Dora Maar, la amante que llora

Fotógrafa, pintora y poeta, fue una de las creadoras más interesantes del grupo surrealista hasta que Picasso entró en su vida.

La genialidad de la artista se vio afectada por Picasso en todas las dimensiones de su vida, pues el pintor, lejos de ser solo su amante, se convirtió en su razón de vivir, su inspiración, y finalmente, su perdición.

Maar y Picasso tenían un tórrido romance en el cual se inspiraban el uno en el otro. Su crecimiento intelectual y artístico llegó a la cúspide mientras fueron pareja. Sin embargo, la ruptura fue un infierno que los sumió en la decadencia.

“Todo arranca en una escena que ya es leyenda. Una noche, en el café Les Deux Magots de París, el artista habla con el poeta Paul Éluard. Es invierno de 1936 y en una mesa cercana una joven de ojos hondos y boina en lo alto juega con una pequeña navaja a pespuntear el espacio que queda entre sus dedos enguantados sobre el velador. Cada vez más veloz. El recorrido con el acero no siempre es limpio y el guante acumula rastros de sangre. Picasso se acerca, le habla en francés y ella contesta en un español de filo argentino. Le pide una cita y ella le da en prenda el guante. No saben aún que ese encuentro inaugura en ambos un infierno nuevo”, asegura Antonio Lucas para El Mundo.

Hablar de Dora Maar es hablar de Picasso. La influencia de este romance en su vida marcó el reconocimiento que tiene como artista, pues esos seis años de relación fueron los más fructíferos a nivel profesional, personal y creativo.

Aunque muy pocas veces sonreía, siempre lograba ser la musa de los amantes que tuvo a lo largo de su vida en el medio artístico. Muchos de ellos, incluyendo a Picasso, aseguraban que Maar no era exactamente una musa, sino un motor de explosión.

“La mujer que llora” fue la obra en la que Picasso retrató a su bella amante, probablemente un retrato hecho durante la ruptura.

Un amor de leyenda, un amor de arte, un amor destructivo.

Dora Maar aseguraba que Picasso era un cabrón seminal que devoraba mujeres con una doctrina caníbal.

Envenenada de Picasso, devorada y desplazada de su cama, tras su traumática separación pasó 50 años desaparecida. Se encerró en su casa con más de 100 obras de Picasso y sus propias fotografías. Murió sola a los 90 años, en 1997.

(Lea aquí el artículo completo en El Mundo de España)

 

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