"El arte tiene que ser instintivo"

Este fin de semana, de 11 a.m. a 8 p.m., la feria abre sus puertas en la carrera 54 Nº 5C-33 y ofrece obras desde $300.000 hasta $1 millón.

‘Sinestesia’, de Luis Carlos Cifuentes, una de las obras que estarán en la Feria del Millón. / Cortesía

Acercar el arte al público que lo desconoce es quizá el reto constante de galeristas, artistas y ferias. Aunque existe cierta percepción de que el arte está dirigido a un círculo cerrado de individuos que saben comprenderlo y apreciarlo, la Feria del Millón busca refutar ese prejuicio y crear un espacio que sirva de puente a artistas jóvenes para objetivos más amplios. Diego Garzón, cofundador de la feria y editor de la revista SoHo, habla sobre esta propuesta y dice que el arte debería ser disfrutado por cualquiera.

¿Cómo organizaron la feria?

Hace unos seis meses el arquitecto Juan Ricardo Rincón me contactó para mostrarme una textilera en la zona industrial de Puente Aranda. Ese centro se llama hoy Texturas y es donde se va a realizar la feria. Ahí ya venían haciendo exposiciones estudiantes de la Javeriana y de la Tadeo. Me preguntó qué podíamos hacer y entonces nos inventamos la feria. El espacio es bastante contemporáneo. Es un poco lo que pasa a nivel mundial, porque hay exposiciones en viejas fábricas y bodegas.

¿Qué diferencia a esta propuesta de las ferias grandes?

Esta es más una ferie de artistas que de galerías. Los artistas ofrecen su obra. Hicimos una convocatoria a nivel nacional, llegaron 365 proyectos y seleccionamos 42 con una comitiva de cinco personas. Hay de todo: performance, instalaciones, videos, pintura, esculturas, cada uno diferente del otro. Es una experiencia nueva. Son artistas que no tienen galerías y no tienen dónde exponer. Los artistas no tienen que pagar comisión. Texturas no se queda con un peso y el modelo es bien distinto.

¿Ustedes asesoraron a los artistas para vender las obras?

Algunos artistas han preguntado por el modelo porque es su primera exposición. Pero como el rango de precios es mínimo, algunos ponen los precios de acuerdo con el costo de materiales o ponen el millón o bajan. Queremos una feria, que hagan contactos, que estén en un espacio expositivo. Les decimos que lleven portafolios y los muestren en la feria.

El espacio sirve para que los artistas lleguen a las galerías...

Eso por un lado, y también para llegar a coleccionistas. Uno va a ArtBo y queda antojado, pero la gente lo piensa dos veces al ver los precios. Aquí es distinto. Hay gente que le mete un millón a un iPhone o a un televisor. ¿Por qué no metérselo a una obra de arte?

¿Qué propuestas o tendencias encontraron en esos proyectos?

Muchos venían de la academia. El nivel es muy bueno en general. En la academia vi que, por más que parezca extraño, la pintura se impone a pesar de todo, y me impresiona que mucha gente está haciendo fotografía. Pero eso tiene que ver con la tecnología, que está muy a la mano. La gente va desarrollando la fotografía sin tanto pudor. La tendencia cuando uno ve exposiciones es la misma: cada vez hay más fotos.

Desde hace algunos años críticos y curadores hablan de un “explosión” en el arte colombiano. ¿Qué opina de ello?

Sí, está pasando algo en el arte colombiano. Cada vez hay más artistas que además se destacan internacionalmente. Un ejemplo es la colección Daros Latinamerica (son suizos, pero abrieron un espacio en Río de Janeiro). Y eso es muy diciente. Escogieron a los colombianos porque es un arte dinámico y Colombia está en bienales principales. Han abierto varias galerías alrededor del país. Pero una pregunta ronda: ¿quién compra todo eso? Con el boom que hubo en Bogotá la gente está comprando: ArtBo crece paulatinamente, la asistencia va creciendo. Los galeristas abren estratégicamente ese fin de semana porque vienen coleccionistas, viene gente de otras ciudades. No sólo son las ferias, sino las fiestas, los desayunos, los almuerzos. Hay una programación imposible de cumplir para quien quiera estar en todo, pero está bien. Que haya una oferta para todos.

¿Cómo ve el movimiento entre galerías, artistas y ferias?

No conozco la dinámica interna. Una galería cobra comisión y eso está bien. Eso debe continuar así. Lo que veo es que hay más espacios. Las galerías le apuestan más a los contemporáneos; antes eran muy tradicionales y ahora está yendo a ferias importantes. Las galerías Nueveochenta y Casas Riegner le apuestan mucho a artistas jóvenes. Valenzuela sigue apostándole al arte. Está bien que los galeristas se sintonicen en eso.

El público muchas veces se aleja del arte porque dice no comprenderlo. ¿Cómo eliminar esa barrera?

Es el reto de los galeristas, pero también de los artistas. Y por eso hay que desmitificar. Los museos a veces son obsoletos o anticuados. Incluso a veces hay más arte en las redes sociales que en los museos. Por eso digo: a veces se ve más arte en parqueaderos y fábricas que en museos. En ocasiones los museos no ofrecen mayor alternativa al público. Por eso es que se abren estos espacios, como Odeón. Esos espacios son una alternativa para que el arte salga del museo. Además porque el arte contemporáneo se salió del museo: se hace en los parques, en la calle, no implica estar en el museo. Así tiene que ser: se puede ver donde sea, y no hay que ir hasta el museo a verlo. Esa es una labor pendiente del arte: acercarse al público en otros escenarios más relajados. Eso siempre genera una prevención en la gente. La gente le tiene cierto respeto a los museos. Si el arte se quita esa fachada de solemnidad, ayudaría un poco. Y el arte finalmente es eso: una expresión igual que el teatro, el cine, el libro: tiene que dar un placer a quien lo disfruta. Usted sale de una librería y ya. No le toca tomar un curso de literatura. El arte tiene que ser instintivo. No tiene que esperar a que alguien le diga si está en lo cierto. Espero que pase en la feria. La gente tiene que llegar a decir: “Me gusto esto, y es esto y ya”.

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@acayaqui

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