Donde las letras aprendieron a resistir para sobrevivir sin tapa dura

Argentina atraviesa una grave crisis económica, la mayoría de los sectores están en recesión y la inflación acecha a los ciudadanos cada día. Aun así, los argentinos leen. La literatura no escapa a su contexto pero sus protagonistas adquirieron por herencia los manuales para una resistencia activa.

Una muestra del ingenio de los argentinos y su cultura, en una librería en pleno centro de Buenos Aires.Cortesía

Buenos Aires, la ciudad de los centenares de librerías -incluida la más bonita del mundo-, de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges y de la mayor feria del sector de Sudamérica, se resigna a perder el poder de transmitir historias, y en eso coinciden lectores, editores, libreros y autores.

Uno de esos soldados convencidos de las letras es el último Premio Nadal, Guillermo Martínez, autor de "Los crímenes de Alicia" (Planeta, 2019), quien atiende a Efe para decir que no es "precisamente nacionalista en muchos aspectos" pero que la literatura es otro cantar.

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"Sí tengo mucho orgullo en la manera en que se lee y se comenta la literatura en Argentina", afirma el vencedor de uno de los premios de narrativa más prestigiosos en español.

Martínez ve varios puntos de inflexión para descifrar las particularidades que han dotado a Argentina del aura legendaria de 'meca de las letras'.
Aunque sí es verdad que la ciudad tiene varios enclaves sagrados para la lectura, para el también autor de "Los crímenes de Oxford" (2003) sus habitantes son la clave de la pervivencia del hábito.

"Siempre hubo una militancia, una resistencia cultural aun en las peores épocas de la dictadura, con revistas culturales que se las arreglaban (...). Cuando tuvimos la gran crisis económica del 2001, uno de los emergentes interesantes fue la proliferación de pequeñas editoriales independientes", cuenta Martínez.

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Amplía esa radiografía la escritora Julieta Mortati, quien el año pasado publicó "La lengua alemana" (Planeta, 2018), su exitoso debut literario, y que además dirige la editorial independiente Tenemos las máquinas.

"Como editora, me siento heredera de la crisis de 2001. Entonces se abrieron proyectos muy incluyentes. En épocas de crisis la gente se junta más", dice a Efe Mortati.

Su empresa y decenas de otras en el país austral sirven para dar voz a aquellos autores con los cuales las grandes editoriales "no se arriesgan". Según ella, crecen con el boca a boca y comunidades fieles potenciadas por las redes sociales.

"El arte es lo último que tenemos. Una no va a dejar de hacer las cosas porque las cosas no estén bien", sentencia la novelista y editora.
Como toda resistencia, existe porque el panorama es adverso: según la Cámara Argentina del Libro (CAL), en 2018 se imprimieron 20 millones menos de ejemplares que en 2017.

Desde 2015 la caída acumulada es del 50 % de ejemplares, las tiradas son cada vez más pequeñas y para la gerente de CAL, Diana Segovia, se trata de un problema multifactorial que "si se recupera, será a largo plazo".

Segovia apunta hacia dos de ellos: la pérdida de poder adquisitivo por la inflación -del 54,7 % en los últimos doce meses-, la reducción drástica de las compras institucionales por parte del Gobierno y una revolución tecnológica que ha llevado a los editores de todo el mundo a producir menos y de otras maneras.

"Y hay una parte del mercado que independientemente de lo que se haga no se va a recuperar", lamenta.

La nave se mantiene a flote y protagoniza una demostración anual de fuerza: la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que comienza este jueves.
"Existe la vocación de mantener una gran feria pase lo que pase afuera, es el evento cultural más importante de la Argentina", remarca Segovia.

El ambiente se calienta y este martes, para preparar la cita, el Gobierno de la capital regaló 600 libros en el metro que se acabaron en cuestión de minutos, algo que para el responsable de la iniciativa, Mario Martínez, "demuestra la avidez de los ciudadanos que tienen una tradición con los libros muy fuerte".

Concepción Jadil, una jubilada de 74 años, era la primera de la fila y esperó durante media hora para conseguir un ejemplar en la estación de Juramento.
"Estoy esperando para que me regalen un libro, me gustaría algo romántico. Y quiero uno para mi nieta", sostiene Jadil, cuestionada por Efe.
Al final se llevó una novela erótica, "Desearás", de Erika Halvorsen.

En la avenida Santa Fe se impone El Ateneo, la librería otrora teatro a la que National Geographic nombró como la más bonita del mundo. Los turistas se admiran con la magnitud arquitectónica del recinto, pero Jorge González, director comercial del Grupo Ilhsa, que la gestiona, reconoce que "la repercusión y las visitas" han aumentado tras la lista de la prestigiosa publicación.

Sin embargo, ni siquiera El Ateneo se libra de la crisis económica, según González: "sabemos que hoy en día las personas restringen más sus gastos y eso afecta al consumo cultural". 

 

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