El arte de jugar

Con su depurada técnica y su crítica social, el artista participa en un intercambio internacional de grabado “The World International Print Exchange and Travelling Exhibition”, realizado en varias ciudades estadounidenses.

Imágenes: Archivo particularLa técnica de esta obra es bolígrafo sobre papel.
A él nunca le gustó jugar a la pelota, ni salir mucho a la calle; les tenía miedo a los juegos de contacto y lo intimidaban las invitaciones al deporte. Prefería asomarse a la ventana y coleccionar las imágenes de niños jugando, a los que observaba detenidamente desde su silencio. Fabio Alonso Castrillón Castro nació el 20 de agosto de 1981, en Medellín, es el mayor de seis hermanos y fue el único en mostrar un interés por las artes plásticas.
 
De niño prefería las libretas, lápices, colores y pinturas, a los balones; era más divertido para él quedarse en casa trazándole una cuadrícula a algún caramelo del álbum de chocolatina para luego imitarlo y plasmarlo en alguno de sus cuadernos, que salir a la calle. Si interactuaba con algunos amigos era porque venían a su casa convidados por alguna de sus hermanas, donde sí se sentía seguro y confiado para jugar con ellos. Otras veces pedía dinero a sus padres para comprarse una libra de arcilla o una caja de plastilina y moldeaba hasta crear alguna escultura, pero él no sabía que lo que hacía tenía nombre, no sabía que lo que hacía se acercaba al arte. Él sólo estaba jugando.
 
Sus programas de televisión favoritos eran aquellos donde enseñaran a hacer manualidades (Nopo y Gonta: Puedo hacerlo yo) o donde podía observar la naturaleza (Naturalia). Su infancia no fue como la de otros niños, ya que siempre que podía estaba creando, ese era su juego favorito. Cuando de una manualidad o dibujo se trataba era el mejor aliado de sus hermanos, no importaba si el dibujo era para la clase de artística o si el volcán de arcilla que inventaba era para exhibirse en la feria de la ciencia. No importaba lo complejo, él siempre buscaba la forma de hacerlo y lo hacía.
 
A veces, muy entusiasmado, llevaba sus tareas de artística terminadas al colegio y los profesores se las hacían repetir en clase, como si hubiera incumplido con sus deberes, porque no confiaban en que algo tan detallado, pulido y a veces perfecto pudiera haberlo hecho el mismo muchacho tímido y pasivo que sólo les inspiraba la idea de que era un mal estudiante, quizá por no tener buena caligrafía. Y esta constante desconfianza lo desmotivó a tal punto de abandonar en noveno grado sus estudios de bachillerato.
 
Para compensar el tiempo del colegio, y con sus muestras de talento para las artes plásticas, entró en el año 1997 a realizar estudios de dibujo y pintura al óleo en el Instituto de Bellas Artes en Medellín; por dos años exploró conceptos técnicos sobre los que nunca había escuchado. Ya con tanto tiempo libre se dedicaba de lleno a la pintura. Aprendió a montar sus propios bastidores, a hacer los marcos para sus cuadros y pintó murales en los salones de la pequeña escuela de su barrio, Barrio Nuevo, en Bello, Antioquia. Cuatro años después terminó su bachillerato.
 
Empezó a compartir su tiempo con varios artistas y amigos con trayectoria, los cuales le sirvieron de referente para explorar y pulir su técnica; ellos fueron los mismos que lo incitaron a tomar cerveza y vino, lo que también le encantaba. Sus primeras obras al óleo resultan complejas de entender, pues se trata de creaciones oníricas. Sin embargo, con el tiempo el tema que más lo ha cautivado es la naturaleza, por lo que con trazos muy precisos se acerca al realismo, pintando animales, plantas y paisajes detallados que generan en el espectador la sensación de estar habitando esos lugares. Hay que verlo cómo se extasía al contemplar sus obras, un gesto particular en su rostro.
 
Aprender, explorar, experimentar y crear son su constante, por lo que ha realizado estudios de manera independiente de grabado, escultura, talla en madera y otras técnicas. Ha asistido a diversos seminarios y ha participado en más de 70 exposiciones colectivas; sus méritos en el arte se deben en gran medida a su autoaprendizaje. Sin embargo, aunque ya tenga terreno ganado, desea también tener la oportunidad de realizar estudios universitarios. Sueña con viajar y darse a conocer, pues hasta ahora las únicas que han viajado son sus obras. Recientemente participó en el intercambio internacional de grabado The World International Print Exchange and Travelling Exhibition, realizado en varias ciudades estadounidenses.
 
Desde su silencio tiene la capacidad de generar ruido en los demás a través de sus creaciones. En el año 2014 participó en la exposición itinerante de la ciudad de Bello, Antioquia. Memorias de una piel, un viaje a través de los sentidos, su obra basada en el sentido del gusto, pretendía explicar “el sabor” de la guerra, desde la mirada de las víctimas del conflicto armado del mismo municipio, para lo cual intercambió con ellos ollas nuevas por ollas usadas. Con las ollas de las víctimas y sus mensajes plasmados en ellas creó un jardín llamado Las ollas de las delicias.
 
Ese mismo año, con la escultura en técnica mixta, Bello, la ciudad de las ratas, ganó el primer puesto en la categoría profesional del Salón Municipal de Artes Plásticas del mismo municipio; dicha obra hace una reflexión sobre la corrupción.
Fue ganador, además, de la convocatoria estímulos al talento creativo, del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, con el proyecto Moradores, compuesto por 23 obras. En ellas se muestra la realidad de los perros callejeros, que llevan a cuestas las inclemencias de una urbe hacinada y la indiferencia de los ciudadanos. La obra, de finos trazos de bolígrafo sobre papel, hace un llamado a la protección animal y es el reflejo de una ciudad aplastante y deshumanizada.
 
Sus obras, dotadas de mucha humanidad, invitan a la reflexión y están cargadas de profundos sentimientos. Claramente, para Fabio Castrillón lo más importante no es utilizar una sola técnica, pues utiliza su versatilidad para sensibilizar a los espectadores, dando un mensaje claro, a veces crudo, pero siempre plasmando la realidad de la sociedad.