Editar a Michel Foucault

A 30 años de la muerte de uno de los pensadores más importantes del siglo XX, El Espectador habló con el hombre encargado de editar varias de sus obras, el filósofo Edgardo Castro.

Edgardo Castro y Michel Foucault. / Mercedes Ruvituso - EFE

En 2007 cuando Siglo XXI Editores le encargó editar los trabajos de Michel Foucault que integrarían una colección que pretendía lanzar años después, el argentino Edgardo Castro ya contaba con una larga trayectoria como intelectual y profesor universitario, también como investigador visitante en prestigiosas universidades del mundo.

Bajo su orientación se editaron las últimas obras de Foucault que han logrado una gran recepción en el público hispanohablante, entre ellas ‘Una lectura de Kant (2009)’ ‘El poder una bestia magnífica: Sobre el poder, la prisión y la vida (2012)', ‘La inquietud por la verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto (2012)’ ‘¿Qué es Ud., profesor Foucault? Sobre la arqueología y su método (2013)’ y por último ‘Obrar mal, decir la verdad. La función de la confesión en la justicia. (2014)’que aún no ha llegado a Colombia.

En entrevista con El Espectador, Edgardo Castro habló de su experiencia como editor de Foucault, de los pormenores de su trabajo, y la recepción de su pensamiento en algunos países de América Latina.

¿Cómo ha sido su experiencia de editor de Michel Foucault?

Para comprender el trabajo de edición de los escritos de Michel Foucault, es necesario tener muy en cuenta dos aspectos fundamentales: en primer lugar, su situación en la lengua original, que es el francés. Al respecto, se pueden distinguir cuatro categorías: sus libros publicados en vida, sus otros escritos también publicados en vida (artículos, conferencias, intervenciones, mesas redondas, etc.), sus cursos editados póstumamente a partir de 1997 (en general en el Collège de France), pero no únicamente aquellos y los estrictamente inéditos.

En segundo lugar, también hay que tener presente que la bibliografía de los escritos de Foucault no es exactamente la misma en los diferentes idiomas. Por ejemplo, un texto como ‘Microfísica del poder’ existe en español y también en italiano, pero no en francés. Y algo semejante sucede con algunos textos publicados en los Estados Unidos.

¿Por qué sucede eso?

Fundamentalmente porque los escritos que corresponde a la segunda categoría que mencione anteriormente (artículos, conferencias, intervenciones, etc.) circulan en diferentes formatos. En francés, en primer lugar, esparcidos en muy diferentes revistas y publicaciones. Y, en segundo lugar, mayoritariamente en la recopilación titulada ‘Dits et écrits’, que, a partir de la primera edición de 1994, los reúne de manera cronológica. ‘Microfísica del poder’ es, para decirlo de algún modo, principalmente una parte de ‘Dits et écrits’ que circuló primero en italiano y luego en español. Pero estrictamente hablando no es un libro de Foucault, es decir, un trabajo que él haya escrito o editado con ese formato; sino una compilación hecha por algunos discípulos.

¿Y qué ocurre con las ediciones en español?

Algo semejante sucede con la compilación que, en español y en otros idiomas, se titula ‘Obras esenciales’. Como ‘Microfísica del poder’, también ésta reúne, aunque de manera mucho más amplia, una parte de ‘Dits et écrits’. El título, a mi modo de ver, es poco feliz. El término “obras” es ambiguo (en general se le reserva o para los libros o para una edición completa) y el “esenciales” es inadecuado. Pero, en fin, así existe no sólo en español, también en inglés o italiano, por ejemplo.

Usted es el editor de fragmentos foucaultianos, háblenos de los pormenores de la edición

La serie, corresponde también a una parte de ‘Dits et écrits’, y comprende tres volúmenes editados entre 2012 y 2013: El poder una bestia magnífica, La inquietud por la verdad y ¿Qué es Ud. profesor Foucault?

Aclarado este punto no menos importante, acerca de las no coincidencias entre los títulos del autor en lengua original y sus traducciones, vale la pena subrayar que, por decirlo de algún modo, la imagen que uno se hace del autor, en este caso Foucault, está estrechamente ligada a los avatares de su edición. Ésta es, sin duda, una de las experiencias más interesantes de editar las obras de Foucault.

¿Desde qué año es editor de las obras?

