“Dime si en la cordillera sopla el viento”

Hoy, el escritor Samuel Jaramillo hará el lanzamiento de su nueva novela, que aborda la violencia del país desde el relato de una familia del Huila.

“Yo soy un economista, un urbanista, un escritor, pero antes de todo eso, yo soy un poeta”. Samuel Jaramillo nació en los 50, cuando Colombia en la voz de Laureano Gómez anunció el establecimiento de un nuevo orden en el país a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Gómez manifestó, antes de su posesión, que su gobierno sería pro norteamericano, pro Naciones Unidas, anticomunista y antiviolencia. Samuel Jaramillo vivió en la selva del Chocó durante su infancia, ha sido profesor en la Universidad de los Andes durante más de veinte años. Toca guitarra, una que tiene en un extremo de la sala de su casa frente a una mesa de centro con libros de Vincent Van Gogh. Escribe ensayos y todos los días lee más de lo que habla.

Su casa, en el barrio Bosque Izquierdo en Bogotá, está cubierta por las ramas de un cedro que pudo ser el primer vecino del lugar. Subiendo al barrio va Antonio José Caro, pintor y artista plástico colombiano. Muchos árboles, poca gente: un sitio que desafía la imagen de la capital del país.

Cuatro sombreros sobre una repisa frente a la puerta principal, techo de cristal, la sala inundada en luz, Jaramillo sentado en un sillón magenta. Tiene una memoria USB colgada en el cuello, el cabello le divide el rostro, un rostro que parece hecho con cosas de la tierra (rocas, ramas, árboles). Los ojos, si frunce el ceño, son una fuerza del daño.

Sonrisa tímida, desaparecida por momentos.

Samuel Jaramillo presenta su última novela, Dime si en la cordillera sopla el viento, una historia colombiana, de ficción no tan ficción, de raíces ocultas en los relatos de todos los colombianos.

¿El cambio entre la poesía de los 70 y la de los 80 en Colombia cómo lo vivió usted?

Nadie dice “Yo voy a ser poeta porque soy de esta escuela” (premisa en la que se basaba más la época de los 70 o la Generación sin nombre). Uno hace poesía para sacar lo mejor de uno, o lo peor, depende. Tal vez la novedad de mi generación era la rebelión. Había un paradigma frente a las normas, éramos muy rupturistas, no nos interesaban los valores y queríamos reinventar todos los órdenes. Cuando me inicié en la poesía, escribí un ensayo que era un mapa en las corrientes poéticas del país y ahí estaban reflejados los distintos grupos del momento. Yo estaba en el de la poesía de la imagen, que tiene como característica fundamental el constructivismo, con una expresión rica en imágenes. No ser síntesis, esa siempre fue nuestra divisa.

Jaramillo echa la cabeza hacia atrás, no ha terminado de responder, está recordando algo porque sonríe con rapidez de picardía.

Hace poco me encontré con unos compañeros de poesía y hablamos de ese ensayo –sonríe– y decíamos que ya mirándonos con una cierta perspectiva esas afirmaciones eran más bien pugnaces, nos ponemos a mirar y todos resultamos pareciéndonos mucho más de lo que pensábamos y de lo que decíamos. Los 70, 80... similares.

Cada texto guarda algo de autobiográfico. ¿Está de acuerdo?

Mi posición es ni que sí ni que no. Los escritores –más los poetas– utilizan sus propias experiencias como una referencia, como materia prima, y por supuesto eso hace que los relatos y las historias tengan mucho de autobiográficos, pero eso a lo que no puede llevar es a que la gente crea que cuando alguien está escribiendo algo piense que lo que está leyendo es la historia del autor. La experiencia es una herramienta para la construcción.

En “Dime si en la cordillera sopla el viento” hay una radiografía física e ideológica del país. ¿Por qué decidió hacer la novela con lugares del país, en vez de haber escogido todo desde la ficción?

Los escritores de mi generación en otros países están haciendo algo que yo considero muy valioso y es tratar de entender lo que fue de la generación que los precedió y eso no es por rescatar el pasado, sino por repensar el presente y yo intento eso, intento rescatar lo que pasó en el país y para nosotros como macrohecho social la violencia de los años 50 fue de gran importancia y marcó la historia colombiana. Hay una cierta personalidad en esta novela, que intenta contradecir un estereotipo que a mí me molesta respecto al tema de la violencia y es que con frecuencia uno escucha la fórmula fácil: Nosotros tenemos una violencia que viene desde los primeros tiempos, es decir, que todas nuestras épocas de la violencia son las mismas. La de la independencia, la partidista y eso es una cosa simplificadora, porque cada explosión de violencia ha tenido bases muy diferentes. En este texto quiero reconstruir uno de esos hechos. Intento con la literatura, con la narrativa, enfrentar al lector con las cosas que son parecidas y las cosas que son distintas en esas guerras y tener la pretensión no solo de explicar sino de haber vivido los hechos que marcaron al país. No es la misma historia, la de la violencia; no solo empobrece una sola versión sino que inmoviliza. La novela muestra ese contraste entre lo que es y lo que no.

¿Qué prefiere, la literatura o los ensayos?

Ambas son herramientas muy diferentes para representar la realidad. La literatura, por ejemplo, te muestra lo que estás leyendo, te lo hace vivir mientras que el ensayo en las ciencias sociales solo te explica, analiza. A mí lo que me interesa es el sentido, el sentido de los hechos, no solo su representación.

***

El relato de esta novela representa la manera como los colombianos han afrontado la violencia en toda su historia: un proceso de negación, al principio, y luego una aceptación que hace que la víctima muchas veces no se apabulle por el designio del violento.

No solo se trata de entender la violencia –Retoma Jaramillo– o dejarse conmover por cada asesinato que muestran en las noticias, se trata de reflexionar acerca de nuestra realidad social. Es una dicotomía de la que no es fácil salir.

¿Cómo meterse en la intimidad de una familia en la época de los 50, en la que usted apenas estaba naciendo?

Obviamente los escritores no vivieron todo. Pero el narrador del mismo libro me hace sentir tranquilo porque es como un relato, una historia que uno le cuenta al otro y que usa dispositivos que yo también usé, por ejemplo, las experiencias de los otros, hay una parte en la que el narrador dice como yo no viví esto pero sé de alguien que sí, entonces es lo mismo, el escritor investiga y usa artilugios, experiencias de otros para representar la realidad.

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Camila Builes

Cultura

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