Cómo educar diseñadores: una apuesta innovadora

El Espectador habló con Assaf Wexler, cofundador de ODA, Oficina de Diseño y Arquitectura, y Atom, un proyecto educativo que pretende revolucionar la manera como se enseña la disciplina en el país.

Uno de los ‘workshops’ o conferencias-talleres de Atom. / Cortesía

Assaf Wexler nació en Tel Aviv, Israel. Llegó a Colombia hace cinco años, por invitación de Santiago Restrepo, un colombiano que conoció en el Instituto Europeo de Diseño (IED) de Barcelona. Hicieron juntos su trabajo de grado. Luego Wexler volvió a Israel a terminar sus estudios en el HIT, el Instituto Tecnológico de Israel. “En 2009, Santiago y yo nos encontramos en Europa para conquistar el mundo. Pero empezó la crisis y no teníamos nada que hacer como jóvenes diseñadores.

Santiago se vino a Colombia a ver cómo estaba la situación; yo me fui a Suiza a trabajar en un estudio de diseño. Un día me llamó y me dijo que fuera a Colombia, que tenía un pequeño estudio y un par de clientes, que miráramos qué podíamos hacer”. Cinco días después aterrizó con sus maletas en el sofá de su amigo, donde durmió por cinco meses, y empezaron a trabajar. “Hicimos de todo en ese entonces: imágenes corporativas, logos, mobiliario, interiores, exposiciones, concursos... Nos agarramos de cualquier proyecto posible”. Así nació el estudio Dosuno Design.

Eran cuatro en Dosuno. En el tercer año de trabajo les encargaron los interiores del hotel Click Clack de Bogotá. “Cuando estábamos convocando diseñadores para el proyecto, recibimos alrededor de ochenta portafolios en un mes. Ninguno era compatible con lo que buscábamos. Queríamos a alguien que no sólo pudiera diseñar, sino que supiera algo de gestión, que pudiera dirigir proveedores, costear procesos de diseño y producción. Recibimos portafolios tan alejados de eso que empecé a pensar que algo andaba mal con el sistema educativo”. Según Wexler, un diseñador no puede preocuparse sólo por la parte creativa. En las facultades de diseño deberían hablar del día a día real del diseñador y de los procesos que incluye.

Desde finales de 2011, Wexler y Nicolás Lizarralde, uno de sus socios, trabajaron juntos para saber qué estaba pasando en la academia. Durante un año estuvieron dedicados a la investigación. Hicieron alrededor de 40 entrevistas a líderes del sector creativo en Bogotá e investigaron el pénsum de más de 20 universidades en Colombia y alrededor del mundo. El gran descubrimiento fue que hoy en día el diseñador necesita un enfoque distinto al que le enseñan en las universidades. “A mí, como diseñador industrial, me enseñaron sólo un pixel de una imagen muy grande. Me enseñaron a conceptualizar, a hacer bocetos, a darles forma a mis ideas... Todo eso es muy valioso y lo uso a diario; sin embargo, nunca me hablaron del negocio detrás del diseño, del trabajo en equipo, de cómo dirigir un proyecto de diseño, de trabajar con proveedores; no me enseñaron a usar algo tan sencillo como Excel para hacer mi propio modelito de negocio, etc. Aunque las universidades de Israel y España fueron muy diferentes, en ambas sucedía: los programas se reducen a lo creativo, como si trabajáramos en una burbuja. Nunca hablan de las diferencias entre un diseñador empleado y un diseñador freelance, o emprendedor. Los colombianos están buscando salir del molde para encontrar nuevas maneras de hacer sus negocios, pero necesitan aprender a hacerlo y poder volver sus ideas realidad”.

En el segundo año de trabajo, el objetivo fue construir ese modelo educativo innovador. De allí surgió Atom, la escuela de diseño que se lanzó el pasado 15 de septiembre. Paralelamente a ese proyecto nació ODA, Oficina de Diseño y Arquitectura. Las cabezas detrás son el arquitecto Alejandro Peña, el diseñador Nicolás Lizarralde, y Assaf Wexler. Los dos proyectos son paralelos y se retroalimentan el uno al otro. “Para formar Atom y poder dar un programa completo, compramos una casa esquinera en Chapinero Alto que estará lista en 2017. Mientras tanto seguimos reflexionando sobre el rumbo que debería tomar la educación en este campo, seguimos ensayando diferentes formatos y métodos educativos para poder brindar una alternativa efectiva a los futuros diseñadores. Tenemos muchas hipótesis que debemos comprobar. Por ejemplo: ¿el learning by doing (“aprender haciendo”) es de hecho la mejor manera de aprender? ¿A los estudiantes les gustaría involucrarse en proyectos reales desde el día uno?”. El modelo educativo de Atom está basado en convenios con otras instituciones alrededor del mundo y con empresas nacionales e internacionales, en tener profesores que sean diseñadores activos y en traer proyectos reales a la escuela para que el estudiante aprenda de la realidad y no de simulacros. Hasta estar certificado para poder brindar un programa completo, ofrece educación en formatos cortos, como cursos, talleres y conferencias de invitados internacionales.