No recuerdo exactamente, pero creo que fue en el 2007 que Siglo XXI Editores de Argentina se puso en contacto conmigo. Hablamos de varios temas: la necesidad de corregir la traducción de las ediciones existentes, analizar que quedaba por traducir de ‘Dits et écrits’, estudiar el alcance de los textos de Foucault que circulaban o comenzaban a publicarse en los Estados Unidos, etc. Finalmente, en el año 2008 encaramos la traducción de la tesis secundaria de Foucault, aparecida como ‘Una lectura de Kant’. Era un texto difícil.

¿Cuando habla de dificultad, a qué se refiere, a su traducción o a la necesidad de un conocimiento especializado?

Fundamentalmente por dos razones, por un lado, su lectura requiere de cierto conocimiento preciso de la filosofía kantiana. Y, por otro lado, la edición original requería, para poder traducirlos, de la corrección de algunos textos en alemán y latín, citados por Foucault y de muy difícil consulta. Respecto de la primera dificultad, la idea fue incluir una introducción que presentara los temas y orientara al lector, y la segunda dificultad fue técnicamente más difícil de resolver, pero lo logramos.


He escuchado buenos comentarios frente a las herramientas pedagógicas que brinda la introducción, ¿qué comentarios ha recibido de sus colegas encargados de revisar la edición al portugués?

El año pasado en un importante congreso sobre Foucault en Río de Janeiro, los editores en portugués de este mismo texto me comentaron la ayuda que les brindó este trabajo llevado a cabo en la edición argentina.

¿Y frente a los otros trabajos de la serie Fragmentos Foucaultianos, también tuvieron el mismo proceso?

La idea fue parecida, una introducción breve, con la presentación de los grandes temas y problemas de los trabajos incluidos en cada uno; sin pretender reemplazar los propios textos del autor y mucho menos su lectura. Son introducciones en cierto sentido abiertas. Por supuesto, no están exentas de alguna interpretación personal, pero no quieren desarrollar ninguna especie de lectura única.

Todo ese trabajo parece sumamente complejo, y de una alta responsabilidad…

Me parece que este momento en la entrevista resulta en una oportunidad para aclarar que mi tarea se reduce a ser el editor académico de estos trabajos al español: seleccionar los textos, resolver problemas específicos de la traducción, cotejar las fuentes, etc. El traductor de la mayoría de ellos, como así también de los cursos de Foucault en el Collège de France, ha sido, para utilizar una metáfora del mundo audiovisual, quien puede ser considerado como la voz de Foucault en español: Horacio Pons. Horacio le ha dado a las traducciones un ritmo y una tonalidad propios, característicos. Es fácil reconocer cuando un texto no ha sido traducido por él. Por otro lado, existen los editores de Siglo XXI, en particular Caty Galdeano, las correctoras, el que diseña la tapa, Carlos Díaz —el gerente de la editorial—, que, además de aportar sus sugerencias, da el visto bueno sobre el conjunto. En fin, se trata de un trabajo colectivo, en equipo, que busca ser los más cuidadoso posible.

En Argentina acaba de salir al mercado la obra de Foucault ‘Obrar mal, decir la verdad. La función de la confesión en la justicia’, la misma ha generado gran entusiasmo entre los seguidores del pensador francés, ¿qué me puede contar sobre este trabajo?

Recientemente, la editorial Siglo XXI Editores ha publicado el primer curso de Foucault que no pertenece a la serie del Collège de France: Obrar mal, decir la verdad. Se trata de un curso de 1981 en la Universidad de Lovaina acerca del dispositivo de la confesión. Es la primera o, junto a la versión en inglés, una de las primeras traducciones de este curso. Este trabajo nos planteó algunas nuevas dificultades, por ejemplo, mantener el registro oral de la exposición de Foucault sin dejarse llevar por la tentación de corregir las clases desde otro registro, por ejemplo, más literario; volcar al español las citas de los autores clásicos, donde Foucault hace una mezcla de referencia precisa y paráfrasis, etc.

Usted acaba de publicar un libro sobre Foucault, ‘Introducción a Foucault' en la editorial Siglo XXI Editores, ¿por qué tiene vigencia la obra de Michel Foucault?

