Para ver de cerca

“Dunkerque” y cómo contener la respiración

Ayer se estrenó en todas las salas del país la última película de Christopher Nolan. Después de tres años, el británico regresa con una obra maestra que desafía el cine convencional.

El sonido del mar. Una ráfaga de balas. Un bombardeo en una ciudad llena de soldados. El agua. El aire. La tierra. Un par de palabras. No hay lágrimas. Ni historia de amor. Eso es Dunkerque, la última película de Christopher Nolan. Una narración que no trata sobre una victoria contundente, sino sobre una huida, sobre el intento desesperado por sobrevivir. Una película épica que se desliza en la sala de cine como un cuchillo afilado y se queda dos horas enterrado en el pecho de los espectadores manteniendo cautiva su respiración.

Todo comenzó así: mayo de 1940: 400.000 soldados británicos están rodeados en la playa francesa de Dunkerque, atrapados entre las tropas alemanas y el mar; en el cielo los aviones nazis bombardean la playa para evitar que regresen a casa.

Del otro lado del mar del Norte, la Real Fuerza Aérea decide enviar varios aparatos para intentar defender a las embarcaciones y a sus soldados desprotegidos. Paralelamente se prepara una operación ambiciosa e inédita: las autoridades británicas envían a cientos de pequeñas embarcaciones, tripuladas por civiles, para rescatar a los soldados.

En nueve días, 338.220 soldados —en su mayoría británicos pero también franceses (123.000) y belgas (16.8000)— fueron evacuados en condiciones extremas por los conocidos como little ships. A eso lo llamaron la Operación Dínamo.

“Como cineasta busco un espacio vacío entre las películas, narraciones que deben ser contadas y que a mí me han contado antes. Tal vez, en cierto sentido, me sentía un poco más atado a este filme porque es una historia con la que crecí. Mi abuelo murió navegando esas aguas, en esa batalla. Crecí oyendo su historia y creo que para los británicos es muy personal”, contó Nolan al diario ABC, de España.

Tres años después de Interestelar, Nolan regresa con su primera película basada en hechos reales. El británico parece haber encontrado el secreto para crear piezas que son enormes en taquilla y, al mismo tiempo, obras de culto.

Nolan divide la película en una tríada —el aire, el mar y la tierra— que no es gratuita. El seguimiento de historias en estos tres planos no sólo le permite apreciar distintos puntos de vista, sino que lo ayuda a dilatar los tiempos de acción, una de sus prácticas favoritas. Así como en Inception los hechos ocurrían a distintas velocidades, aquí el hundimiento de un barco de la Marina Real puede ser una catástrofe subacuática desesperante o, visto desde los cielos, un lento y pesado colapso. Y las hazañas del aviador interpretado por el casi mudo pero notable Tom Hardy son una lucha encarnizada dentro de la cabina, pero también una delicada coreografía aérea observada a la distancia.

Nolan, además, se las ingenia para dotar de una extraña belleza el desastre, y no a manera de una explotación de la violencia, sino como un abordaje áspero de la guerra. Y ahí está la música, a cargo de Hans Zimmer, con sus incesantes tictacs que subrayan el concepto de la premura, el horror persecutorio del tiempo. Si hace unas semanas Nolan hizo noticia por renegar de Netflix (“No es más que una moda”, dijo), esta película parece darle la razón: Dunkerque es una película para sala, para sumergirse en la oscuridad, dejarse golpear por sus imágenes y agobiarse con sus bombardeos y repiqueteos.

En la cinta no hay protagonistas. Si bien Fionn Whitehead aparece desde el primer hasta el último minuto de la cinta, entre los demás actores no hay jerarquía. “No quise que fuera demasiado sentimental, quería intentar desnudar la experiencia para que el público viera este evento subjetivamente: siguiendo a los personajes en la playa, volando en un avión o navegando en un barco. No quería decir por qué deben importarles los personajes, sino que sintieran su importancia por su situación física y el peligro en el que se encuentran”, asegura Nolan.

Dunkerque se estrenó ayer en todas las salas del país y, aunque no tiene escenas de amor, aunque no hay un drama con el que nosotros, tan del sur, nos sintamos identificados, es una pieza hermosa. Una película trascendental.

 

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