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Pajareros ayudándose en tiempos de pandemia

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Uno de los sectores económicos que más se ha visto afectado por la pandemia de la COVID-19 es el aviturismo. Los guías locales, conductores, alimentadores de aves y las familias que viven de esta actividad no tienen ingresos.

“Llevo ocho años trabajando en la observación de aves, investigaciones y tures. Todo comenzó porque les envíe información de especies a mis profesores y no me creían que esas aves existieran aquí en el territorio, entonces compré una cámara y empecé a subir fotos a Facebook. Luego de un tiempo me contactaron personas interesadas en avistarlas: eran muy raras. Así fue como se inició todo. Ahora hago una ruta que va desde el páramo hasta la Amazonia”, relata Brayan Coral Jaramillo, guía local de aviturismo de Putumayo.

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En Colombia hay más de 1.932 especies de aves, según cifras del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, un número que convierte al país en el territorio con mayor diversidad de aves en el mundo, seguido por Perú y Brasil. Así las cosas, el aviturismo se ha convertido en una forma de sustento para muchas familias que viven en la ruralidad colombiana.

Por su parte, el en el estudio “La paz es mucho más que palomas” se estimó que el número de observadores sería de 14.978 anualmente y que le generaría ingresos al país de aproximadamente US$ 46 millones, pero debido a la crisis por el nuevo coronavirus, los guías locales, transportadores y las personas que prestan el servicio de alojamiento, además de los que alimentan a las aves y cuidan su hábitat en todo el territorio nacional, atraviesan una dura situación económica, ya que el sustento de sus familias depende de los turistas, tanto nacionales como extranjeros, que llegan a sus territorios a observar aves o a “pajarear”, como le dicen ellos a esta actividad.

Desde hace tres meses no trabajan. Por lo tanto, no tienen ingresos. “Trabajo en turismo desde hace siete años y tenía siete empleados de la vereda, pero la pandemia nos acabó de raíz y ahora tengo los vehículos en el patio de la casa sin poder trabajar. Además, son muchas las familias de este sector que viven del avistamiento de aves. Estoy muy asustado porque la situación va para largo”, dice Pedro Sanabria, conductor y guía de la Sierra Nevada de Santa Marta, en donde habita el periquito Pyrrhura virdicata y alrededor 20 especies de aves únicas en la sierra.

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No solo los guías locales y los conductores se han visto afectados. Alba Lucía Morales y su hijo, Martín Alonso Morales, viven en la carretera entre Jardín (Antioquia) y Riosucio (Caldas). Ellos se dedican a la conservación de la zona: siembran especies de árboles nativos y cuidan el hábitat de aves como el hormiguero Grallaria nuchalis, una especie muy difícil de ver. Morales y su hijo lo alimentan todos los días, lo que les permite a los visitantes de avistamiento de aves El Roble, su casa, observarlas y fotografiarlas.

Para los Morales estos meses han sido muy duros, pero siguen protegiendo las aves que los acompañan diariamente. “Cuido las aves porque me encantan. Comencé a escuchar las Grallaria nuchalis, que son muy difíciles de observar, y me dieron ganas de verlas. Ahí fue cuando comencé a dejarles lombrices, y un día, después de esperar mucho, logré observarlas. ¡Son espectaculares! Además llegan otras especies”, cuenta Alba Lucía Morales.

El panorama para este sector es desalentador, por eso los fundadores de Birds Colombia, proyecto que trabaja por la educación y conservación de las aves y sus hábitats, liderado por Mauricio Ossa y Nicky Carrera, se las ingeniaron para reunir a más de 20 compañías de este sector con el único objetivo de ayudar a unas 150 familias que viven del turismo de observación de aves. Crearon un fondo de ayudas en Vaki llamado “Pajareros unidos”, apelando a la solidaridad de sus clientes, de la comunidad pajarera y de todos los colombianos.

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“Estamos haciendo esto para ayudar a muchas familias que trabajan en el turismo de observación de aves y que, desde marzo, no están recibiendo ingresos. Hay guías locales, conductores, lancheros, señoras que nos reciben en sus casas y nos ofrecen hospedaje, así como personas que alimentan y aman las aves: ellos son la parte más frágil de la cadena de valor del aviturismo en Colombia”, explica Diego Calderón-Franco, dueño de Colombia Birding, una de las empresas que apoya esta iniciativa.

Así como Brayan Coral, Alba Lucía Morales y Pedro Sanabria, hay muchos que han aprendido de las aves gracias a su cercanía con ellas. Lo que saben se lo deben a la dedicación para conocerlas y estudiarlas. “Es muy interesante que muchas de las personas que queremos ayudar eran, por ejemplo, cazadores. Lo que hemos hecho es mostrarles que conservando las especies de fauna y flora pueden obtener beneficios económicos”, manifiesta Laura Miranda, del emprendimiento Cunaguaro Travel, ubicado en Casanare y que también es parte de la iniciativa.

“Gracias al aviturismo encontré un beneficio económico, pero lo que más valoro es lo que he aprendido de los turistas. Esta labor se convirtió en mi vida”, resalta Brayan Coral. Quienes estén interesados en donar para los pajareros lo pueden hacer desde $10 mil en adelante a través de Vaki, campaña “Pajareros unidos” (tiny.cc/pajarerosunidos).

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