El "beat" del desierto

El desierto de la Tatacoa se ha convertido por primera vez en el escenario de un festival de música electrónica de grandes dimensiones que ha hecho vibrar a más de 7.000 personas a ritmo de techno.

Camilo Medina

Colombia se está consagrando como un santuario de la música electrónica y cada vez hay más peregrinos que se mueven por el país en busca del mejor ‘beat’. Es el ejemplo del Festival de la Tatacoa que tuvo lugar este fin de semana en el desierto que le da nombre. Aquel cúmulo de gente, más de 7.000 personas, se encontraban en la primera edición de este festival en el desierto.

El techno fue el protagonista en las casi 20 horas de música que sonorizaron el desierto al ritmo de artistas internacionales como Paul Ritz y Charlotte de Witte; así como DJ’s colombianos como Hernán Cayetano o la joven Lucciana. El ambiente estuvo acompañado por un sol que no dio tregua, al igual que no lo hicieron los sintetizadores de los dos escenarios del festival.

Baum –‘árbol’ en alemán- fue el colectivo que, junto con Neiva underground- materializó el festival. “Estábamos con la meta clara de que nuestro próximo evento tenía que ser algo que se saliera de lo común, de las grandes urbes del país, que fuera una experiencia sin precedentes y que no solamente incluyera un contenido musical”, explicaba a este diario Hernán Cayetano, artista y miembro de Baum. “El desierto es uno de los lugares más excepcionales del país, con una geografía única y con buena conectividad, siendo así un destino ideal para lo que queríamos lograr”, contó el artista.

Cheo Cubillos, fundador y promotor de Baum, declaró que “en Colombia todavía no existía un festival que realmente se hiciera en un lugar que no fuera el común”. Cubillos también explicó que uno de los objetivos del club “siempre fue generar más cultura electrónica en la ciudad y poder traer este tipo de eventos a Bogotá y a Colombia”.

La mezcla entre techno y desierto, que fue adornada con un enorme arcoíris y con destellos de estrellas por la noche, se vistió de gala y a todo color. Muchos asistentes celebraban el festejo con originales atuendos y disfraces. Había gafas de sol, máscaras, globos y pinturas que adornaban las caras sonrientes y relajadas de los fieles de la música electrónica. Alejandra González había venido desde Bogotá hasta el desierto de la Tatacoa por el “ambiente natural y el contacto con la naturaleza”. Daniela Mesa, otra asistente que había llegado al festival desde Medellín, contaba que la razón de su participación en el evento era por “la experiencia de estar en el desierto” junto con su pasión por la música techno.

No muy lejos de las inmensas torres de bafles se encontraba la carpa de "Échele cabeza cuando se dé en la cabeza", un colectivo que es ya habitual en los festivales de Colombia. Gina Díaz, investigadora social y coordinadora de la intervención en Tatacoa, lo definió como “un proyecto de reducción de riesgo y daño en consumo de sustancias psicoactivas” que actúa en este tipo de eventos desde hace siete años. En ellos, ofrecen información y analizan sustancias psicoactivas con el objetivo de hacer pedagogía y reducir las intoxicaciones. Uno de los objetivos es “abrir el debate en la formulación de políticas públicas del consumo de sustancias”, explicaba Díaz, junto con el hecho de hacerlo a través de un enfoque de salud y no penal. Su trabajo en el último eslabón previo al consumo ha reducido las intoxicaciones y les ha valido el aval del Gobierno y el estatus consultivo de Naciones Unidas para ofrecer línea técnica sobre el consumo de sustancias.

Otras carpas que poblaban el recinto del festival anunciaban próximos eventos relacionados con la música electrónica como el Sónar Bogotá. Todo ello, prueba de que la música electrónica es en Colombia un movimiento creciente y consolidado. Hernán Cayetano lo atribuye a que “hay un gran número de artistas nacionales y de promotores que están haciendo un trabajo muy bueno” y a que “el nivel de profesionalismo de todos estos actores es alto”. El artista y miembro de Baum, que intenta siempre crear una conexión con su público, dio muestra de ello en su actuación en el festival con su música que describe como “muy dinámica, envolvente y sensorial”.

Aunque no faltaron los halagos, también se alzaron voces críticas respecto a la logística del festival por el hecho de ubicarse a más de 50 kilómetros de la ciudad más cercana y por tratarse de un evento de grandes dimensiones y exigencias que el pueblo más cercano tuvo que sortear con dificultad. Aun así, Cheo Cubillos afirmó que para ser la primera vez están contentos con el resultado, que van a trabajar para mejorar esta experiencia y anunció que el próximo año habrá segunda edición del Festival Tatacoa.