El atípico director

El griego radicado en Rusia piensa que la música no está diseñada para pasar el rato. Cada vez que se instala al frente de un ensamble orquestal, la controversia sube el volumen.

Fundación Salvi

Para Teodor Currentzis la música debe ser como un drama. En el espacio existente entre las líneas de un pentagrama, además del carácter emotivo del arte sonoro por supuesto, es indispensable que existan asperezas, disonancias y contrastes. La vida de un ser humano no puede continuar igual después de haber recibido el contenido energético de una obra clásica o contemporánea. La función de las notas musicales es similar a la de una lija en buen estado, que al pasar por un trozo de madera, para bien o para mal, debe dejar huella. Por eso, el director nacido en Atenas, Grecia, y formado en Rusia, se opone a las melodías de fondo, a los ritmos creados exclusivamente como medida relajante y a las partituras que no tienen la pretensión de trascender en los espectadores.

Sus conocimientos de piano, instrumento que estudió desde los cuatro años; la destreza en el violín, que sigue siendo un gran compañero durante las extensas jornadas de viajes y presentaciones; su vocación por crear obras conceptuales y su personalidad en el momento de asumir la batuta, han hecho que Currentzis tenga una visión periférica del arte sonoro. Cada nota debe arribar desnuda a su destino y su obligación es comportarse como un bebé que está dispuesto a evolucionar y crecer de manera simultánea con quien la recibe. Según él, los mecanismos diseñados para hacer de la música un espectáculo visible son elementos sobrantes, algo así como las ramas secas en un árbol frondoso y colorido.

Teodor Currentzis ha desempeñado con éxito roles exigentes como ser director artístico del Teatro Nacional de Ópera y Ballet de Perm, así como ha estado al frente del Ensamble MusicAeterna, una de sus más intrépidas iniciativas, llevada a cabo contra viento y marea. Debutó internacionalmente en 2008 y desde entonces sus montajes más destacados (Macbeth, Perséphone, Carmen y La consagración de la primavera) han resultado aplaudidos en la Ópera de París, el Teatro Bolshoi y el Teatro Real de Madrid, entre muchos otros ámbitos culturales. Aunque también su postura vanguardista le ha ocasionado serios inconvenientes, porque se ha encargado de desafiar las mentes conservadoras que todavía rigen los compases en la interpretación académica.

Lo que le hace falta a la música clásica en la actualidad es una buena dosis de improvisación. El director, cuya época más influyente fue su paso por el Conservatorio de San Petersburgo, en donde contó con la asesoría del maestro Ilya Musin, no entiende por qué los fastuosos ensambles orquestales no funcionan como una banda de jazz. Los compositores crearon sus grandes piezas para reflejar una realidad social, pero también dejaron ciertas libertades abiertas para sus intérpretes, y esas licencias son las absolutas ausentes en los conciertos hoy. De acuerdo con Teodor Currentzis, lo que hacen los músicos del género de las síncopas es basarse en un texto sólido para despegar, visitar otras atmósferas, aterrizar y encontrarse con los compañeros para continuar con el desarrollo normal de la partitura.

La apertura mental es el factor reinante en su Ensamble MusicAeterna. Con su orquesta ensaya largas horas al día durante varios meses. Sin embargo, esas jornadas extensas las convierte en períodos para fortalecer cada una de las secciones instrumentales. Él entiende su agrupación como distintos colectivos de cámara con los que lleva a cabo sesiones lúdicas, invitaciones a tomar café y hasta propuestas para realizar bailes coreográficos. Luego reúne a sus músicos para guiarlos con sus movimientos frenéticos, con sus intenciones contundentes, con su poco miedo al qué dirán y con la fortaleza del director atípico, que a partir de hoy se ubica enfrente de la Orquesta de Cámara Mahler para movilizar a Cartagena por senderos insospechados. Así es Teodor Currentzis dentro y fuera de la partitura.

 

 

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