infierno, real y esperpéntica, el país de los guerrilleros y los paramilitares, de mafiosos y adolescentes arrebatados por la violencia, una Colombia malformada por la iglesia, deshonrada por la política y envilecida por la mafia, pero redimida por la naturaleza, por viejas costumbres campesinas, por la música y por noches de felicidad vividas en las orillas mismas del precipicio”.

Le dijo a El Espectador que su intervención de mañana en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, en la misma mesa en la que hablarán abiertos defensores del proceso de paz como Alfredo Molano Bravo, León Valencia, con moderación de José Antequera hijo, será sobre “la impunidad, que al bellaco de Santos le dio por llamar paz”. A finales de 2013, en Medellín, en la casa donde transcurre Casablanca la bella, que se deshace en una metáfora de Colombia como en la casa del frente, en el barrio Laureles, desde donde construye El desbarrancadero, hizo su primer balance de las negociaciones de la paz del gobierno de Juan Manuel Santos con la guerrilla en Cuba: “Es una infamia de este señor. Porque él llegó a la Presidencia pretendiendo que les había dado grandes golpes a las Farc, que no fueron tantos porque Tirofijo murió impune de viejo, y ahora va a dejar impunes a estos. Como todos los asesinos, estos asesinos piensan que van a ser cobijados por la alcahuetería del M-19 y que van a ocupar no sólo la segunda posición de Colombia, como es la Alcaldía de Bogotá, sino la Presidencia de la República. Están muy equivocados porque el país los detesta y no va a votar por ellos nunca. Hampones, asesinos, secuestradores, extorsionadores, narcotraficantes, todos, todo. Pretenden que lo que no lograron por las armas lo van a lograr en las urnas. Es que los dos interlocutores son tan viles y es vil hacer a Cuba un árbitro de nuestro destino, un país dirigido por los dos tiranos más despreciables que ha producido América, esos hermanos Castro”. Vallejo se sube a su propio caballo de Troya con tal de ganarles la guerra a los mentirosos de su tierra: “Le voy a probar a Colombia que conmigo no puede”.

En ese tono hablará. Esa vez le pregunté: “Maestro, ¿no es el momento de dejar de despotricar contra todo, de estar en paz y pedir perdón?”. Y respondió: “Puesto que no tengo ningún pecado, ni tengo ningún delito, no tengo por qué pedir perdón”. No se callará como no se calló cuando advirtió los pecados del proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana. Como condenó la administración de Álvaro Uribe: “Ya saben lo que fue la mano firme: la mano tendida a los secuestradores, asesinos y genocidas paramilitares, la mano traidora que les ha estado extendiendo el remilgado a los de las Farc. Don bellaco es un hombre generoso, tiene el corazón muy grande. Colombianos: roben, atraquen, secuestren, maten, que aquí tenemos de primer mandatario a nuestro primer alcahueta. No teman ningún castigo que se quedarán impunes, esto es el reino de la impunidad”.

En Peroratas, sus discursos y conferencias compilados por Alfaguara, insiste: “Paz no es sinónimo de impunidad. No se puede construir una sociedad sobre la impunidad como no se puede construir un edificio sobre un pantano. Los delitos hay que castigarlos”. Pide que paguen todos los implicados, de izquierda, centro o derecha: “Y si el hampa y el narcotráfico pesan hoy sobre todos nosotros como una condena diferida de muerte que día a día uno por uno de nosotros debemos enfrentar, es porque esta clase inepta los permitió, cuando no es que los toleró beneficiándose de ellos, y les dejó tomar fuerza hasta que no hubo control posible. La moneda del desastre de Colombia tiene dos caras: una inocente y otra delincuente. Y la acuñó la Ley. La Ley atropelladora y prostituta que dictaron los partidos Liberal y Conservador”.

Su intervención más reciente fue el “Discurso del voto en blanco”, pronunciado el 2 de mayo de 2014 en la Feria del Libro de Bogotá: “Miren lo que declaró el 19 de enero en El País de España: ‘Juan Manuel Santos, presidente de Colombia: Me imagino a representantes de las Farc sentados en el Congreso. De eso se trata este proceso: que dejen las armas y que sigan con sus ideales’. ¿Ideales? ¿Matar, violar, secuestrar, extorsionar, volar torres eléctricas y oleoductos, reclutar niños, sembrar minas quiebrapatas, a eso lo llama ideales? ¿Y sentados en el Congreso? ¿En la cueva de Ali Babá, junto con los hampones que allá tenemos? Ah, eso sí me gusta, se me hace muy inteligente: para enmermelarlos a todos juntos y salir de todos de una vez”.

Y al no a la impunidad le sumó entonces un llamado a quitarse las máscaras y asumir la verdad: “Para los políticos colombianos las Farc se volvieron la gallinita de los huevos de oro. Les pone huevos para la elección y huevos para la reelección. Y a los comandantes y generales de las Fuerzas Armadas también se les apareció la Virgen con la gallinita. Y así, con lo que les toca del Presupuesto Nacional (que de año en año y de subida en subida hoy va en el 18%), les han venido lloviendo del cielo los miles de millones de dólares del Plan Colombia. Felices de la vida, ¿no?, generales, con la gallinita. Los felicito. Pero una cosa sí les digo: como ustedes no están dando la pelea en el monte por Colombia sino los muchachos pobres del campo y de las ciudades que reclutan, y como ustedes han estado cohonestando con su silencio durante año y medio, lo que llevan, las negociaciones de La Habana con las Farc (densa cortina de humo para tapar los desastres de la realidad nacional), entonces ustedes se han hecho cómplices del reelegible y han perdido toda autoridad moral para reclutar. En cuestión de reclutamiento, generales y comandantes, en este día en que les hablo desde esta honorable Feria, ustedes valen lo mismo que el Secretariado de las Farc. No más reclutamiento ni más sueldo para ustedes. Y se van quitando los galones y los entorchados que les cuelgan porque les sobran. A cambiarse de disfraz”. Difícil. Para Fernando Vallejo la única paz segura es “la paz de la nada a la cual tenemos que volver”.

 

 

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