Estado Islámico atacó de nuevo en Nimrud

Las estatuas y relieves de la histórica ciudad asiria fueron destruidos a golpes de mazo. La Unesco pide salvaguardar el patrimonio, pero hasta ahora las acciones de la comunidad internacional han sido mínimas.

Fotograma de un video grabado por el Estado Islámico, sin fecha, en el que se ve a uno de sus militantes golpear con un mazo los relieves de Nimrud. / EFE

La cultura es un bien de segunda mano para la comunidad internacional y de primera para el Estado Islámico. Ese parece ser el mensaje luego del nuevo ataque del EI en Nimrud, una de las capitales del antiguo reino de Asiria y uno de los patrimonios culturales más importantes del norte de Irak, y de la pobre reacción de entidades como la ONU y la Unesco frente al saqueo, la destrucción y el tráfico de antigüedades por parte del grupo extremista. Con martillos y mazos, de acuerdo con la Comisión de Turismo y Arqueología de la provincia de Nínive, los militantes del EI destruyeron las estatuas que se mantenían en pie y se llevaron otras tantas que, según informes de diarios como The Guardian y The New York Times, son vendidas en el mercado negro para sustentar las actividades del grupo. “Cada vez que conquistamos un territorio destruimos los símbolos del politeísmo y difundimos el monoteísmo”, dice uno de los militantes en el video que circuló ayer. Con ese objetivo, en los últimos meses el EI ha atacado en Hatra, Nínive y Nimrud (parte de ese reino que pervivió por casi 19 siglos): han derruido estatuas, templos y zonas arqueológicas declaradas Patrimonio de la Humanidad. Hasta el momento, la comunidad internacional no ha irrumpido en la zona y los especialistas piensan que uno de los objetivos del EI es conseguir que eso pase: tener un enfrentamiento militar.

El 12 de febrero, la ONU firmó una resolución que prohíbe a los países aliados realizar tratos con integrantes o vinculados a Al Qaeda (el Estado Islámico entre ellos). La resolución, que fue propuesta por Rusia, está centrada en detener la financiación del grupo, basada en la producción y venta de petróleo (que el EI regenta gracias a varias refinerías en su poder), las extorsiones, las donaciones voluntarias, los secuestros y el tráfico de antigüedades (aunque aún no se ha comprobado). La Unesco, el organismo encargado de proteger el patrimonio cultural en el mundo, publicó un comunicado en el que insta a “aunar esfuerzos en solidaridad con el gobierno y el pueblo iraquíes para detener esta catástrofe”. El Consejo de Seguridad de la ONU fue informado y también la Corte Penal Internacional. Sin embargo, tras casi 10 meses de que los militantes dinamitaran la mezquita de Jonás —otro de los más preciados patrimonios de la zona—, el Estado Islámico continúa la destrucción en el norte de Irak y algunos reportes señalan que tendrían cerca de US$36 millones en antigüedades que saldrían hacia Europa a través de Turquía. Allí, por medio de las mafias locales, serían distribuidas en el mercado negro a coleccionistas interesados: un proceso similar al de Egipto, donde numerosos lugares históricos fueron saqueados tras la caída de Hosni Mubarak en 2011, y al de la guerra en Siria, donde también han sido atacados sitios de patrimonio cultural.

El Estado Islámico ha golpeado estos lugares con el argumento de que son expresiones de apostasía (eso gritaron, por ejemplo, los militantes cuando pusieron bombas en la mezquita de Jonás) y su propósito principal es remarcar la presencia de la religión en la vida política. En su primer ataque a Nimrud, el 5 de marzo, habrían destruido cerca del 50% de las ruinas, según datos de los arqueólogos de la zona. Después de Nimrud, directores de museos en la región advirtieron que lo más seguro era que llegaran a Hatra, a 100 kilómetros de Mosul, donde, a principios de este año, el EI quemó libros y deshizo estatuas resguardadas en museos locales. A principios de marzo entraron en Hatra; ahora las enciclopedias y los reportes se refieren a ella como una ciudad inexistente, demolida.

El analista y escritor Hisham al Hashimi dijo en estos días al diario inglés The Guardian que “el Estado Islámico dice que está destruyendo los museos porque, de acuerdo con su ideología, deben derruir cada estatua que simbolice idolatría, pero la razón real es que ahora mismo no tienen mucho dinero”. Los hechos en Nimrud no son aislados: justo ayer el Estado Islámico lanzó proyectiles contra la refinería de Biyi, en la provincia de Saladino, una de las productoras de petróleo más grandes del país. buscaban apoderarse de ella. Los yihadistas ya habían sido expulsados de la zona y trataban de retomar el poder. Al parecer, en los próximos meses las fuerzas militares iraquíes lanzarán una ofensiva similar para alejarlos de la zona de Nínive. Las estatuas y los palacios, sin embargo, ya no existen. Ahora quedan algunos relieves en el Museo Británico.

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