La vanguardia en Europa llega acá con dos años de retraso, y lo mismo pasa con respecto a EE.UU. Eso se ve en los estudios de diseño, en las tendencias, en la manera de trabajar, hasta en las palabras que se usan para hablar de diseño. Mientras tanto, en las academias comunes y corrientes se dictan cursos para el diseñador de hace 10 años. “La mayoría de los diseñadores importantes han sido empleados, y la educación está creada para ese tipo de diseñador. ¿Mejor o peor? Es discutible, pero hoy en día los diseñadores somos managers, directores de proyectos: diseñamos nuestros propios modelos de negocios, por lo que no hay una sola manera o una sola figura que adoptar para trabajar como diseñador: hay infinitas, y las tenemos que explorar. Afuera hay escuelas que empezaron a entender eso, a salir de los modelos educativos antiguos”.

Atom está certificado como “fablab” (fabrication laboratory) en Bogotá. Usa impresoras 3D, corte láser, CNC, es decir, fabricación digital, todo un mundo de posibilidades para el diseñador que antes no existían, y que es asequible, pero todavía no tan popular en Colombia. Ahora Atom está tratando de montar esos fablabs en los colegios. “La educación superior, técnica o tecnóloga, no puede reducirse a las personas entre 18 y 24 años. No hay una única edad para aprender. Así que tenemos talleres para niños, como por ejemplo arquitectura para niños. No nos limitamos a estudiantes preuniversitarios o universitarios. Creemos que las herramientas del diseño bien usadas le sirven a cualquiera: la creatividad sirve para cualquier actividad que hagamos en nuestra vida diaria”, dice Wexler. Por eso en Atom la filosofía del life-long learning (“estudiar toda la vida”) entronca el proyecto educativo. “Con la velocidad a la que va hoy en día una profesión y una industria como la del diseño, se deja de ser vigente muy rápido, hay que estar alimentándose de información relevante constantemente”.

Casi todos los estudiantes actuales tienen su propia empresa. La gran mayoría son emprendedores con proyectos propios, que llegaron a través de una convocatoria online (Atom.com.co). “Estamos aprendiendo acerca de modelos educativos, de cómo la gente aprende, cuáles son las herramientas más potentes y efectivas cuando se trata de educación en diseño. También nos enseñamos a nosotros mismos. Hemos hecho talleres para nosotros, los del estudio. Entendimos que un modelo educativo tiene que ser, más que nada, flexible. Si tomamos un programa y creemos que es relevante para 2015, muy probablemente ya no será el mejor en 2017. Por eso intentamos que el modelo cambie según las necesidades de la industria y de los estudiantes”. Que sea una escuela pequeña le da esa opción de reinventarse más rápidamente. Un cambio en el pénsum de una universidad se convierte en un proceso de varios años.

Uno de los talleres que ha ofrecido Atom giró en torno a service design, diseño de servicios. Duró dos días y lo dictó Marc Guitart, de Barcelona. Primero, los alumnos escucharon su conferencia. Luego hicieron ejercicios sobre sus modelos de negocio diseñando servicios, entendiendo a sus usuarios y creando experiencias. “El diseñador sabe en teoría diseñar un producto, un póster, un espacio. Cuando se trata de intangibles, las reglas son un poco diferentes”.
En enero de 2017 se abrirá oficialmente el programa: durará dos años y se articulará con educación superior, con escuelas fuera de Colombia y empresas. Habrá intercambios de estudiantes y profesores, material online y la realización de proyectos reales.

Hasta entonces, Atom se dedicará a hacer talleres intensivos, un alternancia entre ejercicios y teoría, conferencias, diferentes formatos de educación informal.
Otra rama de la escuela muy fuerte actualmente es la de educación para corporaciones. Atom trabaja con el sector público, con el Gobierno, con la Superintendencia de Sociedades y otras organizaciones públicas. “Queremos entrar en el tema de lenguaje ciudadano y en el tema del proceso de paz. Una vez se encuentran metodologías eficientes y válidas, que funcionan para pasar información de un lado a otro, se pueden aplicar al diseño, y en realidad a cualquier otra cosa. Las herramientas que usamos como diseñadores son tan poderosas que cuando se aplican en otros sectores, los resultados son sobresalientes”.

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