Diseño a toda máquina

Genio del diseño automotriz dejó un legado de obras de arte con forma de automóvil.

Pininfarina es quizás la casa más famosa de diseño automotor en el mundo. Junto a Bertone y Ghia, otras firmas de diseño y fabricación de carrocerías, se encargó de consolidar el conocido Made in Italy. Algunos de los modelos más emblemáticos de grandes firmas como Ferrari, Cadillac, Alfa Romeo, Peugeot, Jaguar y Rolls-Royce, y otras menos conocidas como la rusa Lada, han confiado sus diseños a la prestigiosa casa italiana.

Su fundador, Battista Farina, llamado cariñosamente Pinin, que significa ‘pequeño’ en el dialecto de Piamonte, debido a que lo era entre sus once hermanos, nació el 2 noviembre de 1893 en Turín, Italia. Su gran interés por los automóviles y su afán por optimizar un invento que estaba en pleno desarrollo lo llevaron a fundar, con sólo 17 años, la compañía Stabilimenti Farina, especializada en la producción de carrocerías hechas bajo pedidos específicos y con producciones de un reducido número de unidades.

Allá por 1920, el intrépido italiano viajó a Estados Unidos para ver con sus propios ojos los alcances de la industrialización. Conoció a Henry Ford y visitó las instalaciones donde el visionario de la industria automotriz fabricó y ensambló los automóviles que puso al alcance de las clases medias. Aunque algunos dicen que trabajó para el empresario estadounidense, la marca desmintió el rumor y afirmó que Battista Farina rechazó la oferta porque quería regresar a Europa y levantar su imperio del diseño.

En 1930, Carrozzeria Pininfarina se convirtió en una firma de renombre, contando entre sus clientes a renombrados políticos, artistas e incluso casas reales. Pese a que durante la Segunda Guerra Mundial los fabricantes cambiaron los automóviles por los tanques y un incendio amenazó con destruir la fábrica y todo lo que había levantado con sus manos, el carrocero reabrió las puertas de su negocio en 1947.

Fue en la década de los 50 cuando el Cisitalia 202, diseñado por el viejo Farina, se convirtió en el primer coche en formar parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y así, apreciada y atesorada como una obra de arte, culminó su gloriosa carrera en la industria automovilística.

Con su muerte, Sergio Pininfarina, su único hijo varón, asumió la presidencia de la compañía a mediados de los 60 y al poco tiempo convirtió la empresa familiar de su padre en un negocio con proyección internacional. Primero afianzó la relación con Ferrari. “Fue él quien en 1965 habló con Enzo Ferrari para convencerlo de la conveniencia de hacer deportivos con el motor central, es decir, situado entre medias de ambos ejes, pero detrás del habitáculo, para obtener un mejor reparto de pesos y una mayor estabilidad. El fruto de esa conversación fue el mítico Dino, que ha marcado la tendencia del resto de Ferrari con vocación deportiva extrema, hasta el 458 Italia de nuestros días”, afirma el periodista español Daniel Serrano.

El Ferrari Testarossa, el 410 SA, el F40 y el popular Enzo Ferrari también son producto de sus trazos. Además de trabajar con el Cavallino Rampante, Pininfarina diseñó modelos para Peugeot, Daewoo, Mitsubishi, Audi, Honda, Jaguar, así como el Fiat 124 Spider y el Maserati Gran Turismo. A lo largo de su trayectoria cosechó una interminable lista de conceptos, modelos y series de bellísimas líneas, donde la simplicidad ha sido el sello del trazo Pininfarina.

 

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