Edith Wharton: una rebelde inocencia

Hace 80 años falleció la escritora de “La edad de la inocencia” y “La casa de la alegría”. Edith Wharton fue una mujer revolucionaria, la primera en ganar un premio Pulitzer y nominada tres veces al Premio Nobel de Literatura.

Edith Wharton murió el 11 de agosto de 1937 en Saint-Bri ce-sous-Forêt, Francia. / Rex Features (Banco de imágenes)

Era una niña rara. Su padre había adquirido una biblioteca gigante en la mansión en que vivían, no porque fuera un lector habitual, sino por la vulgaridad que resultaba para un hombre de su clase no tener una biblioteca que demostrara alta cultura entre sus conocidos. Su hija se aburría, pagaron clases de todo lo que se les ocurrió porque tenían que mantenerla ocupada. Hacerla una señorita educada hacía parte de los principios elementales para conseguirle un buen casamiento. Nunca contemplaron llevarla a una escuela, eso estaba fuera de todo glamur y de ningún modo podía desencajar en la burguesía neoyorquina de fines del siglo XIX.

George Frederic Jones no entendía las inquietudes de su hija, por qué gastaba tanto tiempo de rodillas en la gigantesca alfombra turca con cientos de libros abiertos alrededor. Abriendo una tras otra las puertas de vidrio y sacando libro tras libro. Extasiada. La pequeña Edith no quería hablar con nadie, solo estaba ahí en la suavidad de la alfombra, viendo libros que nadie en casa había abierto antes. Era egoísta con sus aventuras literarias, no quería que nadie interrumpiera, salvo, por supuesto, algunos de sus maestros para las clases en casa.

Se acerca su cumpleaños. Su madre, la señora Lucretia Stevens, consulta con su asesor literario sobre qué puede regalarle al pequeño bicho raro que no quiere peinarse ni arreglarse. Edith despierta en esa mañana de celebración y encuentra junto a su cama el mejor de los regalos, las grandes ediciones de Keats y Shelley a cargo de Buxton Forman. Desde ese día hasta el fin de su vida nunca más estuvo sola, nunca más fue enteramente desdichada, ella contaba con sus libros.

Escribió cuentos y poemas desde los once años. No renunció a ser un sujeto extraño, le gustaba sentirse incomprendida y al tiempo la frustraba. Estaba harta. De los grandes salones, de los buenos modales, de las damas y los caballeros, de la Nueva York que jugaba a ser educada como cualquier ciudad europea. Había viajado mucho a Europa, nada más distante de Europa que esa Nueva York complaciente que jugaba a parecérsele. A pesar de su rebeldía innata a muchas de las costumbres de la sociedad que la rodeaba, existían en Edith ciertos preceptos de los que no podía deshacerse. Estaba educada para lo bello, la atravesaban ideas clasistas que acompañaron de cierto modo su literatura. Era como todos, un ser humano contradictorio, cansado de viejos preceptos y abrazado de muchas formas a ellos.

En 1885 se casó con un banquero. No lo amaba. Lo único que tenían en común era el amor por los viajes y el cumplimiento del deber matrimonial. Su marido le llevaba trece años y estaba enamorado del dinero y las mujeres. Edward Wharton era un bostoniano que viajaba a Europa varias veces al año; junto a él, Edith Wharton afianzó su amor por Europa y conoció a los intelectuales del mundo que se encontraban en París, la ciudad del resplandor cultural de Occidente. El matrimonio de los Wharton se había hecho célebre, entre otras cosas, por el buen gusto con el que la señora Wharton había decorado la mansión The Mount, un hogar en el que Edith diseñó toda la decoración interior y bellísimos jardines. Sin embargo, esto no era lo suficientemente fuerte para sostener un matrimonio. La señora Wharton había descubierto que su marido desfalcaba la herencia familiar con la que ella contaba y supo de múltiples amoríos de este. Decidió divorciarse, un asunto poco común y nada menor en la sociedad de la época. Edith Wharton se sublevó de nuevo contra los valores de su sociedad, demostró la infidelidad de su esposo y ganó el divorcio.

Después vino la vida francesa. Edith Wharton se mudó a París, al número 53 de la Rue de Varenne. Allí conoció a su maestro y gran amigo Henry James, a Matilde Serao, a Vernon Lee, a Jean Cocteau y diversos gigantes de la literatura y la pintura, quienes la alentaron para seguir escribiendo. Durante los siguientes veintitrés años, Edith Wharton escribió una veintena de novelas y relatos de viaje. Su literatura está atravesada por la sátira y la mordacidad contra la clase alta neoyorquina en la que Wharton vivió, seres humanos ensombrecidos por mantener la clase y el dinero. La novela que la catapultó a la fama y el prestigio entre escritores fue The house of mirth, la historia de la bella Lily Bart, una joven venida a menos en la sociedad neoyorquina que duda entre vivir plenamente el amor con alguien socialmente inaceptable o buscar un matrimonio por conveniencia y mantener su estatus.

Después de estallada la guerra en 1914, Edith Wharton sintió inmensa solidaridad con los franceses, pues percibía a ese país como su segundo hogar. Decidió fundar un taller de costura para que las mujeres pudieran obtener dinero y sostener a sus hijos mientras los hombres iban a la guerra. También organizó publicaciones solidarias entre las celebridades literarias, cuyos fondos iban a los afectados por la guerra. Y sin que eso fuera suficiente, se lanzó a contiendas y ciudades en guerra como reportera, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en hacer tal hazaña. Fue la primera en muchas cosas, abrió puertas inimaginadas para las mujeres, obtuvo el primer premio Pulitzer con La edad de la inocencia y fuela primera doctora honoris causa de la Universidad de Yale.

Edith Wharton murió el 11 de agosto, hace 80 años en Francia. Murió escribiendo, refugiada en sí misma, sola. Nos dejó un legado, novelas, crónicas de viaje, hazañas académicas, valentía ante los avatares de vivir.