Quizás, para responder adecuadamente, haya que comenzar dilucidando qué debemos entender por "vigencia", se me ocurren varias cosas que van más allá de la simple moda, del ranking de venta de sus libros o de las alusiones más o menos vagas a sus trabajos. Pienso que la vigencia de un pensamiento depende, más profundamente, de su capacidad para situarnos delante de la realidad y, antes de ofrecernos una respuesta ya armada, permitirnos interrogarla e interrogarnos. O, para decirlo de otro modo, la vigencia de un pensamiento depende, finalmente, de su capacidad para permitirnos servirnos del lenguaje sabiendo de qué estamos hablando. Pienso que éste es uno de los grandes aportes del trabajo de Foucault. Sus escritos nos llevan a interrogarnos acerca de las cosas que nos parecen casi evidentes, que constituyen nuestra cotidianidad: la nociones de anormalidad y normalidad, y todo lo que de ellas se sigue; las configuraciones concretas del poder en nuestras sociedades, por ejemplo, a través del saber y las instituciones médicas; la manera en que nos constituimos como sujetos según las diferentes formas de relaciones reflejas con nosotros mismos; etc. Foucault nos conduce hacia estas y otras cuestiones a partir de un uso filosófico de la erudición histórica. Ese uso se define, sobre todo, por la capacidad, como digo, de interrogación.

¿Y qué otro aspecto resaltaría para analizar la vigencia del pensamiento de Foucault?

El ‘olfato’ histórico que guía sus investigaciones. Por ejemplo, entre los años 1977-1979 se ocupó de analizar en detalle las implicancias filosóficas del liberalismo y del neoliberalismo. Recién entonces comenzaban la era de Reagan y Tatcher.
Otra cuestión que también creo vale la pena subrayar, es que Foucault saca a la filosofía de ese formato acartonado del comentario de textos. Para él, como decía su maestro Canguilhem, cualquier materia extraña es apropiada; una institución, un reglamento, una distribución arquitectónica, etc. A partir de aquí, sin embargo, Foucault no deja de interrogar a los clásicos, para restituirles su actualidad.

¿Cuál es la importancia de la obra y el pensamiento de Foucault para América Latina?

En los escritos de Foucault encontramos poco o nada acerca de América Latina. Foucault, como sabemos, viajó repetidas veces a Brasil, donde, entre otras actividades, dictó el célebre ciclo de conferencias en el que introduce por primera vez la problemática de la biopolítica. En los últimos años de vida, sin embargo, sin dejar de visitar otros países, viajaba sobre todo a los Estados Unidos. Por otro lado, sus investigaciones más históricas se concentran en Francia, Inglaterra y Alemania. Sin embargo, de esto no puede concluirse que sus trabajos y su pensamiento carezcan de importancia para América Latina. Más bien, todo lo contrario, en la medida en que nuestros países, más allá de sus particularidades o, mejor, a partir de ellas se insertan en procesos de alcance global, sus análisis resultan fundamentales. Para citar algunos ejemplos, basta pensar en la creciente medicalización de la vida cotidiana o en la tendencia a la gubernamentalidad empresarial o también partidaria, es decir, a la subordinación del Estado a la empresa o al partido. Además, encuentro muy interesante ese —si podemos llamarlo así— silencio de Foucault acerca de América Latina. Nada más alejado de su manera de pensar que el bajar línea y ponerse a explicarles a los latinoamericanos qué es o qué debería ser Latinoamérica. Aunque esta actitud es frecuente en algunos intelectuales europeos o latinoamericanos que han emigrado a Europa, no es el caso de Foucault. Hay un respecto profundo en este gesto de Foucault que define la seriedad con la que encara su pensamiento político.

¿Y frente a la recepción en Argentina?

Concretamente, ha existido -según sostienen unos jóvenes investigadores en el número de la revista L’Herne dedicado a Foucault, como tres momentos diferentes y sucesivos: en primer lugar, por afuera de los círculos académicos, vinculada a la militancia, en gran parte durante los años de la dictadura militar. Luego, en segundo lugar, un momento más académico, de penetración en las universidades. Y, finalmente, un tercer momento, que busca vincular las tendencias de los dos anteriores, es decir, el compromiso militante y los estudios académicos. Es un esquema posible de interpretación, seguramente discutible, pero que nos da una idea general de la recepción de Foucault en Argentina. En todo caso, no es una historia cerrada.